Opinión

El regreso de Cristina Kirchner

PERSPECTIVA

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Por: Enrique Gómez Orozco

Las elecciones de ayer en Argentina abrieron la puerta de nuevo al peronismo, esa corriente política que no destierra el populismo de Juan Domingo Perón y su amada Evita. Según las encuestas de anoche, Alberto Fernández y Cristina Kirchner adelantan  a Mauricio Macri y Miguel Angel Pichetto 47 a 32 por ciento en las votaciones previas a la elección que vendrá el 24 de octubre. 

Una indicación del resultado futuro y de ser así, uno de los personajes más corruptos y tenebrosos de la Argentina volvería como vicepresidenta. Aún después de los escándalos de apropiación indebida de mordidas en obras públicas, aún con la ostensible riqueza inexplicable de su familia, acumulada desde la presidencia de su marido Nestor Kirchner.

V.S. Naipaul, el Premio Nobel caribeño de ascendencia hindú escribió una crónica inolvidable, por dura, pero certera sobre la tragedia que vive Argentina. Uno de los pasajes que no olvido de su ensayo “El regreso de Eva Perón” es cuando se refiere a la costumbre de los argentinos de sabotear su presente y su futuro expatriando sus capitales. Una práctica que sigue desde hace seis décadas.

Dicen que Argentina era tan rica antes del ascenso de Juan Domingo Perón que sus reservas de oro no cabían en las bóvedas del banco central. La política de Perón fue el crecimiento del circulante para hacer escuelas, hospitales y entregar dinero al pueblo a través de “Evita”, quien disponía del tesoro público de Argentina para sus “descamisados”. La inyección de recursos facilitó un acercamiento a la “justicia social” que predicaba el populismo peronista.

El bienestar temporal también fue alimentado por las dádivas al pueblo de su esposa Evita, que fuera tan bien retratada en la obra musical de Andrew Lloyd Webber. Evita supera a tal grado en popularidad a Perón que el pueblo no sólo la idolatra, quiere elevarla a la categoría de santa después de su muerte.

Los sindicatos y los sectores más desposeídos creyeron en el modelo económico de las dádivas, hasta que reventó cuando los militares tomaron el poder en 1955. La riqueza se había ido. Argentina pasaba de ser un país al que le debían las potencias europeas como Inglaterra, a pedir prestado para salir del excesivo gasto.

Perón saldría al exilio pero las desgracias del militarismo lo traerían de vuelta en 1973 para una tercera presidencia que duró poco. Dicen que en la recepción de su regreso del exilio había 2 millones de personas. Su popularidad parecía intacta. Murió y vino su segunda esposa, Estelita Martínez de Perón. Nuevo fracaso y regresa la dura bota militar de nuevo con Rafael Videla al frente. Un periodo oscuro de crímenes terribles desde el Gobierno que marcaría a toda una generación.

Luego nos toca ser espectadores de una de las decisiones más imbéciles de los militares: invadir las Islas Malvinas, ocupadas por Inglaterra desde el siglo XIX. Margaret Thatcher los regreso a su realidad en una guerra inútil que cobró la vida de cientos de jóvenes argentinos.

Después de cada cambio, después de tragedias económicas, Argentina logra tener uno de los mejores niveles de vida de Latinoamérica y una educación que solo compite con su vecino Uruguay. Pero, ¿qué hacen 400 mil millones de dólares en bienes y cuentas bancarias de en el extranjero? Casi un año de producción nacional. ¿Por qué los argentinos permiten a una expresidenta, probadamente corrupta, regresar al poder?

El populismo es adictivo, el PRI lo pudo probar durante 70 años y ahora Morena retoma su valor electoral. (Continuará)

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