Opinión

El riesgo del nacionalismo

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

“Qué orgullo. Especialmente porque es mexicana. Muchas felicidades”, decía un comentario vertido en Facebook sobre la notica de que la gimnasta Alexa Moreno consiguió un lugar en los Juegos Olímpicos que se celebrarán el próximo año en Tokio, Japón. Para la usuaria que se tomó unos segundos para expresar su sentir al respecto le pareció que lo más notable del hecho no es que una de las atletas más destacadas de nuestro país haya vuelto a colocarse como una de las mejores del mundo ni tenga nuevamente la posibilidad de instalarse en el podio del evento deportivo más importante del planeta, sino que es mexicana y por eso merece el reconocimiento de las otras 130 millones de personas que comparten esa condición.

El deporte es un ámbito en el que es bastante palpable el espíritu y orgullo nacionalistas. Tan solo hace un par de días la selección mexicana de futbol revolvió el ánimo nacional al enfrentar a su similar de Panamá. Fue un partido que, como cualquier otro, es una oportunidad para demostrar que México es mejor que el país centroamericano en futbol, y solo en futbol, ¿cierto? No es que los aficionados a las selecciones nacionales lleven esa noción de dominio y superioridad fuera de los límites del deporte profesional, ¿verdad?

Las personas requerimos identidad. La hagamos abiertamente o no, nos es necesario respondernos la pregunta ¿quiénes somos? Para esto el estado hace buena parte del trabajo desde que estamos en la primaria con libros de Historia que nos presentan conocimientos elementales como que México es un país ubicado en América del Norte entre Estados Unidos, Guatemala y Belice, que nació hace más de 200 años y que todas las personas que nacimos entre el Río Bravo y el Usumacinta compartimos tradiciones, idiomas, costumbres y valores que nos hacen parte de un conjunto.

El nacionalismo no es, considero, por sí mismo un concepto nocivo; sin embargo, ante la crisis se vuelve la base ideológica para señalar e incluso atacar a quienes son ajenos a una nación. El problema es que lo que hay en México es precisamente eso, una crisis espantosa que arroja cadáveres a diario y que deja lesiones imborrables en aquellos que perdieron a alguien o que sufrieron en carne propia las consecuencias de la violencia en este país.

Al respecto, en redes sociales me encontré el video en que un comandante de la Guardia Nacional da un discurso de motivación a integrantes de ese cuerpo que están a punto de emprender un operativo de búsqueda y captura de inmigrantes haitianos y africanos. El hombre dice a los militares: “Nadie va a venir a pisotear nuestro país, nuestra tierra”. Frente a la crisis de gobernabilidad y violencia que padecemos en México los migrantes son convertidos en chivos expiatorios sobre los que se descarga la fuerza del Estado, al tiempo que cumple con los designios de nuestro vecino del norte que pretende convertir este país en el muro que tanto deseaba.

Ante el aumento de la inseguridad que también desemboca en asaltos a transeúntes, transporte público, casas y negocios, han señalado a los migrantes como responsables o al menos como parte de ellos, aun cuando su número sea aún insignificante en comparación con los originarios de esta nación que mucho han hecho por contribuir al conteo de sangre.

La identidad se construye desde la diferencia. Un ‘nosotros’ que nace al señalar al otro. En el caso de nacionalismos, esta distinción radica únicamente en quién nació de un lado y otro de la línea imaginaria que llamamos frontera. Esto es especialmente notorio en la frontera sur de México, donde las distinciones entre personas de un lado y otro de la línea política divisoria son harto tenues.

Personas que respaldan la política migratoria implementada por el gobierno mexicano argumentan apego a la legalidad, pues aquellos que ingresan a territorio mexicano sin autorización previa deben ser considerados infractores. Sin embargo, se pierde de vista que el tema de la migración, en este como en cualquier otro punto del planeta, supera las consideraciones meramente legales, pues el asunto es también un problema político, social y de derechos humanos, amén que las instituciones de seguridad son bien conocidas por abusar de sus facultades al momento de cumplir con los encargos.

Sentirse orgulloso porque de manera fortuita otra persona que nació dentro los mismo límites territoriales que uno hizo algo que consideremos exitoso no le hace daño a nadie; aplaudir a Alexa Moreno o a la siempre alicaída selección de futbol o a cualquier otro deportista, científico o artista paisano es completamente inocuo y digno de reconocimiento y disfrute si así se considera; sin embargo, para que el nacionalismo sea convierta en algo peligroso es necesario que permanezcamos indiferentes a las razones de por qué pensamos que nacer aquí o allá es condición digna de consideración cualquiera.

Y tú, ¿qué opinas?