Opinión

¡Eres un pedazo de buey, sufres porque quieres!

Semillas Estelares

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Por: José Antonio Alcaraz

Dice Jorge Handabaka, un escritor y conferencista, que las personas que más se aferran a personas, cosas y situaciones, son las que más pierden oportunidades a que algo nuevo surja en sus vidas. 

Es como tener el refrigerador con comida de hace 15 días; los alimentos están en proceso de putrefacción, porque no se deja que nada nuevo entre. Si te resistes, niegas el flujo de la vida y eso te hará sufrir.

Y vaya que el aferrarme a las cosas, situaciones, personas y recuerdos, tasaron en algún punto de mi vida el flujo y la totalidad de las posibilidades. Fue en ese momento que me dijeron: “¡Eres un pedazo de buey, sufres porque quieres!”.

Aunque no entendía lo que me decían (incluso me pareció agresivo), pues cuando estas en una crisis existencial eres como un potro desbocado. Poco a poco me di cuenta que en verdad “era un pedazo de buey”, como “un bistec” que el carnicero hizo crecer a punta de madrazos.

Aunque tardé tiempo en darme cuenta de esto, valió el esfuerzo. El sufrimiento es un gran maestro que me dio la oportunidad de crecer; aunque, para trascenderlo “tuve que dejar de luchar”, eso me dijeron amigos y terapeutas.

Al principio, lo mal interpreté como el buen novato que era. Por ejemplo, me aferré a recuperar el amor y cariño de alguien a quien perdí desde hace tiempo. Ahora creo que, en una ruptura de corte sentimental, la primera persona que debes de recuperar es A TI MISMO.

En la medida que dejas de luchar contra esos pensamientos, sentimientos y emociones (aunque algunos fueron bonitos) comienza el proceso de sanación. Así que pude reconstruir mi ser, de adentro hacia afuera, sin tirar toda la estructura que había sostenido mi vida.

Es flexible ese cambio, pues te da la posibilidad de cambiar los ladrillos que están desgastados por unos nuevos, y que no podían sostener más tu estructura. Agradecí, pues todas esas vivencias forjaron un nuevo Antonio. 

Así crecí y creo que muchas y muchos crecen. Toda circunstancia adversas, como la enfermedad, la desilusión, la traición o la muerte de un ser querido, no buscan más que fortalecer esta parte del ser y ese es un regaló que hay que saber honrar y agradecer, pues, te permite surgir con una nueva visión.    

Una vez que me rendí, tuve la necesidad de expulsar todo eso que me frustró y me lastimó. Fue a través de una catarsis profunda que se puede hacer con un terapeuta o amigo de confianza. También a través de escribir una carta en la que plasmes todo aquello con lo que estás resentido o resentida.

Yo escribí una carta. La hice para liberarme de la frustración, el resentimiento y el enojo, los cuales se había acumulado en el tiempo. Son terapias simples, pero contundentes, me sanaron el corazón y, también ayudaron a abrir esa conciencia.

Una vez que la entregué y se destruyó, los velos cayeron y ese peso invisible que me aturdía se liberó; por primera vez en mi vida me sentí aliviado, la vida se transformó, dejé de enfermarme y lo mejor de esto, llegaron experiencias nuevas y renovadoras a mi vida.

En todo esto, también, me reconcilié con esa divinidad. Descubrí que no hay un Dios fuera, sino es un Dios interno, porque todos somos Dioses en Potencia, creando y recreando, con libre albedrio, esta y otras dimensiones. 

Si alguna vez te dicen “eres un pedazo de buey”, recuerda que estás creciendo, pues, venimos a crecer y evolucionar.  

Gracias

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