Opinión

Frenología

La vida de los otros.

Por:

DISEÑO: Grupo AM

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Aullidos. Luego de recibir una puñalada, un perro permanece afuera del local, herido, sin sostenerse siquiera. No puede. Y aúlla. Mientras, entre la risa de su acompañante y los quejidos de dolor, el atacante aclara: “Ya se murió”, para después dar un trago a su bebida. Todo en video.

Durante la recién terminada temporada festiva fue común la imagen de cachorros en jaulas con cartulinas encima: “Se venden”. En algunos lugares es frecuente durante todo el año. Animales hacinados en espacios diminutos a merced del clima.

Habitual es, también, verlos a diario atados a un poste, árbol o reja, en patios, jardines o azoteas de casas y negocios. Bajo el sol, la lluvia o el frío durante horas, en el mejor de los casos; todo el día, en el peor.

Así es con los llamados animales de convivencia, susceptibles de convertirse en presentes que al poco tiempo incomodan y son arrojados a la calle para deambular, famélicos, en busca de alimento y calor.

El escenario es quizá peor para otros animales, como aquellos utilizados para consumo humano, para los que el maltrato es cotidianidad.

El video de los hechos ocurridos supuestamente en Piedras Negras, Coahuila, despertó nuevamente la nada reciente discusión sobre la relación que tenemos los humanos con los animales y el trato que les damos de acuerdo con los roles que desempeñan en nuestra sociedad, los cuales, por cierto, basamos en la utilidad que tienen para nosotros.

Respecto al debate, considero indispensables dos aspectos; el primero: ¿qué hacer frente a casos como el documentado en el video que se viralizó en redes sociales? Ante su popularidad, es posible que las autoridades den con los responsables, quienes podrían recibir hasta cuatro años de cárcel de acuerdo con el Código Penal de Coahuila. En internet, sin embargo, piden ‘ojo por ojo’.

¿Pueden esos castigos (de posibilidad real el primero e imaginaria el segundo) contribuir a la disminución de casos de maltrato? ¿Desanimar a futuros agresores? De qué sirve a los animales maltratados que una persona esté encerrada cuatro años (seguramente menos) en sitios cuya cotidianidad es la violencia si al salir es posible que retomen la conducta previa, aun contra otros humanos.

Más allá de querer detener el maltrato por medio de la promesa de un castigo. Considero indispensable mermar su incidencia por la misma vía por la que la mayoría de las personas que respetan y quieren a los animales: convivencia.

Para quienes han acudido o pertenecen a organizaciones civiles de ayuda saben que una de sus grandes necesidades es el trabajo voluntario. De esa manera, además de colaborar con aquellos que dedican tiempo a la protección animal, quién sabe, tal vez puedan modificar su manera de ver y entender el mundo que no habita una sola especie.

El segundo aspecto es precisamente la necesidad de repensar la posición que ocupamos en el mundo y la relación que tenemos con el entorno, incluidas otras formas de vida que (espero lo comprendamos pronto) no están aquí para nosotros.

La palpable tendencia animalista de la actualidad suele ser poco crítica consigo misma. Por supuesto, también acostumbran serlo quienes la desdeñan y minimizan como el interés pasajero de los ‘políticamente correctos’.

Velar por los intereses de los animales de compañía es un avance hacia la transformación de las relaciones humano/animal; no obstante, tenemos también que confrontar nuestra comodidad. Por ejemplo, con respecto a especies utilizadas para alimento, vestido y trabajo.

Puede ser relativamente sencillo adoptar un perro abandonado, darle alimento, un techo y cariño (que retribuyen con creces), no así reducir nuestro consumo de carne, evitar comprar productos de piel o dejar de ir a los toros o a los gallos, entre muchas otras cosas. Nos atrincheramos en argumentos en su mayoría endebles para justificar nuestro privilegio de especie.

La idea no es que todos nos volvamos animalistas veganos o misántropos, sino reflexionar y encarar una forma de pensamiento que nos parece natural.

La lógica que subyace en el ataque del video en Coahuila no es muy distinta a la de un perro atado en el patio, un cerdo hacinado en el rastro o un chihuahua que con disfraz que celebra su cumpleaños con un gorro de fiesta, toda vez que comparten el mismo origen: el ser humano como medida de todas las cosas.

Para terminar, comparto una cita extraída del libro Voces de Chernóbil, de la premio Nobel Svetlana Alexiévich:

“Todo ser vivo tiene alma. Desde niño, mi padre me enseñó a cazar. Un gamo herido, por ejemplo… los ves tumbado… y te pide piedad con los ojos, y tú, en cambio, lo rematas. En los últimos instantes ves que tiene una mirada que entiende, unos ojos casi humanos. Te odia. O te implora: ¡Yo también quiero vivir! ¡Quiero vivir!”

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