Hablemos de los concursos de belleza

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Por: Michelle Ortiz

Era domingo por la noche, las tendencias se dividían entre quien sería la nueva Miss Universo y qué equipo calificaría a semifinales en el torneo de los fifas. Por fin se dieron los resultados, Andre Meza, representante de México en el certamen se coronaba como la ganadora pero…¿y luego?

El concepto de belleza puede variar entre culturas. La escuela pitagórica vio una importante conexión entre las matemáticas y la belleza. En particular, notaron que los objetos simétricos eran más llamativos. Platón realizó una abstracción del concepto y la consideró una idea de existencia independiente al de las cosas bellas. Según su concepción, la belleza en el mundo es visible por todos; no obstante, es solo una manifestación de la verdadera hermosura que reside en el alma, y a la que solo podremos acceder si nos adentramos en su conocimiento.

Los concursos de belleza femenina son espacios que ofrecen una plataforma para la exhibición de ideales hegemónicos de belleza. Detrás del espectáculo mediático, albergan discursos de poder que se expresan a través del cuerpo. Certámenes como Miss Universo presentan mujeres cuyos cuerpos buscan ser íconos de una identidad nacional.

Es preciso abordar cómo estos concursos de belleza tratan de simbolizar una identidad nacional, guiada en parámetros externos a la misma, pues si bien es cierto que el cuerpo femenino se convierte en el ícono representativo de la belleza femenina de cada nación o evento a resaltar, siempre están marcados bajo parámetros hegemónicos de belleza externos que puede o no estar directamente escritos. Es necesario cuestionar la construcción de la belleza femenina a través de un cuerpo ideal, debido a que se excluye a todas aquellas mujeres que no cumplen los parámetros establecidos y por ende la identidad nacional se ve construida a partir de ciertos sectores sociales que no reflejan la realidad de toda la nación, y folklorizan la diversidad étnica en su intento de articular a la representación de la identidad nacional fomentando los procesos de blanqueamiento.

Los primeros concursos o reinados de belleza se originan en los festivales europeos de la época renacentista, donde los hombres recibían un boleto, el cual entregaban a la mujer de su preferencia, y, la que más boletos obtenía era declarada ganadora. Durante el periodo de guerra entre 1920 y 1930 renace el apogeo de los concursos de belleza con sus principales certámenes Miss América, Miss Francia, Miss Europa. El americano Phineas Taylor Barnum en 1854 realiza un desfile donde los jueces eran hombres, sin embargo la idea no fue aceptada por todas las mujeres respetables, por lo cual se enmarcan fotografías en placas de cobre que fueron expuestas para ser calificadas, esta idea tuvo gran éxito y ya en el siglo XX la prensa americana continua con la idea de Barnum. (Mata, 2016)

La revolución industrial en Estados Unidos iba generando cambios en el país y en la sociedad, "se incorporan las mujeres al mundo fabril e inicia un giro de competencia entre clases, en este sentido las mujeres proletarias se inscriben en los “beauty pageants” como una forma de salida a la explotación laboral y doméstica” (Gomez, 2004), sin embargo las mujeres burguesas no aceptaron participar es estos eventos ya que no se atrevían a desafiar el orden cultural y social al cual estaban asignadas.

El reconocimiento social de los concursos de belleza por parte de las grandes industrias de moda y cosmetología, al igual que un sinnúmero de empresarios de publicidad e imagen exaltaron a través de estos concursos la imagen corporal femenina mercantilizado el cuerpo como un modelo de consumo que dinamiza el sector económico promoviendo el estereotipo ideal de belleza femenina a través del consumo de ciertos productos que afirman lograr conseguir el aspecto físico deseado por ejemplo promoviendo el consumo de pastillas adelgazantes, el uso de cremas antiarrugas, y promocionando cosméticos y cirugías estéticas

Los concursos son espacios donde se cede ante “el mito de belleza” que, según Naomi Wolf, es la ideología que actualmente ejerce control sobre las mujeres que, de no ser por él, serían incontrolables. Según la autora, “siempre que ha habido un patriarcado, ha existido una versión del mito de la belleza” (Wolf, 1991, pp.218).

Por muchos años los concursos de belleza han sido una práctica social en la cual, el aspecto físico se convierte en el primer factor de atracción, donde el eje principal es la estética corporal y el arte de mostrar el cuerpo; en los años cincuenta con la creación de Miss Universo la belleza se transforma en un negocio global que da paso a un nuevo modelo de estética.

La organización Miss Universo se crea con la ayuda y patrocinio de la aerolínea Pan Am considerada la más importante de Estados Unidos y del mundo en aquella época, junto al estudio cinematográfico Universal fundan una nueva institución. En 1953 se corona a la modelo Finlandesa Armi Kuusela como la primera Miss Universo de un total de 30 participantes. La ganadora tenía 17 años, medía 1,65 metros con un peso de 49 kg.

La globalización y supuesta democratización de la belleza, han generado que el consumo cultural aumente cada vez más, disminuyendo el rango de edad desde el cual se expone a las mujeres para su transformación y disciplinamiento corporal que radica en legitimar el cuerpo a través del deseo de alcanzar los estándares de belleza promulgados por las clases dominantes, es así que, se vende el sueño de belleza a través de la corona que representa un modelo de represión femenina que mercantiliza el cuerpo.

Los certámenes de belleza representan un modelo de blanqueamiento a través del cual se construye un ideal femenino, difícil de alcanzar para la mayoría de mujeres en el mundo, puesto que, no se logra cumplir con los estándares relacionados con la delgadez, rasgos faciales que asemejan fisionomías caucásicas enmarcadas en tonos de piel, color de ojos y cabello.

Los reinados de belleza son la expresión directa de la cosificación de la mujer y la mercantilización de su cuerpo, el cual está hipersexualizado, reproduciendo estereotipos de belleza inalcanzables que generan graves consecuencias tanto emocionales, sociales y físicas como por ejemplo los trastornos alimenticios cada vez más adquiridos a nivel mundial por las adolescentes, estos factores constituyen una forma de violencia simbólica contra la mujer.

La construcción de la belleza femenina refleja una lenta conquista masculina que da la idea de una falsa liberación corporal permitiendo a la mujer construir su imagen, sin embargo siempre sometida a la constante comparación de la figura deseada y sometiéndola a constantes correctivos corporales. Cuestionar la construcción de belleza femenina basada en estándares occidentales es necesario para poder resignificar la belleza, sin patrones de exclusión que promueven diferencias raciales y étnicas y estigmatizan los cuerpos distintos que están por fuera de la normativa social.

De todos los problemas que las mujeres enfrentan, la belleza es el menos grave. En diversos países de América Latina hay una crisis de femincidio. Por ejemplo, en México cada día  diez mujeres son asesinadas de forma violenta.  En cinco años se han ejecutado al menos 18 mil muertes, la mayoría de estos casos no son resueltos. hora bien la brecha salarial es otro de los problemas a los que se enfrenta una mujer trabajadora.

Los concursos de belleza se defienden bajo el supuesto objetivo del empoderamiento femenino, el cual solo se acepta como tal cuando no incomoda al consumidor, cuando va en favor del sistema patriarcal y contribuye con la cosificación de la mujer.

¿Poner a competir mujeres es sororidad? ¿Colocarlas en un escenario para que los demás opinen sobre sus cuerpos, carisma o inteligencia es empoderamiento? ¿Celebrar que una mujer fue puesta como más bella que otras según estándares absurdos impuestos es algo que debería continuar existiendo?

Además de ser una forma de violencia simbólica, los concursos reproducen estereotipos de belleza que dañan a la sociedad en general, al hacernos creer que esos son los únicos cuerpos o rostros bellos, haciendo de lado la diversidad y yendo en contra del discurso necesario del amor propio.

ACLARACIÓN                                                     
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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