Opinión

Hace tiempo quise despertar a alguien

SEMILLAS ESTELARES

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Por: José Antonio Alcaraz

Intervenir directamente en el proceso de sanación, asimilación o desarrollo interno-espiritual de alguien sin que te lo pidan, puede traerte consecuencias o experiencias no del todo agradables y desgastantes.

Lo digo con plena conciencia de mis actos, palabras y sentimientos: más allá de tratar de ver por el bien común, hay que ver primero por el bien propio, pues, “para salvar a alguien que se está ahogando, primero hay que saber nadar”. No es un acto de egoísmo, es un acto de amor y autoreconocimiento. 

Con lo anterior no quiero decir que seamos indiferentes a los problemas o procesos de los demás. Tampoco se trata de ir por la vida tratando de resolver los problemas de medio mundo, a través de la insistencia de cambiarlos. No es indiferencia, es respeto y es algo que me costó trabajo interiorizar. 

Es decir: “No puedes obligar a alguien a comprender un mensaje que no está listo para recibir. Aun así, nunca debes de subestimar el poder de plantar una semilla”. Por ello, a continuación les comparto una experiencia que tuve hace como seis o siete años en la cual aprendí, de la mano con mi SER SUPERIOR, el respeto a los procesos de los demás. 

Claro está, cuando me piden ayuda, siempre estoy ahí para escuchar, compartir, inspirar y sugerir. Como siempre lo he dicho en los textos que semanalmente escribo: si algo te sirve tómalo y si no, deséchalo, no pasa nada.  

Antes de continuar defino lo que significa para mí EL DESPERTAR: como su nombre lo indica, es activarse, entrar a un estado de consciencia interna, una transformación, que te permite percibir más y generar empatía.

LES CUENTO:

Hace tiempo conocí a una persona de la que estuve enamorado; sin embargo, había actitudes y acciones, tanto de ella como mías, que llegaban a hacer difícil “el compartir completitudes”. Sin embargo, estaba en la mejor disposición de cambiar eso, ponía de mi parte, pero ella no.

Al ver eso, comencé a forzarla para dejar de ser quien era para así (según yo) caminemos juntos este sendero de autodescubrimiento, creando así una relación de pareja consciente… me esmeraba en enseñarle conocimientos y técnicas a los cuales, según yo, ella eran indiferentes. 

Llegó un momento que esos conocimientos me resultaban difíciles de comunicar. Eso es algo que me pasa cuando sé que las personas no están preparadas para comprender un mensaje, y es también la alerta para parar. No lo hice. 

Sin embargo, insistí e insistí. Fue una etapa de mucho desgaste, sufrimiento y frustración. Mi ser me decía que la dejara, pero había creado ya una codependencia. A como de lugar quería que despertara.      

Fue EN UN SUEÑO que esa voz interna se manifestó en forma de un gran ser de luz. En ese sueño, me encontraba en un espacio sumamente blanco, radiante, lleno de paz. Físicamente era como “El Salón del Espíritu y Tiempo”, mejor conocido como “La Habitación del Tiempo” de la serie animada Dragon Ball.

Estaba recostado en una de infinitas camas que habían a mi alrededor. Abrí los ojos y de momento no sabía qué hacía ahí, hasta que poco a poco comencé a tener consciencia y lo primero que dije es “ya es tiempo de despertar”.

A mi lado, había tres entes parados, como ángeles de quinta dimensión, uno de ellos lo reconocí pues era mi SER SUPERIOR. Entendí que era el momento de despertar. Cuando giré mi cabeza a mi lado derecho, la vi a ella, igual en una cama, aun dormía.

Me incorporé de forma abrupta, y me aproximé hacia ella. La intenté despertar, moviendo su hombro, el cual se fue intensificando, pues ella no reaccionaba, le susurré al oído que despertara, pero seguía sin responder. Después de varios zarandeos por fin abrió los ojos y me lanzó un manotazo, que a mí me caló mucho, pues estaba muy sensible.  

— Déjala dormir, no la fuerces —, me dijo mi Ser Superior.
— Pero, son tiempos para despertar. Ya es hora de que despierte — asentí.
— Así como cuando llega la mañana, tú abres los ojos y despiertas de tu sueño, ella despertará a su tiempo y ritmo. Quizá su sueño sea profundo pues su noche del alma fue larga. Así que déjala dormir.

Aprendí que no es mi responsabilidad despertar a la gente. Sino dejar semillas en el camino, soy un mensajero, observo los procesos y hoy respeto el sueño de los demás.

ACLARACIÓN                             
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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