Hidalgo debería de ser un estado rico

VOZ Y PLUMA

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Por: Miguel Tello

Hidalgo lo tiene todo. Deberíamos de ser un estado rico.

Nuestro estado, constituido por regiones geográficas, económicas y culturalmente únicas, que a lo largo de los siglos han conformado su identidad, es un estado que encierra muchas paradojas entorno hacia el desarrollo social. En la época prehispánica fue el centro de una de las civilizaciones más influyentes, la tolteca, y albergó una de las culturas más antiguas, la ñähñú.

Ya en la época moderna, el sur del estado se industrializó en su mayoría y participó en distintos rubros de la economía nacional; no obstante aún tiene rezagos importantes en su desarrollo y en el nivel de vida de sus habitantes, acentuados en el norte de su territorio (huasteca, sierra alta, sierra gorda y sierra baja) y en las zonas indígenas (valle del mezquital, otomí-tepehua y huasteca). Estos contrastes económicos se ven reflejados en su vida política. La cercanía del estado con la capital del país convirtió al territorio hidalguense en una zona clave para los movimientos militares de la guerra de independencia, así como en los múltipes diferendos entre liberales y conservadores en el siglo XIX, durante la revolución, la reforma agraria, el “milagro mexicano”, la época neoliberal, y ultimamente, durante la cuarta transformación.

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En 2020, la población en Hidalgo fue de 3,082,841 habitantes (48.1% hombres y 51.9% mujeres). En comparación a 2010, la población en Hidalgo creció en un 15.7% (un 3.4% más que la media nacional).

En el segundo trimestre de 2021, la población económicamente activa de Hidalgo fue de 1.33 millones de personas (43% de la población; 39.4% mujeres y 60.6% hombres) con un salario promedio mensual de $4,560 pesos mexicanos (poco menos de 230 dólares mensuales). Cabe recalcar que, durante los últimos 20 años el salario promedio mensual no ha aumentado y permanece estancado.

Por si fuera poco, el hidalguense es muy trabajador. El 74% de nuestra gente está en edad productiva y somos uno de los estados qué, de acuerdo con información oficial, labora una mayor cantidad de horas y ha tenido un incremento en la productividad.

Esta inaudita parálisis social tiene que ver con la reducida transformación que se ha dado en Hidalgo, a pesar de ser uno de los estados de la República que cuenta con mejor infraestructura logística (carretera y ferrocarrilera), a la que se agregan la refinería de Tula y las múltiples ciudades industriales del sur del estado.

De acuerdo con información oficial, el 42.7% del PIB estatal proviene del sector industrial y el 24% de la minería. En este importante sector productivo se han limitado a las producciones mineras de manganeso, cadmio y cinc, y el resto son todavía viejas producciones de azufre, plomo y unas muy reducidas de oro y plata. En los últimos 20 años no ha habido suficientes subsidios para la investigación, creación y desarrollo de nuevas empresas mineras.

El estado tiene algunos centros de producción industrial de punta, en especial de vehículos y material ferroviario, bienes de la industria metalmecánica y manufacturera de textiles. La gran industria automotriz y de material ferrocarrilero exporta 46.3% de su producción; la industria metalmecánica, 16%, y la textil, 12%.

Tenemos presas y energía hidroeléctrica, una ciudad industrial, Sahagún, que colinda con un corredor industrial notable: Veracruz, Puebla, Distrito Federal, Tlaxcala, Estado de México y Querétaro.

Contamos con la presencia de las cementeras, Cruz Azul, Fortaleza y CEMEX, esto debido a los grandes yacimientos conocidos de piedra caliza, que tenemos en algunas regiones del estado. Sin embargo, desde hace más de 10 años la producción minera de minerales no metálicos (como lo es la piedra caliza) no ha crecido a la par de la media nacional de producción, de acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano y la Secretaría de Economía.

Contamos con recursos forestales, agrícolas y ganaderos. A pesar de su baja participación en el PIB estatal, el sector agropecuario es una de las principales fuentes de empleo para los hidalguenses, ya que más de la tercera parte de la población económicamente activa se dedica a labores propias del campo. De los 2.1 millones de hectáreas que conforman el estado, 30% son de tierra cultivable, y sólo 23% de éstas cuentan con riego; el resto son de temporal. Siendo los principales cultivos en cuanto a producción: alfalfa (58%), pastos (12%), maíz (9%), avena forrajera (7%), maguey (6%), y cebada (2%) que suman el 93% de la producción del estado. La importancia de la ganadería en el estado radica en el gran número de familias que se dedican a esta actividad y que sustentan en ella su economía. De la superficie total del estado, 38% se dedica a la actividad ganadera, alrededor de 800,000 hectáreas.

Tenemos todo para ser un estado rico, pero el ejercicio del poder político en el estado no ha atendido en las últimas décadas a una transformación que signifique renovación y cambio. Así, la vinculación del grupo político dominante a otros de nuevo cuño o con fuerte arraigo, pero circunscritos a limitados espacios de acción, coarta las posibilidades de una ruptura con el pasado y una apertura hacia la modernización.

Salpicadas

Al concluir las primeras dos décadas del siglo, parece que nuestro estado continúa en una vigorosa lucha por vencer los obstáculos que aún persisten. Pero parece ser que el inicio de una transformación de forma y fondo, cada vez está más cerca.

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

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