Opinión

Incendio en Notre Dame, protagonismo y lo importante

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Por: Iván Lozano

El inicio de semana sorprendió con el incendio de la catedral de París. Las imágenes del edificio que se construyó entre los siglos XII y XIV envuelto en llamas pulularon en medios y redes sociales.

El impacto al patrimonio cultural de la humanidad es terrible. Afortunadamente la estructura de Notre Dame resistió el fuego y permanece en pie, mas los daños están hechos, son cuantiosos y algunos irreparables e irrecuperables.

Miles de personas, seguramente millones, manifestaron su pesar por el siniestro a través de las redes sociales, donde la imagen de la catedral habrá sido la más compartida del día.

La fauna de internet es basta y nos expresamos de maneras diversas. Aparecieron aquellos que hurgaron en sus memorias telefónicas en busca de una línea de conexión con la tragedia de Notre Dame. Una fotografía que diera fe de lo genuino de su pesar. 

Sin embargo, para quienes lo más cerca que hemos estado de Francia es cuando compramos un baguette en la panadería del barrio, nos quedó el vago recurso de manifestar nuestra intención (real o fantasiosa) de mirar de frente el majestuoso edificio alguna vez: “Qué lástima, siempre he querido estar ahí”.

El individualismo de redes y la necesidad de presencia digital nos llevaron no solo a subirnos al ya bien conocido tren del mame, quisimos llegar al frente, ponernos el gorro de maquinista y hacer sonar el silbato.

También existen a quienes les aparecen ronchas cada vez que otra persona manifiesta preocupación y aun interés por algún tema en particular. Los que tienen listo el dedo con el cual señalan a los que, según ellos, tienen confundidas sus prioridades. 

Estas personas suelen tener el nacionalismo exacerbado, del tipo: “Bien preocupados por lo que pasa en París pero no les importa que hay incendios todos los días en México. Primero nuestra gente”. 

Además de todo lo que acarrea el nacionalismo, parece que a estas personas les incomoda que la gente se preocupe por algo o, peor aún, que ayuden. Sus voces no son nuevas. Se yerguen cuando das a conocer tu preocupación y acciones por tal o cual razón. 

Si rescatas animales de la calle: “Hay personas pidiendo limosna y nadie les hace caso”. Si ayudas a migrantes que piden ayuda para poder comer: “Hay desplazados en Chiapas y a esos nadie los alimenta”. Si pides que dejen de usar bolsas de plástico: “Eso no sirve de nada, mejor dejen de tener hijos para que no contaminen”. Al final siempre hay algo más importante.

Algo habrá de cierto en sus críticas y sugerencias, pero, si me permiten la sospecha, muchos de ellos no harán ni una ni otra. Además que, entre lo peor, intentan disuadir a la gente de que no se preocupe ya por nada y, lo peor, que no ayude a nadie.

La dicotomía de lo importante es una falsedad. Esa que te hace elegir forzosamente entre dos caminos: “si te importa esto entonces no te importa aquello”. Las personas pueden preocuparse y ocuparse por varias cosas a la vez sin que les estalle la cabeza. 

Pero en estas fechas, la apertura digital parece más bien cerrar las mentes y endurecer las opiniones.

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