Opinión

La identidad en el aire

Resistencias locales.

Por:

Diseño: Grupo AM

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El problema que nos encontramos al querer hacer una investigación que dé cuenta de lo pachuqueño es que se puede caer fácilmente en la esencialización de ciertas características y en su homogenización, es decir: pensar que todos somos así.

Ya en el espacio anterior habíamos dado cuenta de un sistema de expectativas comunes, pero ahora es pertinente hacer una distinción: si bien es el más popular y difundido porque de hecho es el hegemónico, no significa que sea el único modo de vida. No todos los pachuqueños aspiramos siempre a lo mismo, ni queremos trabajar en los lugares tradicionales, tampoco estamos haciendo las cosas exactamente igual a como lo dictan el canon y las presiones sociales y económicas.

En “Sobre la filosofía y su ejercicio” hicimos la crítica en torno a que no había como tal un lugar donde se enseñara esta disciplina humanística en nuestro estado, lo cierto es que eso no nos ha detenido del todo.

Es curioso cómo frente a la adversidad a veces ocurren cosas inesperadas, como cuando las plantas germinan y fisuran el concreto en donde sus semillas cayeron sin ninguna esperanza.

Desde mi experiencia puedo contar varios casos de compañeros que, como yo, tuvimos la necesidad de emigrar a otros lugares para poder formarnos académicamente y contra todo pronóstico, lejos de que se convirtiera en una desafortunada fuga de talentos, en los últimos años muchos de nosotros hemos retornado a Pachuca.

¿Qué nos hemos encontrado a nuestro regreso? Una enorme diversidad, personas haciendo todo tipo de actividades; claro que siempre están presentes las tentaciones hegemónicas, pero también, a manera de resistencia, están los músicos, artistas, poetas, activistas, teóricos, humanistas, etcétera.

Todos ellos desafiando la norma, apostándole a algo diferente de cómo se imaginaron nuestros padres que nos ganaríamos la vida cuando éramos pequeños.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, también hay un elemento muy común: estamos profundamente dispersos, cada quien por su cuenta, recorriendo los diferentes caminos en solitario, ensimismados en nuestros proyectos, sin darle la oportunidad a los de otros, sin encontrar los puntos de convergencia, porque no nos damos el tiempo de conocerlos o los concebimos como competencia.

Necesitamos articularnos de algún modo, formar redes y vínculos, empezar a conocernos. Sé que es muy romántica la imagen del lobo solitario, pero en un mundo tan interconectado como el nuestro la ayuda de otros se vuelve vital y refrescante. Sobre todo para lograr cambiar la percepción que se tiene de nuestra ciudad, un lugar en el que recitan hasta el hartazgo las voces de sus mismos habitantes: “nunca pasa nada” y “no hay nada que hacer”.

Debemos convencernos de que este prejuicio no se ha asentado por falta de talento o potencial, hay compañeros profundamente brillantes en lo que hacen. Si no hay visibilidad es porque difícilmente de forma individual tendremos la fuerza necesaria para hacernos notar, a lo mucho seremos concebidos como meritorios, pero al final de cuentas, estériles esfuerzos individuales.

Hay que sumarse a las actividades culturales que nos ofrecen lugares como las bibliotecas, conocer las carteleras de los recintos alternativos, asistir a las presentaciones de libros, involucrarse con los nuevos colectivos, apoyar a las promotoras locales, alentar a los músicos asistiendo a sus presentaciones, conocer el café de la esquina donde te han contado que la gente va a leer poesía. Todos podemos hacer algo, si no es creando puede ser apoyando, difundiendo y conociendo.

Por lo tanto, la investigación de lo pachuqueño no es una búsqueda o descubrimiento final de la piedra filosofal, de su esencia metafísica que había permanecido oculta, es en todo caso su construcción permanente.

Vivimos en tiempos interesantes en los que si bien no podemos decir: “mira, esta es la verdadera esencia pachuqueña”, sí podemos declarar: “estos esfuerzos que hoy te presento nacieron en cielo furioso de La Bella Airosa y por definición son todos ellos pachuqueños”.

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  • Irving Hernández

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