La tragedia educativa, pero qué tal los bailes

FRENOLOGÍA 

Avatar del

Por: Iván Lozano

“¿Recuerdas que llegaban muy mal? Pues ahora están peor”. Esto me lo dijo mi padre, quien da asesorías a estudiantes de diversos niveles educativos. Hace unos meses me platicó que llegó con él una joven que pretendía hacer el examen de ingreso a la universidad, pero, sorprendido, me contó que ni siquiera sabía sumar. 

Cada año mi padre atiende a decenas de estudiantes que buscan entrar al bachillerato o universidad por medio del examen de selección, actividad que realiza desde hace ya varios años. Cada vez es común que muchos de las y los jóvenes que acuden con él tengan apenas los conocimientos suficientes para acreditar que cursan tal o cual grado educativo, muchos otros no llegan ni a eso.

Sin embargo, desde que inició la pandemia y con ella la interrupción de las clases presenciales, la situación se ha complicado más, mucho más. La educación a distancia es tan efectiva como adecuadas sean las condiciones en que se encuentren estudiantes. Disposición de recursos económicos y tecnológicos, así como el respaldo de familiares, son factores que pueden hacer que la educación en casa no solo sea cumpla con lo mínimo esperado, sino que incluso lo supere. Pero en este país esas condiciones se cumplen en el mínimo de los casos. La mayoría enfrenta más de una dificultad y carencia; muchos y muchas incluso lo tienen imposible. 

¿Demasiados anuncios?

Disminuir publicidad

Pues bien, en estas condiciones que son generales en el país, en Hidalgo persisten dos escenarios que lo ponen todavía más difícil (por si hace falta). El primero es el paro laboral que desde finales del año pasado mantiene el SNTE en la entidad. Aunque el reclamo es justo, los que siempre pierden son los menores que ya ni siquiera tienen el paliativo escolar de la pantalla. Se supone que este lunes volvían a clases, pero de eso nada. Según la situación recompondrá esta semana… a ver.

El segundo escenario adverso en Hidalgo es la insistencia de autoridades en mantener las escuelas cerradas cuando en todo el país ya han reabierto puertas con mayor o menor organización y éxito, incluso lo mismo ocurre en la mayoría de los países, tengan o no una buena estrategia para contener los contagios. 

La situación es más notoria ante la flagrante incongruencia de comenzar a retomar una “nueva normalidad” económica, lúdica y social que permite ya la saturación de centros comerciales y sitios de convivencia y esparcimiento, incluidos festejos con la asistencia de cientos o miles de personas como conciertos, ferias o destapes políticos (entre los más cínicos), mientras que los pupitres acumulan polvo porque no se vayan a disparar los contagios.

Bares abren porque se quejaron los dueños (y los borrachos); partidos de futbol y conciertos volvieron porque se quejaron empresarios y aficionados. ¿A dónde van niñas y niños para quejarse porque no les dejan ir a la escuela? Y ¿quién les va a hacer caso?

Mi padre me habló de una joven que quiere llegar a la universidad pero no aprendió a sumar. ¿Cuántas y cuántos estarán igual? No sé ustedes, pero si eso no es una tragedia educativa ¿qué lo será?

ACLARACIÓN 
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

Y tú, ¿qué opinas?

Te podría interesar