Opinión

Las 5 heridas de la infancia (Parte I)

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Todos tenemos la misma misión al llegar a este planeta: vivir las experiencias una y otra vez hasta que podamos aceptarlas y amarnos a través de ellas.
Lise Bourbeau.

 

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Por: Por: MEE Yannina Romero

Entonces tenía cuatro años. Era la hora de la salida y mis papás no llegaban por mí. Yo vivía apenas a cinco casas del colegio, así que le pedí a la maestra que me dejara irme. Caminé con mochila y lonchera con la urgencia de una niña caminando sola por la calle, hasta que por fin toqué el timbre; no hubo respuesta. Intenté una vez más: nadie abrió. Volteé hacia la puerta de la escuela con la esperanza de ver a la maestra, pero ya estaba cerrada. 

Lo demás que recuerdo son casas diluidas entre ríos de lágrimas y angustia. No sé cuántos minutos después (que para mí fueron horas), apareció de la nada una vecina que se quedó conmigo hasta que por fin llegaron mis papás. Ellos siempre fueron amorosos y estuvieron presentes en mi infancia: mamá ama de casa y papá llegaba a contarme historias que avanzaban todos los días a la hora de la comida. Pero la interpretación que di a ese evento creó en mí una herida: el abandono.

Descubrir las heridas que se produjeron en los primeros años de mi infancia ha sido revelador (y espero que también lo sea para ti). No sólo te confronta con quién eres, cómo reaccionas, en qué te auto saboteas y las piedras con las que frecuentemente tropiezas; también te acerca con claridad a la lección que has elegido superar en esta experiencia humana. Así, elevar el nivel de consciencia hacia el interior, es como encontrar el instructivo para amarte y amar a los demás.

En palabras de Lise Bourbeau, cuando tenemos una herida, podemos tomar la decisión de curarla o vendarla para no verla más. Si preferimos ocultarla, creamos “máscaras” de protección, basadas en el ego y sus creencias. Pero vendar la herida solo conseguirá que experimentemos dolor siempre que alguien llegue a tocarnos; aún cuando su intención no sea hacernos daño.

Antes de descubrir tus heridas, es importante tomar en cuenta que este camino de autoconocimiento debe vivirse sin culpas, miedos o juicios (hacia ti o hacia los otros); en un estado de amor y aceptación. Por otro lado, colocarte como “víctima” de las circunstancias que tú mismo elegiste para tu aprendizaje, resultaría aún más doloroso y haría de la experiencia un esfuerzo inútil. 

Recuerda también que tus padres no tuvieron la intención de provocar esa herida en ti, o bien, ellos mismos tenían una herida que también los hizo reaccionar tal como lo hicieron. Así que se trata específicamente de la interpretación que tú hiciste de lo sucedido y el significado que le asignaste. Tú elegiste el contexto, las personas y situaciones que necesitabas para evolucionar. Es momento de quitar la venda.

En su libro, Bourbeau describe cinco heridas y sus máscaras: 

  • Rechazo (máscara de huidizo)
  • Abandono (máscara de dependiente)
  • Humillación (máscara de masoquista)
  • Traición (máscara de controlador)
  • Injusticia (máscara de rígido)

A través de un diagnóstico, Adrián Alavés reconoce seis configuraciones humanas, diferenciadas por colores y clasificadas en tres categorías: sensoriales, emocionales y mentales; que se originan de los 0 y los 7 años:

  • Rojo: sacrificado – creativo 
  • Naranja: aislado – meticuloso (rechazo)
  • Amarillo: ansioso – sociable (abandono)
  • Verde: resistente – encantador (humillación)
  • Azul: rígido – ordenado (injusticia)
  • Morado: controlador – valiente (traición)

Para ayudarte a identificar con claridad tus heridas, en la siguiente columna te compartiré una breve descripción de cada una de ellas, para que puedas profundizar en ellas y empezar a sanar. 

Mientras tanto, para conocer tu configuración, te dejo una vez más este regalo:
mi.naturalezahumana.com.mx/yannina


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Lectura imprescindible: 
Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. Lise Bourbeau. Editorial Diana
 

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