Las cosas por limpiar

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Por: Michelle Ortiz

Muchas veces, el círculo de la violencia machista no solo es difícil de romper, sino también de reconocer. Las cosas por limpiar, una miniserie producida por Netflix y que recientemente pude ver, muestra las dificultades que atraviesa una mujer joven que logra escapar de una situación de violencia pero que debe romper las cadenas de abusos que la siguen atando: las de un Estado ausente y las de un sistema que no logra contener a una madre que debe sobrevivir con un salario por debajo del mínimo. 

La trama gira en torno al día a día de Alex (interpretada por Margaret Qualley), una mujer de 25 años que lucha por sobrevivir junto a su hija. Su realidad se desdobla entre el universo de su hija y la vida vacía que comparte con su novio y padre de la niña, quien padece una adicción al alcohol.  Entre otras cosas, la serie viene a recordarnos que las historias tienden a repetirse si no accionamos al momento debido.

Desde el primer episodio vemos el esfuerzo de la protagonista por mantener a salvo a su hija mientras intenta conseguir algo de dinero y un cuarto para pasar la noche: una realidad lastimosa que se repite en Latinoamérica como en Estados Unidos y en donde las víctimas de violencia de género no sufren sólo un único tipo de martirio. El sistema también las excluye impidiéndoles la inserción laboral: trabajar y maternar es una odisea  (casi) irrealizable. Así es cómo episodio tras episodio vemos a Alex buscando subsidios del Estado, planes de alimento y vivienda, y todo lo que está a su alcance para no perder la custodia de su hija y verse obligada a dejarla con su ex pareja.

Alex intenta salir adelante como sea y encuentra un mal pago trabajo de limpiadora a la vez que va forjando un vínculo con una de sus ricas empleadoras, Regina (Anika Noni Rose).

Esta no sólo es una historia de fortaleza humana (sin romantizar la maternidad) y de sororidad, sino también acerca de lo importante de las redes de ayuda entre mujeres. Y es también una denuncia sobre el propio sistema, que intenta ofrecer planes muchas veces inútiles a personas vulnerables. También muestra cómo, en algunos casos, las mujeres víctimas de abuso pueden entrar en un espiral sin salida, ya que necesitan quién cuide de sus hijos mientras trabajan pero no pueden acceder a las ayudas estatales hasta que no tengan un trabajo, los más vulnerables deben hacer malabares para recibir ayuda y los más ricos tienen todos los privilegios.

Es interesante cómo se plantea que las relaciones de Alex con su madre y con Sean son excepcionalmente complicadas y dolorosamente familiares. La repetición de ciertos moldes como elemento paralizante resalta el tenso vínculo madre-hija. Las cosas por limpiar es una puñalada de realidad que nos expone las consecuencias devastadoras del abuso emocional y una muestra de lo difícil que es levantarse por una misma en un mundo plagado de trampas burocráticas. 

Pero la protagonista no se enfrenta solo a sus propias dudas, sino también a las de personas cercanas que consideran que exagera, que debería perdonar a Sean por tener una adicción al alcohol y por haber sido víctima de violencia durante su infancia. Otra dimensión interesante que la serie trata es la de quienes justifican los abusos o los consideran producto de una enfermedad, como si fuera un destino ineludible en lugar del resultado de relaciones de poder que hunden sus raíces en la cultura machista. 

Alex, además, está sola: tiene poco contacto con su padre y su madre  padece un trastorno bipolar no diagnosticado que la lleva a rememorar su pasado pero también a encargarse de ella, otra línea que la trama invita a explorar: la salud mental, el cuidado y las posibilidades que Alex tiene en situaciones límite, cuando además es la única responsable de su hija.

A veces los finales felices no son como queríamos, pero sí hay finales felices. Y allá vamos todas. No siempre es sencillo, duele y se requiere de mucha valentía y decisión, pero aquí estamos, buscando el camino para una vida más plena para nosotras, y de ser el caso, para nuestros hijos.

A lo largo de sus diez capítulos, Las cosas por limpiar ahonda en el camino de víctimas y sobrevivientes cuando no se tienen las mismas oportunidades, desmitifcando varias ideas sobre la violencia de género que aun se encuentran fuertemente arraigadas, y que son necesarias derribar para reconocer los abusos como parte de una problemática mayor. Si hay algo que esta producción logra es generar preguntas incómodas que se convierten en una sensación punzante: ¿cuál es la escapatoria sin posibilidades económicas? ¿Cómo romper el círculo sin un Estado presente? 

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo. 
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