Opinión

Las dos caras del Diego

EL NÚMERO 12

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Por: Carlos Castelán

El pasado 25 de noviembre quedará marcado en los libros de historia como el día en que murió Diego Armando Maradona Franco, futbolista icónico y una de las más grandes figuras públicas que nos dio el siglo XX.

El Diego Futbolista

Muchos coinciden que en el campo de juego estaba la mejor versión de Diego Armando, un jugador chiquitito, zurdito y poseedor de una gran calidad, un prodigio de los rectángulos verdes que antes de los 16 disputó su primer partido oficial en la liga argentina.

Quienes lo vieron jugar dicen que era un comandante, un diez de la vieja usanza, impredecible y gambeteador hasta el cansancio. Era un prodigio absoluto que con menos de 18 acudió por primera vez con la selección de Argentina dirigida por César Luis Menotti, quién ya veía en el “Pelusa” a una realidad a punto de cuajar. Sin embargo, lo relegó de la lista final para el Mundial de Argentina en el 78.

A nivel clubes Boca y Napoli fueron sus grandes amores, en el primero se consolidó como figura argentina, y en el segundo maravilló a toda Europa; pero, sin duda alguna, su pasión absoluta estaba al portar la albiceleste.

El punto más alto de su carrera fue el mundial de México 86 dónde salió campeón, dio cinco asistencias e hizo cinco goles, ganando el premio al mejor jugador del certamen. El partido contra Inglaterra pasará a la historia como el más famoso y polémico del siglo pasado. Fue ahí donde Diego se convirtió en D10S.

El Mundial del Pueblo

Para muchos aficionados argentinos, el mundial ganado en 1978 tenía un sabor agridulce, pues a pesar de haberlo obtenido en casa, éste había sido el emblema con el cual la dictadura militar del general Videla (1976-1983) buscaba el espaldarazo internacional que su gobierno necesitaba para establecerse, poco importaron las formas o los aficionados. Tras cada partido se escondían crímenes atroces ordenados por la milicia. En esa época el país tenía miedo, y ni el fútbol pudo borrarlo de la cabeza de los ciudadanos.

Por eso, cuando Maradona y compañía se coronaron campeones en México, la nación entera estalló en júbilo. No era la copa de la élite, no era la copa de los militares, era la copa del “pueblo”, el Diego le había regalado a la Argentina marginal un Mundial, un motivo para sentirse orgullosos, para olvidar la crisis, el hambre y el desconsuelo. Ese fue el barrilete cósmico.

El Diego de los pobres

A los que saben, y a los que no se los cuento, Maradona nació y creció en Villa Fiorito, un barrio tan antiguo como pobre de Buenos Aires. Ahí supo de la necesidad y del hambre.  Por ello no es raro que a lo largo de su vida el diez se posicionó a favor de las causas del “pueblo”, o por lo menos lo que desde el poder zurdo nos dicen que es el pueblo.

Fue un gran amigo de Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En una ocasión declaró que consideraba al comandante Castro como un segundo padre. Diego Armando era ese tipo que exigía las pensiones de los jubilados montado en su Ferrari y con su Rolex en la muñeca.

Utilizaba su voz (y solo eso) para visibilizar algunas causas. Por eso la gente le agarró aún más cariño.

El Diego mediático

Lo que pocos saben es que Maradona fue una de las primeras figuras públicas que reunía a las masas en Argentina, fue el primer ídolo a color (haciendo alusión a la tv). Desde antes de los 18 cada declaración y partido suyo eran noticia nacional, decenas de reporteros lo seguían a sus concentraciones con la selección y su vida privada era casi inexistente.

Mario Kempes (delantero campeón en el mundial del 78 y compañero de Maradona en el mundial del 82) menciona que era imposible para el entonces joven Diego salir a cualquier lugar por el asedio de la prensa. Aunque también era cierto que al Diego lo mantenían “guardadito” durante las concentraciones, pues sus declaraciones no siempre caían bien a los dirigentes de la AFA.

Se convirtió en un Rockstar, un persona que ante la mínima acción acaparaba los tabloides y vendía la línea completa de los diarios.

El Diego errático

Maradona vivió con los excesos , dicen que en un club de Barcelona tuvo su primer contacto con la cocaína, misma a la que se hizo adicto gran parte de su vida.

Dentro del futbol dos veces fue suspendido, la primera vez al entrar a rehabilitación tras haber sido encontrado con posesión de narcóticos en su casa en la época que jugaba para el Nápoles, la segunda (y la más recordada) cuando en medio del mundial de Estados Unidos 94 salió positivo en la prueba antidoping por epinefrina.

Además de su adicción, fue demandado en múltiples ocasiones por la paternidad de distintos niños, de los cuales a dos de ellos sí reconoció varios anos después y tras el fallo de un juez.

También, a Maradona se le acusó de violentar a la entonces su esposa tras filtrarse un vídeo donde se mostraba al argentino agrediendo verbalmente a su pareja al tiempo que manoteaba con ella en busca de quitarle el dispositivo.

Quizá la polémica más grande fue cuando en 2018 salieron nuevamente a la luz una serie de fotografía donde se ve a Diego Armando Maradona posando en boxers con dos jóvenes desnudas, mismas que se presumió eran menores de edad por sus rasgos físicos. La sombra de la pedofilia se posicionó en sus hombros.

¿Separar al autor de su obra?

Dicen que con los grandes talentos que llegan al mundo siempre hay que separar lo que hizo en su rama o campo con lo que hizo de su vida privada, cosa que creo imposible.

En el caso de Diego, su carrera como futbolista y figura pública le otorgó de un poder (económico, social y de influencias) que le permitió ejercer una paternidad irresponsable, ser un adicto por más de 30 años y violentar a personas que estaban a su alrededor, todo en la completa impunidad.

Y no, solamente pedir perdón nunca es suficiente, y sí, la pelota no se mancha, pero la figura del genio sí, sobre todo para las nuevas generaciones, que no lo vieron jugar y que, para ellas y ellos, ciertamente es mucho más humano.

¡Hasta la próxima!

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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