Opinión

¿León domado o león dormido?

EL DERECHO DE GIL BORJA

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Por: Arturo Gil Borja

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Hemos domado a la pandemia”

Andrés Manuel López Obrador

A unos cuantos días de haber cumplido los primeros 100 días de la pandemia de la COVID 19, todos sentimos las consecuencias de la misma, pues más allá de los casi 300 mil enfermos y prácticamente las 35 mil defunciones, hoy nos preocupan temas como el hambre, la inseguridad y la incertidumbre económica.

El manejo de la crisis de salud, ha sido desorganizado, con cifras que desde un inicio no han coincidido, con culpas de un funcionario a otro, y al final sin un liderazgo administrativo coherente y congruente con lo que se requiere para tomar las mejores decisiones.

Las acciones que el sector productivo esperaba, nunca llegaron, los apoyos financieros, inclusive los que el Banco de México autorizó, aún no se han podido otorgar, en virtud de que, aunque la Secretaría de Hacienda ya elaboró las reglas de operación, los intereses son más alto que los comerciales y los créditos a la palabra, anunciados por 25 mil pesos y para 3 millones de personas, ni siquiera se han otorgado al primer millón de beneficiarios.

Mientras, los despidos continúan, las empresas, principalmente las micro y pequeñas, que entre ellas acumulan el 92% del emprendimiento en México, se encuentran al borde de su desaparición, si no es que muchas de ellas ya desaparecieron y con ellas los empleos que otorgaban.

Sin semáforo amaneceremos el día de mañana, lunes 13 de julio, sin saber qué actividades estarán permitidas y cuales restringidas, sin conocer cuales entidades federativas “mintieron o dieron mal los datos, para tener inconsistencias” que hacen imposible el conocer el estado que guardarán las actividades de más de 120 millones de mexicanos, la próxima semana.

La consecuencia directa, es la incertidumbre, pues los medios de comunicación, los especialistas en salud pública, como lo son los infectólogos, epidemiólogos y virólogos, comentan que es necesario el uso de cubre bocas para convivir con otras personas, mientras que el Subsecretario López – Gatell, nunca se cansó de decir que no se ha probado la eficacia de su uso y que se puede o no usar.

Este ejemplo citado, es tan solo uno de muchos que, durante los últimos 100 días hemos observado, con quejas de gobernadores de distintas entidades, por la falta de suministros, con manifestaciones y cierre de calles por parte del personal médico y de salud, y con escenas desgarradoras, de gente muriendo en la banqueta o en sus automóviles.

De igual manera, y con toda razón, el gobierno federal ha pedido la participación ciudadana, y en muchos lugares, vemos la desidia de los vecinos, su negligencia para no guardar las medidas de distanciamiento, padres y/o madres llevando a sus menores hijos al súper; adultos mayores, a quienes se les brindó la oportunidad de que en los supermercados entraran a hacer sus compras de las 8 a las 11 horas, haciendo sus adquisiciones por las tardes, etcétera, han contribuido a la aceleración de contagios.

La realidad es que la pandemia no ha sido domada, pero el león social que después de la revolución mexicana se durmió, al no desear el derramamiento de sangre, poco a poco ha ido despertando, desde la fallida lucha contra el narco de Calderón, los escándalos de corrupción de Peña y la falta de idea de lo que es la administración pública y económica de un país, del actual gobierno, da como resultado el incremento de la violencia, homicidios dolosos, trata de personas, desapariciones forzadas y feminicidios.

Sumemos la hambruna que se extiende ante la caída estrepitosa de la economía y fuentes de empleo, y para culminar, una desinformación que da como resultado el ignorar cual es nuestro futuro a corto plazo.

México ya no puede seguir en aislamiento, muchas familias se preguntan si es mejor morir de un virus o de hambre, cuando la respuesta no está ni en una ni en otra, sino en vivir bajo las nuevas reglas, conscientes de que los cuidados extremos tendrán que ser por mucho tiempo y que las nuevas generaciones tendrán que hacerlas suyas como parte de su vida diaria.

No podemos regresar al aislamiento por que el hambre ya no la aguanta y la delincuencia crece, por qué muchos países están regresando a la actividad productiva y nosotros somos parte de esa cadena que genera fuentes de empleo y bienes que alimentan a todos.

En Hidalgo, con reglas distintas, se tendrán que celebrar elecciones, y muchos ya lo saben, utilizando bots para defender sus intereses en redes sociales, pero ni una escalada de publicaciones y reacciones cibernéticas, calman el hambre, la sed de justicia y el enojo social del león que despierta.

Los vecinos que denunciamos actos de probable corrupción, como la expedición de permisos para funcionamiento de bares, antros y expendios de bebidas alcohólicas, en medio de manchas urbanas, con escuelas cercanas y violatorios de diversas reglamentaciones, para “llevarse su guardadito”, somos sujetos a ataques en nuestras propias redes; pero ni así podrán callar a quienes hoy no deseamos dormir el sueño de los justos.

México vive una de las épocas más complejas de su historia moderna, pero necesitamos sacar lo mejor de nosotros y no permitir que quienes se van, se lleven, como decían nuestros ancestros, hasta el perico, sino vigilar a quienes se van y no equivocarnos al emitir nuestro voto con los que vengan, que el precio por errar, es muy alto, como hoy lo estamos viendo.

Por hoy me despido, esperando tus comentarios.

Hasta la próxima.

ACLARACIÓN                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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