Opinión

Luminosidad

PERSPECTIVA

Avatar del

Por: Enrique Gómez Orozco

El Banco de México es un estuche de monerías, una caja de pandora donde nos sorprenden los números de la información económica nacional. En el último reporte de las economías regionales de julio a septiembre del 2019 hay un experimento de medición muy interesante: la “luminosidad” en el país. Científicos en economía del Banxico -puros doctores- se pusieron a medir cuánta luz emite cada región por las noches. Primero sacaron cuentas de las emisiones en Estados Unidos para compararnos.

La medida se hace con satélites que por las noches detectan la intensidad de la luz en los diferentes estados de la Unión Americana. Luego las relacionan con su productividad y la participación de cada uno en el producto interno bruto. Sacan una media.

Los doctores del Banxico hacen cuentas y las comparan con las diferentes regiones del país. Los estados del norte son de más luz y por tanto de mayor productividad. Coahuila y Sonora, por ejemplo, llegan a tener 70 por ciento de la productividad de Estados Unidos, mientras que los del sur, como Guerrero, no llegan a 40 por ciento.

De un vistazo sabemos quién es quién en el país y dónde hay prosperidad.  Los doctores encuentran una correlación entre la luminosidad con el número de trabajadores e insumos de la producción de cada estado.

Basta de terminajos económicos, de palabrejas correlacionadas y de satélites que nos miran desde el cielo cuánto producimos. Vayamos a la luz, la luz del conocimiento, que debe medir la mayor parte de nuestras metas nacionales.

El norte prospera y el sur se rezaga. Por más dinero invertido en las zonas pobres de los estados sureños, no se nota un avance significativo. Chiapas recibió en asistencia lo que ningún estado ha recibido. Guerrero, salvo un sector turístico, que se vio disminuido por la tragedia de violencia que vive Acapulco, subsiste de la agricultura y Michoacán, con toda su riqueza natural, apenas levanta cabeza con el aguacate y las remesas.

El nuevo y afortunado Tratado-México-Estados Unidos-Canadá o T-MEC, reanimará la inversión extranjera en el país y traerá la confianza suficiente para que los empresarios nacionales ya no corran. El problema es nivelar la productividad nacional.

La nueva Administración eliminó las zonas especiales de inversión en los estados del sur, pero dieron estímulos fiscales a la frontera. Si ahí las empresas pagan menos impuestos y gasolina más barata, como en Estados Unidos, no se necesita mucha ciencia económica para que el norte se fortalezca con nueva manufactura.

¿Qué hacer con el sur?

Cuando vemos a nuestros paisanos de Oaxaca pedir limosna en la ciudad, sabemos que vienen de una zona con limitantes en educación y oportunidades. Por más hermosos que sean Oaxaca, Chiapas, Yucatán y Guerrero, jamás alcanzarán la prosperidad del norte sin una mayor productividad. Ni siquiera el turismo redimirá su espera de siglos. Ayuda, sí, pero no resuelve.

De todos los proyectos nacionales, el mejor es el tren entre los puertos de Salina Cruz en Oaxaca y Coatzacoalcos en Veracruz. Tendría la luminosidad necesaria para transformar varios estados y cuesta una fracción del Tren Maya.

Pero lo que más necesitamos no es la luminosidad de nuestras ciudades por la noche, sino la luz de la razón en la toma de decisiones, más allá de credos y dogmas políticos. (Ese y otros reportes fueron publicados ayer por el Banco de México en internet. Vale la pena verlos y escucharlos)

Y tú, ¿qué opinas?