Opinión

No es modo de protestar en un país civilizado

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

Ventanas y puertas rotas, paredes pintarrajeadas, equipo maltratado y agresiones a funcionarios que vulneran su integridad e irrespetan su posición y cargo, no son acciones que formen parte de una protesta social digna de ser considerada como tal. Y es que no se puede responder violencia con más violencia, sin importar de dónde venga ni para dónde vaya. Simplemente no es modo de protestar.

Porque en un país civilizado las inconformidades, especialmente las que tienen que ver con asuntos de seguridad, atraviesan por un proceso eficiente y ordenado. Las instituciones fueron creadas específica y eficazmente para atender a la ciudadanía, cuantimás cuando son quejas por supuestas deficiencias en servicios públicos responsabilidad del Estado.

Además, los edificios gubernamentales son patrimonio de la sociedad y su condición denota la educación de sus integrantes, pues es reflejo del respeto que las personas tienen para sus autoridades, garantes de los derechos civiles. Su cuidado es responsabilidad de todos y cualquier atentado debe ser meritorio de la sanción correspondiente.

Semblantes descompuestos por la ira, gritos, pintas, piedras, insultos a la autoridad y ventanas rotas son manifestaciones propias de una sociedad con autoridades incompetentes, o carente de ellas, incluso, peor aún, una con instituciones perversas que violentan a quienes tienen bajo su encomienda, en detrimento del bienestar y la dignidad humana.

Si viviéramos, pues, en una sociedad con reglas debilitadas por la corrupción del sistema de seguridad y justicia, podríamos comprender y hasta respaldar manifestaciones violentas en la exigencia de garantizar respeto a los derechos humanos. Pero no lo estamos, así que reiteramos: ESE NO ES MODO DE PROTESTAR.

El anterior es el discurso increíble de un gobierno capitalino que llegó con el estandarte del hartazgo social ante un sistema que supuraba corrupción y abuso. Extraído, además, de un partido que promovió y utilizó la protesta como modo expresión y señalamiento de injusticias e ilegalidades. Que simuló colocarse a un costado del pueblo y pretendió darle voz.

Hoy nos encontramos de frente con una realidad anunciada, con el rostro del mismo sistema que minimiza y criminaliza la protesta, que desvía la atención pública hacia la nimiedad de una pared pintada, de un cristal roto y de un traje ensuciado. Son estos, para Claudia Sheinbaum, actos de agresión premeditada con el objetivo de atentar contra su imagen pública y la de su administración.

Mientras tanto, que a las violadas, las golpeadas, las desaparecidas y las asesinadas se las lleve el diablo en uniforme azul y patrulla. Que sus madres lleguen a pedir las cosas por favor, que toquen el timbre y llenen los formularios, que esperen sentadas con una revista y música de elevador. “Sea tan amable de buscar a mi hija. Por favor dígame quién la mató. Le suplico que busque a los policías que la violaron”. ¡Tantita educación, chingada madre!, exigen las autoridades mientras investigan quién fue la desgraciada que rayó una pared. Mientras castigan a la inhumana que arrojó brillantina. Prioridades en un país civilizado.

Y tú, ¿qué opinas?