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‘No todos los hombres’

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

Otra vez es tema nacional la violencia que en este país se ejerce contra las mujeres y otra vez hay una discusión, o más bien miles de ellas, que debaten causas, consecuencias, acciones, conductas, deberes e innumerables temas al respecto. Que esto ocurra, que la gente hable sobre la violencia de género y sobre la violencia en general, que la reconozca como un problema tremendamente grave, que considere necesarias medidas emergentes y bien planeadas, es un paso adelante.

Sin embargo, que gran parte de estas discusiones tengan por argumentos planteamientos sin sentido o que parten de la ignorancia, si es que no carecen por completo de ellos, son dos pasos atrás. Que el debate sea para insultar o agredir abiertamente y con descaro al interlocutor, son tres pasos en reversa. Que discutamos esto hasta que ocurren feminicidios, son cientos y miles de pasos atrás, hasta que la realidad nos es ineludible, hasta que nos revienta en la cara, hasta que conocemos los nombres: Ingrid, Vanesa, Sandra, Claudia… Si hacemos las cuentas; el panorama es desolador.

DENOSTAR DESDE LA IGNORANCIA

Entre todo lo que de nueva cuenta se ha discutido, entre todo lo que es urgente e indispensable, hay tres temas que me han llamado la atención. El primero es que he notado una dificultad tremenda para conocer y comprender el feminismo; más aún, desgana y desinterés por intentarlo. Esto contrasta de modo salvaje con las ganas de abrir la boca o alistar los dedos para denostarlo, para señalarlo como el cáncer de la sociedad actual, como ideología pasajera, como pensamiento innecesario. Qué ocurre cuando a una de estas personas que aborrecen el feminismo les preguntas de qué va, pues en una de esas hasta te convencen de su virulencia… nada, al menos las veces que lo he hecho. Miradas extraviadas en busca de una respuesta que al final no encuentran. 

Tenemos muchas ganas de atacar una forma de pensamiento, pero nulo interés por conocerlo y aprehenderlo. Esto no es nuevo, parece que los seres humanos tenemos reticencia natural a aquello que desconocemos; más aún si cuestiona sistemas a los que nos aferramos incluso con fe para dar sentido a la existencia, de otro modo nos descubrimos arrojados a la nada, solos. Una forma de expresión de esto es el gran temor a reconocer que podemos estar equivocados o que lo estamos por completo. 

‘NO TODOS LOS HOMBRES’

Esta resistencia por reconocer errores, que incluye asumir responsabilidades, nos lleva a la respuesta que he visto de nosotros, los hombres, ante el desvelo de nuestro papel como agentes de violencia contra las mujeres. “No todos los hombres”, nos apresuramos a escribir, primero, para tratar de desmarcarnos de un reclamo legítimo que no entendemos; segundo, para intentar refutar con experiencia personal el análisis de un fenómeno social complejo. 

Los hombres somos señalados como los responsables de la violencia contra la mujer y me parece que es verdad; sin embargo, es necesario acotar que no es una acusación particular a cada uno de nosotros y a una perversidad innata del nuestro género, sino que está dirigida al modelo masculino que construye un sistema social, político, cultural y económico de carácter patriarcal, el cual nos ha formado a todos nosotros. 

Reconocer, pues, que TODOS LOS HOMBRES somos parte de un aparato que nos formó violentos (violencia que tiene diversas formas de expresión, siendo el asesinato el último y más abominable estadio) es necesario para comenzar a descomponer sus elementos con fines de reelaborar nuevos modos de interacción y construcción de identidad. 

REVISIÓN DEL FEMINISMO

El tercer aspecto que desde mi punto de vista merece inmediata reflexión (entre muchos otros) es la revisión y crítica del feminismo. Hace unos días una buena amiga me hizo ver que en Pachuca existe distinción entre las personas por las que lloramos y nos indignamos. 

Esto lo mencionó luego de una de las marchas que en los últimos meses han realizado familiares de víctimas, colectivos feministas y ciudadanía en general en la capital hidalguense. Observó que en estas manifestaciones, a las que llevan pancartas y fotografías de víctimas, están ausentes nombres e identidades de mujeres que desde siempre han permanecido al margen, personas en situación de calle o vecinas de colonias y comunidades que padecen pobreza, además de otros tipos de violencia derivada de problemas sociales diversos. 

Si bien algunas asociaciones feministas sí recogen las cifras y casos de estas mujeres, difícilmente, si no es que nunca, sus nombres e identidades figuran en movimientos, manifestaciones y reclamos que reciben mayor atención mediática. Este sesgo y aun invisibilización no es propia de grupos feministas, por supuesto, pues medios y sociedad en general históricamente han soslayado y marginado muchos sectores de la población por razones varias.

Críticas y revisiones de este tipo (que ya existen), pienso que le vienen muy bien al feminismo, pues le permiten ampliar su alcance al tiempo de reconocer posibles fallas en su agenda, protocolos y reclamos. 

El feminismo es necesario, uno tan sólido como sea posible. De igual manera es indispensable que TODOS LOS HOMBRES tratemos de comprender las condiciones y normas bajo las que fuimos formados y que finalmente derivan en expresiones violentas de distintos tipos que deben ser erradicadas.

ACLARACIÓN
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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