¿Nos dan más calidad?

DESDE EL PROYECTOR

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Por: Mariano Bouchot

Hoy, como nunca antes en la historia de la industria del entretenimiento, particularmente del cine, existe una sobreoferta en las opciones que como público podemos elegir. Estamos en pleno auge de las plataformas de streaming en video, dentro de muy poco tiempo, serán ya incontables.

Pero, esto, ¿es positivo? Si lo es, ¿para quién resultaría así? O, es negativo, ¿a quién afecta? Tendría que realizarse un análisis profundo respecto al exceso de productos cinematográficos dispuestos en todas las plataformas de streaming.

A simple vista es posible observar lo que nos ofrecen las empresas que lideran el mercado del streaming de video de paga en México, para darnos una idea de lo que el público nacional prefiere consumir: series y películas norteamericanas.

También, nos podemos dar cuenta que las producciones mexicanas comienzan a ocupar un lugar preponderante en la oferta de esas compañías. Incluso, la empresa  líder, produce desde hace unos años su propio contenido para satisfacer la demanda de un amplio universo de consumidores locales.

Eso, ha contribuido a dar un giro en la industria de la producción audiovisual mexicana. La producción cinematográfica nacional creció y se diversificó en parte, gracias al auge del streaming. Un número importante de productores encontró otra alternativa para la exhibición de sus películas. Las salas de cine, quedó demostrado, ya no son indispensables.

Eso ha sido algo de lo positivo. Lo negativo viene para el público que paga un servicio esperando productos de calidad y no los encuentra. No sé cuántas veces he escuchado a la gente mencionar el tiempo que ocupan buscando algo en alguna de las plataformas, y nada, terminan viendo lo mismo que se veía en la televisión hace 10 o 20 años.

De las películas mexicanas ofertadas en cualquiera de las plataformas de paga, pocas, muy pocas, son buenas. Lo mejor de sus catálogos son las cintas clásicas, y, las que no son estrenos. Me he encontrado con muy extraordinarios títulos de la Época de Oro del cine mexicano, o, con películas de culto, como las del Santo.

Pero también es muy probable encontrar contendidos tan malos, a los que no me atrevería a llamar “películas”, solo son videos de más de una hora de duración; con nulos valores en su producción. Dudo mucho que productos audiovisuales tan mal producidos, tan mal hechos, logren tener un público que les genere ganancias.

Las compañías de streaming de paga deben establecer parámetros de calidad más altos en la elección de sus contenidos. Le harían un favor a quienes realizan esas obras tan malas, quienes poco o nada aportan a la industria mexicana del cine. Y, el público consumidor, lo agradecería. Entonces ¿Nos dan más calidad?

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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