Opinión

Nuestra Señora del cine

DESDE EL PROYECTOR 

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Por: Mariano Bouchot

En días pasados el mundo occidental se cimbró con la noticia del incendio en la catedral de Nuestra Señora de París. Portales y páginas noticiosas nos mostraban las imágenes del siniestro en el centenario edificio. Gracias a las redes sociales pudimos observar fotos y videos de gente que con sus teléfonos documentaba el voraz fuego que consumía siglos de historia.


El cine, en otra de sus múltiples virtudes, ha logrado acercar al espectador a lugares y espacios de los que por lo menos en el imaginario, nos vamos apropiando. Desde luego que la literatura, antes que la cinematografía, tiene esta virtud, pero la cinematografía ilustra las palabras, nos lleva a los territorios donde transcurren las historias.


La catedral de Nuestra Señora de París, un edificio gótico, de los más visitados en el mundo, alcanzó mayor notoriedad gracias a la estupenda narrativa de Víctor Hugo, con su novela ambientada en el siglo XV, que lleva por título Notre-Dame de Paris (Nuestra Señora de París). Publicada en 1831, ha sido esta, una de las grandes influencias de la literatura en el cine.


Pocos edificios de occidente poseen historia similar a la de de Nuestra Señora de París. Víctor Hugo la hizo mítica con su Jorobado y Esmeralda. La primera versión para el cine de esta novela se hizo en 1905, con un corto francés de 10 minutos, titulado Esmeralda. Del cine silente existe otra versión, una finlandesa de 1911, dirigida por Albert Capellani y duración de 36 minutos, titulada Notre-Dame de Paris.


No tengo duda que la versión más memorable para el público es la que produjo Disney en 1996, con el título El Jorobado de Nuestra Señora, una extraordinaria cinta de dibujos animados. No debemos olvidar al magnífico Anthony Quinn como Quasimodo y a la siempre bella Gina Lollobrigida como Esmeralda, en la versión de 1956, titulada Nuestra Señora de París, dirigida por Jean Delannoy. De las versiones que conozco me quedo con la de 1923, dirigida por Wallace Worsley; El Jorobado de Notre Dame, con un fenomenal Quasimodo, interpretado por Lon Chaney.


El celuloide, convertido en la memoria visual de la historia reciente de la humanidad, guardará para siempre las imágenes de la majestuosa catedral parisina. Víctor Hugo fue un gran promotor de la herencia gótica de Francia, particularmente de este recinto católico, cuyo valor histórico más allá de haberse mantenido a salvo de las dos guerras mundiales del siglo XX, que ya es mucho decir. Nuestra Señora de París, se mantuvo intacta cientos de años, la revolución Francesa, Napoleón y muchas batallas rodearon a ese icónico edificio.

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