Opinión

Nueva normalidad y unidad imaginada

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

Han pasado varios días desde el supuesto pico de la pandemia en México estimado por las autoridades de salud; aun así, todavía reportan aumentos en el número de contagios con tendencia al alza, escenario que se antoja más complicado en próximos días antes de verdaderamente comenzar a mejorar. Además, entusiasmados por el anuncio de una transición paulatina a la “nueva normalidad”, habitantes de varios puntos del país comenzaron a relajar el confinamiento pues ya no ven tan lejos la luz al final del túnel y consideran que pueden empezar a salir para estirar las piernas. 

Veo en la calendarización presentada por el gobierno de Andrés Manuel dos motivos. El primero, la urgencia (con justificación plena) de reactivar las actividades económicas antes que el golpe sea mucho más severo de lo que ya es; por supuesto, también apresurado por la presión empresarial que amenaza al tabasqueño con hacer tambalear su bote si no cede en las restricciones de producción. 

Malabarear con salud y economía era el escenario previsto, no solo para México, sino el mundo entero. Las condiciones políticas de enfrentamiento, sin embargo, prevén un resultado adverso para el presidente, ya sea por priorizar uno u otro tema e incluso por intentar equilibrar, pues habrá daños en ambos rubros. Lo salvarían sendos resultados excelentes, pero ese tren ya va lejos.  

El segundo motivo es la insistencia presidencial por congraciarse con “el pueblo”. Entregarles la esperanza (palabra favorita del momento) concreta, con fecha y toda la cosa, de cuándo volverá el mundo con su cotidianidad hostil, pero acostumbrada (más vale diablo conocido…). No podía ser de otra forma, pues ese “pueblo” es la base que llevó al de Morena a sentarse en la silla que soñó tanto, necesita mantener su apoyo. 

Mas el optimismo irreal (es evidente que la pandemia no está ni cerca de ser domada) del presidente puede contagiarse e impedir que la ciudadanía acate las medidas de prevención. De por sí la calendarización de “la nueva normalidad” ha confundido a más de uno que cree que ya tenemos permiso de volver a las peluquerías a leer el Kalimán; aunque es preciso indicar que la falta de comprensión de habitantes y detractores no es culpa de López Obrador.

Frente al repunte de contagios, autoridades llaman a los mexicanos a la unidad como posibilidad única para librar la emergencia y terminar pronto el confinamiento. Actuar como un colectivo consciente de sí mismo cuyos individuos reconocen los lazos entre ellos y acatan las disposiciones para el beneficio común. Es esta idea muy bella, pero ¿posible?

Invocar a la unidad nacional implicaría que existe tal cosa, pero asomarse a la realidad es desesperanzador. El norte ve al sur como un lastre económico, el centro ve al interior (siempre lo ha hecho) desde arriba con pretendida superioridad en todas las formas, las urbes miran a su periferia con desdén y hasta con repulsión. Hemos priorizado y profundizado las distinciones geográficas, sociales, económicas y culturales para tener la oportunidad de saborear la superioridad, aunque inventada.

Andrés Manuel no dividió este país, ya estaba bien partido desde antes, pero tampoco ha hecho mucho por sellar grietas, al contrario. Tampoco lo hemos hecho nosotros y convendría hacerlo pronto.

ACLARACIÓN               
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

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