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Luis Echeverría, el espejo verdadero de López Obrador

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Perspectiva Foto: Grupo AM

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Según corrió la voz en redes ayer, José Antonio Meade renuncia hoy a su cargo en Hacienda para “buscar” la candidatura del PRI. Ya es tiempo.

Su principal contrincante y puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, lleva años promoviendo su campaña con nuestros impuestos en todas las estaciones de radio del país. Su partido Morena fue diseñado como plataforma política personal. Se abultó con la izquierda moderada del PRD y la troglodita del PT y otras entidades izquierdistas trasnochadas.

Meade debe entrar ya a la competencia y exponer la razón fundamental de un ciudadano patriota, integro y preparado. Bien dijo el canciller Luis Videgaray: conozco al secretario José Antonio Meade desde hace muchos años, por lo que soy testigo fiel no sólo de su inteligencia notable, de su extraordinaria preparación y experiencia, sino de sus valores, "siendo el más importante de todos su integridad y patriotismo”.

Pero, ¿cómo deslindar a Meade del basurero en que se convirtió el PRI en este sexenio, con el mayor índice de corrupción de la historia de México?¿cómo compensar el descrédito y la baja popularidad del presidente Enrique Peña Nieto?

Son los enemigos de Meade el Peje, Anaya y la herencia del partido que lo postulará. El argumento para su rescate está en las palabras de Videgaray. Un hombre limpio que no le debe nada al PRI o al PAN y una preparación impecable sobre economía, derecho y función pública.

Es exagerada la postura de quienes igualan el destino de México con el de Venezuela si llega el Peje al poder. Nuestro país tiene instituciones sólidas a pesar de todo. Hugo Chávez y Nicolás Maduro tuvieron el apoyo de fuerzas armadas corruptas. En México el Ejército jamás permitiría lo que sucede en Venezuela, ni lo haría el Banco de México, ni el Congreso que estará dividido en tres fuerzas políticas.

Lo grave es que perderíamos tiempo, lo más valioso que tiene la vida. Los jóvenes de hoy no recuerdan ni saben a ciencia cierta quién fue Luis Echeverría Álvarez, el populista que derrumbó la economía nacional y retardó la prosperidad del país por una generación o más.

Cuando escucho al Peje es un “deja vu” o la repetición instantánea de una pesadilla llamada Luis Echeverría. México en 1970 producía más autos que Corea, su economía era más fuerte per cápita que Brasil y se codeaba en productividad con España o Chile. Echeverría destruyó todo. Elevó el gasto público, dilapidó el patrimonio y el ahorro nacional con empresas públicas que chorreaban dinero y corrupción.

Don Antonio Ortiz Mena, quien fuera el secretario de Hacienda con Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, lo dijo en una frase sencilla: “se gastó los ahorros de abuelita”. Al final de su mandato en 1976, tuvo que devaluar el peso que había permanecido fijo en 12.50 por dólar durante dos sexenios.

Díaz Ordaz se daba de topes y decía que la peor estupidez que había hecho en su vida era dejar a Echeverría en el poder. Igual, la peor tontería que podemos hacer los mexicanos es cobrar venganza de la corrupción y las patrañas del PRI eligiendo al Peje. Lo que desconocemos de Meade es su voluntad política, su carácter y fortaleza de ánimo. Necesitaremos un presidente con muchos tamaños para combatir la inseguridad y corrupción que nos agobian y desalientan. (Continuará)

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