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Las mentiras de los políticos populistas

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La Unión Europea acaba de cerrar un trato con el Reino Unido para concretar el primer paso del llamado “Brexit” o salida de los ingleses de la Comunidad Europea. Después de duras negociaciones, el Reino Unido pagará 45 mil millones de Euros a la Unión por seguir comerciando con ella. También se ajustará a las leyes de Bruselas y tendrá que establecer tratados con cada uno de los países del Continente.

Ganará a cambio parte del control migratorio que había cedido y al tiempo dejará de pagar cuotas a la Comunidad Europea. El saldo del Brexit costará mucho más de lo que el populismo prometiera a los votantes. Los promotores del Brexit y los poco más de la mitad de británicos que votaron por esa “independencia” se engañaron. Prometían un ahorro de 300 millones de libras por semana: falso. Prometieron independencia económica y mayor autonomía política: falso. Formales y flemáticos, los británicos pagan su error. Tal vez algún día regresen.

En Cataluña Carles Puigdemont y otros independentistas prometieron a sus paisanos la libertad de España. Como país independiente, Cataluña sería una potencia europea con territorio demarcado, leyes propias y una economía que no tendría que rendir tributo a la Corona. La vena nacionalista fue suficiente para organizar una votación ilegal y luego declarar la independencia unilateral, es decir sin negociación previa. El resultado es un desastre. Puigdemont está exiliado en Bélgica mientras espera la votación del 21 de diciembre. Las inversiones ya no fluyen a Cataluña, las empresas están a la espera de irse si se consumara una insubordinación general a España y su gente está dividida y enfrentada.

Ya la Unión Europea dijo que no reconocería a Cataluña como parte de ella y, en una supuesta independencia, tendría que imprimir su moneda, tener su ejército, establecer sus fronteras y su representación diplomática en todo el mundo. En Latinoamérica no se le reconocería y se convertiría en un naufrago de la comunidad internacional. La vena nacionalista los atrasaría décadas. La mentira de sus políticos fue venderles la libertad y la soberanía cuando ya son libres y soberanos. El cuento ya les cuesta demasiado.

Hugo Chávez vendió la mentira de la independencia venezolana del “Imperio Norteamericano”, al tiempo que endeudaba a su país con préstamos con bonos en el mercado  de Nueva York y dinero de China. Nicolás Maduro termina de hundir al país más rico en recursos naturales de Latinoamérica. El costo humano es indecible.

La semana pasada el Congreso Norteamericano de mayoría republicana sacó una ley donde se reducen los impuestos del 35 al 20 por ciento en las empresas y se bajan también las contribuciones de las familias más adineradas. Donald Trump lo prometió y lo cumple. El chiste de gastar más y cobrar menos impuestos hará que la ya abultada deuda del Tesoro brinque los 20 billones de dólares, más de lo que Estados Unidos produce en un año. Como nada es gratis, las futuras generaciones pagarán con creces las matemáticas ilusas de Trump y sus economistas. La fiesta del gasto sin ingresos suficientes siempre se convierte en una amarga cruda. Janet Yellen, de la Reserva Federal,  dijo con astucia: quien piense en la deuda del país, no podrá dormir en paz.

El candidato del Frente, Ricardo Anaya, promete ingreso universal en México. Dinero para todos.  Un concepto de avanzada, sin embargo no le pone números al gasto ni metodología al invento. El 2018 estará lleno de promesas populistas. (Continuará)

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