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Primer pellizco

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Foto: Grupo AM

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Donald Trump sacó las uñas y dio un pellizco a China a Corea y a México al imponer tarifas a las importaciones de lavadoras de más de 10 kilos y paneles solares. Es el primer golpe de aranceles. Un pellizco unilateral que China no tardará en responder.

El gigante asiático tiene muchas palancas para defenderse y lo hará en la misma proporción que el daño a sus productores de paneles solares. Corea, como México, tiene más que perder si responde en especie. Aunque lo debemos hacer.

El presidente norteamericano practica la rudeza innecesaria en un tema que costará más a los consumidores norteamericanos y a los mismos trabajadores de la industria de energías alternas. Michael Bloomberg, uno de los empresarios más ricos del mundo y ex alcalde de Nueva York lo mencionó con claridad: Estados Unidos perderá más empleos por esa barrera comercial.

México puede alegar que el arancel unilateral rompe con el Tratado de Libre Comercio, pero eso es precisamente el pretexto de Trump. El señor está ahí para romperle la cara a quien se le ponga enfrente. Las lavadoras que México exporta significan menos de 500 millones de dólares. Una pequeña fracción de nuestro comercio. Sabemos que en Guanajuato hay plantas productoras de paneles en Irapuato y una fábrica de lavadoras en Celaya; el impacto inmediato para nuestro estado no es claro.

Nuestros representantes podrían también responder con un arancel a los lácteos de Wisconsin o a las ventas de Netflix, Google o Facebook en México. También podrían cancelar compras de equipo militar. Hay mil rubros en los que nos podemos defender, pero al final del día está la estabilidad económica sustentada en el TLC. Estados Unidos podría poner un arancel al aguacate o los cítricos. Comenzaría una guerra comercial. Y como todas las guerras, sería costosa para todos.

Si el TLC fuera suspendido por órdenes de Trump, podría ser el principio de una prolongada caída en la Bolsa de Nueva York. Las barreras al comercio afectarían a cientos de empresas y enviarían una señal terrible a los mercados. Trump conserva parte de su popularidad por el éxito de su rebaja de impuestos a las empresas y a los ciudadanos. Cualquier descalabro económico haría que el partido Republicano perdiera las elecciones y el control legislativo.

Las ofensas del presidente norteamericano nos hacen sentir impotentes, discriminados y vejados. Lo único que podemos hacer es actuar con serenidad y esperar el tiempo, que es el amigo de todos los problemas temporales. El péndulo de la política siempre llega. Los fenómenos de la física se replican en las relaciones públicas y privadas. Al tiempo toda acción genera una reacción igual y en sentido contrario. Lo que siembra Trump de odio, discriminación y fascismo, lo recogerá en tormentas.

Será interesante la respuesta del resto del mundo en los discursos de Davos, donde se reúnen los más importantes estadistas y empresarios. Habrá un coro de rechazo a la política sectaria de “primero Estados Unidos”, una reminiscencia de la política excluyente y fanática de Adolfo Hitler en Europa.

Si los conservadores norteamericanos piensan que en verdad su país debe estar en primer lugar a base de agravios, pronto perderán el poder. Hagamos lo que Gandhi, sentémonos a esperar y aguantemos el tiempo necesario.

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