Perspectiva

Las grandes mentiras a partir de creencias equivocadas.

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Los sacerdotes y los reyes en el pasado, los políticos en el presente y las redes sociales en lo cotidiano fueron y son una fuente inagotable de mentiras, de medias verdades y de creencias falsas.

En el viejo Egipto los faraones y sacerdotes hacían pirámides como mausoleos. Cientos de miles de trabajadores construyeron esos sepúlcros monumentales con la creencia del ultramundo. Todo inspirado desde el poder.

San Pedro, la iglesia emblema del catolicismo se edificó mayormente con la venta de indulgencias, que aseguraban un mejor lugar entre el Purgatorio y el acceso al Cielo por mediación sacerdotal. De ahí vino la Reforma de Martín Lutero, quien a su vez creó sus propias ficciones.

En el Siglo XIX, Carlos Marx se inventó el Materialismo Histórico como única fuente de conocimiento verdadero y dogma sobre el devenir económico de la humanidad. Su doctrina cambió el destino del siglo pasado. Sus sacerdotes y acólitos latinoamericanos usaron su teoría para hacerse del poder y perpetrar los peores crímenes de conciencia, al estilo de una nueva inquisición tropical.

A principios del Siglo XVII, la ciencia y la Ilustración avanzaban con Renato Descartes, Nicolás Copérnico, Galileo y los enciclopedistas. Pasarían tres siglos para consolidar la verdad científica como herramienta básica para conocer la realidad.

Ya a finales del Siglo XX y principios del XXI nacen las aplicaciones a los descubrimientos de Albert Einstein o Max Planck. Satélites ajustan sus relojes, que van a velocidad distinta de los nuestros, bajo las leyes de la relatividad. La física cuántica comienza a usarse para crear supercomputadoras y nace el portento del siglo: la Inteligencia Artificial.

El conocimiento crece en forma exponencial a partir de la revolución de Internet. Más de la mitad de los científicos que ha dado la humanidad viven y surge una competencia entre grandes naciones. La disputa por el futuro se da entre China y Occidente.

Mientras eso sucede, los políticos autóctonos se convierten en modernos sacerdotes, en predicadores cotidianos que esparcen, igual que hace 3 mil años, creencias falsas y en ocasiones mentiras de una ignorancia supina asombrosa.

Una de las falsedades que escuchamos casi a diario es la historia negra del neoliberalismo como enemigo público número uno. Acusan a la libertad de crear, producir y producir capital,  las causantes de la corrupción, el atraso, la pobreza y la injusticia. Hasta del aumento en los divorcios, según el predicador del momento.

Es falso.

El neoliberalismo, gobernado por democracias desarrolladas, es la fuente más grande de prosperidad humana. Los países escandinavos, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur, Hong Kong, China y Taiwan son algunos ejemplos del triunfo del neoliberalismo. Nunca en la historia de la humanidad un país creó tanta riqueza y sacó a tantos millones de la pobreza en tan poco tiempo como China. Su modelo político no es democrático. Es un país autoritario pero neoliberal en su economía. Tal vez el más capitalista y neoliberal del mundo.  Como bien señala Carlos Arce, colaborador dominical de am, el problema está en la disposición natural del mexicano a las creencias y no al pensamiento.

Para prosperar no necesitamos de un gobierno de derecha, ni de izquierda; se requiere de ambas extremidades para avanzar. Producir y crecer bajo el neoliberalismo y distribuir bajo un programa social de izquierda moderna. Ese es el secreto de la prosperidad sostenida.

(Continuará)

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