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Política mexicana: al final nadie es responsable

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

“Yo soy la directora general del Metro, solamente”, dijo para insinuar inocencia Florencia Serranía Soto, luego que en conferencia de prensa le preguntaron si tuvo alguna responsabilidad por el incendio en las instalaciones del Puesto de Control Central del Metro CDMX, que ocasionó la muerte de María Guadalupe Cornejo Hernández, agente de la Policía Bancaria e Industrial.

Además, el siniestro dejó sin servicio las líneas 1, 2, 3, 4, 5 y 6, lo cual provocó un nuevo caos en la capital del país pues hasta este lunes seguían sin funcionar. Por ello, cientos de miles de personas estaban a la buena de Dios en espera de un vehículo al que pudieran colarse para no llegar tarde a sus trabajos.

El trastabilleo de la funcionaria es reciente oportunidad para que detractores de la 4T embistan otra vez contra los gobiernos capitalino y federal, al acusarlos de irresponsabilidad criminal por incompetencia. Aunque el recurso de Serranía Soto para lavarse las manos tras la tragedia (murió una persona) no es para menos, tampoco es de manufactura exclusiva morenista, más bien producto de un sistema político que permite a los funcionarios evadir responsabilidades y consecuencias por sus acciones y omisiones.

En tiempos recientes, por ejemplo, autoridades de distintos niveles en Hidalgo han mostrado desinterés, ineptitud o incongruencia (acaso las tres) frente a un problema mayúsculo como es la pandemia de COVID-19, que en las últimas semanas ha incrementado su virulencia y los repuntes del año pasado palidecen ya frente a las circunstancias actuales: al 10 de enero, 13 hospitales del estado reportaban saturación, mientras que otros cuatro tenían ocupación de entre 78 y 95 por ciento. Tan solo en la última semana el SARS-CoV-2 causó en Hidalgo mil 158 contagios y 255 fallecimientos. 

Con los dedos en la puerta, autoridades decidieron endurecer las medidas sanitarias para evitar el colapso de los servicios médicos y piden cordura, responsabilidad y paciencia por parte de la ciudadanía. Sin embargo, son las mismas autoridades que por un lado llaman a la empatía, pero, por otro, realizan actos insensatos como la entrega pública de juguetes con motivo del Día de Reyes, como hizo la administración de Sergio Baños en Pachuca. 

Por lo anterior, el alcalde capitalino recibió reprimenda del gobierno estatal que le recordó en redes sociales que la concentración de personas está prohibida durante la alerta roja en el semáforo epidémico. No obstante, es la misma autoridad estatal, en la figura del gobernador Omar Fayad, la que pocas semanas antes acudió a las tomas de protesta en Pachuca y especialmente en Mineral de la Reforma, con eventos multitudinarios, fastuosos y completamente innecesarios precisamente porque ¡estamos en pandemia!

Apenas rindió protesta, Israel Félix, presidente municipal de Mineral de la Reforma, anunció audiencias públicas para conocer los problemas de la demarcación en voz de quienes los padecen. Si pensamos que esta decisión es producto de buenas intenciones y no estrategia de posicionamiento propagandístico (no hay que ser malpensados), representa al menos dos gazapos: para cuando llegas a alcalde electo, pienso, ya deberías conocer los problemas del municipio que vas gobernar, por lo que no habría que convocar a cientos de personas (como hizo en el primer día) para que te expliquen lo que hace falta. El segundo es que incumples el llamado que te han repetido por meses para evitar la concentración de gente. Al final anunció que suspenderá sus audiencias.

Previamente, el PRI realizó un baile para festejar su triunfo electoral sobre los extraviados morenistas; antes, partidos y candidatos ignoraron las medidas sanitarias y optaron por mantener campañas presenciales y con visitas domiciliarias; anteriormente, autoridades electorales se empecinaron en realizar las elecciones en Coahuila e Hidalgo aun con los riesgos que implicaron. En este último estado, la decisión derivó no solo en contagios, sino también en el fallecimiento de aspirantes y funcionarios electos.

Este año es electoral y el proceso (el más grande hasta ahora) parece inmutable a pesar de la crisis de salud en que nos encontramos. Nuestros representantes o quienes aspiran a serlo no quieren hacer a un lado la oportunidad de gobernar ni de permanecer bajo los reflectores para que ciudadanas y ciudadanos sepamos quiénes son y no olvidemos sus rostros a la hora de votar.

En contra parte, cuando es necesario asumir consecuencias la clase política mexicana tiene bien ensayado el lavado de manos. ¿Cuándo será el día en que tras una tragedia como el incendio en instalaciones del Metro o por la falta de congruencia entre palabras y acciones como lo que han hecho en toda la pandemia, un funcionario aparezca ante la ciudadanía para decir: es mi responsabilidad, me equivoqué y renuncio?

ACLARACIÓN                                               
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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