¿Qué es el androcentismo?

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Por: Michelle Ortiz

Nos han enseñado que la mujer viene de la costilla de Adán, que somos un acompañamiento a los deseos y voluntades de nuestros compañeros, y que estamos aquí para ser la mujer que esté detrás de todo “gran hombre”....¿Pero y si nada de eso fuese cierto? ¿Quién decidió el papel que teníamos que representar? ¿Por qué seguimos aceptandolo?

Comencemos con los conceptos

El androcentrismo es la visión del mundo que sitúa al hombre como centro de todas las cosas. Esta concepción de la realidad parte de la idea de que la mirada masculina es la única posible y universal, por lo que se generaliza para toda la humanidad, sean hombres o mujeres.

El androcentrismo conlleva la invisibilidad de las mujeres y de su mundo, la negación de una mirada femenina y la ocultación de las aportaciones realizadas por las mujeres.

Y este concepto es algo que nos enseñan desde pequeños, como forma de socialización, niñas y niños se hacen mujeres y hombres por el proceso de socialización que se encarga de reprimir o fomentar las actitudes que se consideran adecuadas para cada sexo.

Entonces conforme vamos creciendo aceptamos el rol secundario en esta vida, creemos que todo lo que se encuentra fuera de estas concepciones son situaciones anti-narutales.

La visión "androcéntrica" segmenta a mujeres y hombres y refuerza estereotipos de unas y otros según los papeles (roles) que deben cumplir en diversos ámbitos de la vida pública y privada.

Es importante considerar que esta visión androcéntrica no sólo minimiza o desvaloriza a las mujeres, también impone un tipo de masculinidad para los hombres y anula el reconocimiento de otras formas de vivirla, ya que el "modelo masculino" que aparece como representación de la humanidad reúne un conjunto de atributos caracterizados por la condición social, preferencias sexuales, credos religiosos y apariencia física.

Al igual que sucede con la representación de lo femenino, el modelo de masculinidad se distingue por ser joven, jefe de familia, profesional, físicamente apto, blanco y heterosexual. De ahí que todos aquellos que no cumplen con estos atributos, dígase personas con discapacidad, adultas mayores, pobres, homosexuales, indígenas, etcétera, son invisibilizados o menospreciados con expresiones lingüísticas o imágenes que refuerzan la vigencia de estereotipos sexistas claramente discriminatorios.

Por lo tanto, el androcentrismo como ideología sexista estigmatiza a las mujeres y los hombres que no correspondan con los estereotipos que rigen el "deber ser" de las personas, según su sexo. Las principales víctimas de esta construcción masculina del mundo son las mujeres. Pero los varones, además de verdugos también son víctimas de sí mismos.

También los estudios analizan cómo la masculinidad como concepto ha permanecido oculta porque ha creado la ilusión de que el hombre habla y actúa en nombre de la humanidad. Ésta es la razón por la que históricamente, parecía que lo raro, lo analizable, lo que había que definir y estudiar era lo «femenino» puesto que lo «masculino» se consideraba lo normal, la norma, lo no cuestionable.

Si bien aún no falta mucho camino por recorrer, debemos comenzar a quitar estas prácticas del día a día, por que la mejor manera de acabar con este modelo tan antiguo e impráctico en pleno 2020, es dejar de replicar viejas prácticas que nos rodean día a día.

Por lo que te comparto el siguiente texto, espero ayude a reflexionar como el andocentrismo ha estado tan establecido que lo hemos aceptado en TODO.

POR CADA MUJER HAY UN HOMBRE...

Por cada mujer cansada de tener que aparentar debilidad, hay un hombre que disfruta de protegerla esperando sumisión.

Por cada mujer cansada de tener que actuar como una tonta, hay un hombre que aparenta saberlo todo porque eso le da poder.

Por cada mujer cansada de ser calificada como «hembra emocional» , hay un hombre que aparenta ser fuerte y frío para mantener sus privilegios.

Por cada mujer catalogada de poco femenina cuando compite, hay un hombre al que no le importa pisar a quien sea con tal de ser el primero.

Por cada mujer cansada de sentirse un objeto sexual, hay un hombre que disfruta utilizando a las mujeres para su placer.

Por cada mujer que se siente atada por sus hijas e hijos, hay un hombre que disfruta de tiempo libre a su costa.

Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o salario satisfactorio, hay un hombre que se aprovecha del trabajo gratuito hecho en casa y que no mueve un dedo para reivindicar la igualdad de derechos laborales de la mujer.

Por cada mujer que desconoce los mecanismos de un automóvil, hay un hombre que cuando llega en coche a casa tiene mesa y mantel puesto.

Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación, hay un hombre que tiene miedo de perder su lugar privilegiado ante ella.

Por cada mujer que es víctima de violencia en el hogar, hay un hombre que la ejerce y lo niega, presentándose como víctima de las «provocaciones» o el «abuso psicológico» femeninos y muchos otros que miran hacia otro lado en un silencio cómplice.

Por cada mujer que confía en que los hombres quieren la plena igualdad de derechos, hay cientos de hombres confiando en que «todo cambie un poco para que todo siga igual».

Si queremos que las cosas cambien y desaparezcan las desigualdades dejémonos de autocomplacencias masculinas y asumamos nuestras responsabilidades.

(Texto de Luis Bonino, Dani Leal, José Ángel Lozoya y Peter Szil)

ACLARACIÓN                                                     
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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