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¿Qué significa el Covid-19? FINAL

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Por: Andrés Chávez Pumarejo

Decir que la pandemia de Covid-19 ha cambiado nuestras vidas es un lugar común.  Han pasado dos meses desde que se decretaron las primeras acciones de sana distancia en nuestro país, y la “nueva normalidad” es algo difícil de aceptar.  Lo importante es preguntarnos si será permanente, porque de la respuesta a la pregunta depende la respuesta a la crisis.

Para ello, hay que entender cómo funciona una epidemia: nunca en la historia ha habido una que desaparezca después del primer brote de contagios.  Por ejemplo, la gripe española de 1918, tuvo por lo menos dos brotes grandes antes de 1920, y todavía en 1928 seguían reportándose casos. 

El nuevo coronavirus avanza en forma dispareja entre los países: quienes hoy reabren actividades, probablemente en unas semanas tengan nuevos brotes, por lo que no hay razón para esperar que vaya a “desaparecer por arte de magia”, como sugirió Donald Trump. 

Lo más seguro es que la crisis se extienda hasta que adquiramos “inmunidad de manada” o descubramos una vacuna.

La “inmunidad de manada” se refiere al punto en el que más de la mitad de una población afectada por una enfermedad se infecta, desarrollando una inmunidad natural que dificulta su propagación.  Al inicio de la pandemia, el Reino Unido planteó esta vía para resolver el problema, solo que, al ver las hospitalizaciones y fallecimientos que ello causaría, optaron por la cuarentena.

Para obtener la vacuna, empresas, universidades y laboratorios de EUA, China, Alemania y Reino Unido, trabajan en 100 proyectos distintos.  En el escenario optimista, estará lista en diciembre.  Después, hay que fabricarla, distribuirla, y aplicarla por lo menos entre la mitad de la población de cada país.  Los retos de producción, logística y política internacional que ello implica son inéditos. 

Muchos expertos han dicho que lograr la vacuna es incierto.  En opinión del líder de proyecto en la Universidad de Oxford – que es uno de los más avanzados y mejor financiados – las probabilidades de desarrollar una que en verdad funcione son del 50%.

Luego entonces, lo mejor que podemos hacer es acostumbrarnos al nuevo coronavirus, porque va a estar con nosotros mucho tiempo: ayer Washington Post publicó un reportaje en donde sugiere que, incluso con una vacuna, nunca se irá.

La cuarentena, a pesar de su costo económico, fue la mejor manera de enfrentar la pandemia.  Ahora, hay que prepararnos para que, cuando sea seguro, recuperemos las actividades productivas, siguiendo los esquemas preventivos que conocemos: lavarnos las manos, limpiar superficies de uso cotidiano, evitar lugares cerrados y usar cubre bocas.

Además, quienes no puedan trabajar desde casa, deberán seguir estrictos protocolos de seguridad e higiene laboral, acordes a cada giro. 

Si seguimos estas normas, podremos avanzar en la recuperación económica sin causar un incremento en los contagios que ponga en riesgo al sistema de salud.

Veo en la aplicación de estas medidas la oportunidad de consolidar una sociedad civil responsable y participativa en nuestro país.

La derrota del virus está en manos de los ciudadanos. Depende de nosotros, no del Gobierno, respetar, y hacer valer las medidas y protocolos de prevención. Habrá que ser muy responsables para estar a la altura del reto.

En ese sentido, hay que decir que, a pesar de las críticas a su estrategia, de sus datos cuestionados y de sus mensajes contradictorios, el Gobierno de México ha mantenido la estabilidad en medio de la crisis, el presidente ha respetado a los gobernadores, y al Dr. López Gatell le ofrecieron chamba en la OMS.  En términos sanitarios – no así en materia económica – algo se estará haciendo bien.

En el entorno global, soy menos optimista.  Además de 350 mil personas fallecidas, el nuevo coronavirus cuenta entre sus víctimas a la globalización.

Los organismos multilaterales construidos para evitar otra Guerra Mundial, como la ONU y la Unión Europea, fueron rebasados por la crisis, y su utilidad quedó en duda. 

Estados Unidos y China, que deberían estar encabezando la respuesta a la emergencia, han hecho de su relación bilateral un reclamo permanente, lo que ha traído consecuencias muy negativas para el comercio y la estabilidad mundial, que se van a agravar si Trump se reelige.

Preocupa el futuro de América Latina.  Según la CEPAL, tan solo este año en la región vamos a perder más de 37 millones de empleos, y 29 millones de personas adicionales caerán en pobreza.  El efecto que esta crisis tendrá sobre naciones hermanas como Perú, Chile y sobre todo Brasil, donde Jair Bolsonaro ha manejado la situación de la peor manera posible, será perdurable.

Veo y siento la incertidumbre, pero también soy el primero en reconocer que la situación es una oportunidad de reinventarnos, para cambiar lo que no sirve y reforzar lo que está bien. 

Tengamos confianza. La pandemia nos ha unido más a la familia, a Pachuca, y al país.  Me enorgullezco de nuestra solidaridad y resiliencia; de los millones de mexicanos que trabajan para que sigamos avanzando; y de la lucha que, más allá de nuestras ideologías, sostenemos juntos contra este astuto virus llamado SARS-COV-2.

ACLARACIÓN                 
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo. 
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