Rompiendo esquemas

INSUMISAS

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Por: Michelle Ortiz

Las mujeres estamos al frente de de las luchas por la justicia, la igualdad y los derechos humanos, basta con mirar a la Marea Verde que cada vez llega más lugares o las protestas de mujeres indígenas por salvar la tierra que les pertenece, salvarguardando los grandes tesoros de la madre tierra.

Mujeres indígenas, mestizas, negras, del campo y de la ciudad, mujeres madres, migrantes, lesbianas, transexuales, mujeres jóvenes, ancianas, desde sus diferentes orígenes, expectativas y experiencias de vida, con su trabajo, su lucha diaria, su dignidad y resistencia, pese a los múltiples obstáculos y dificultades, contribuyen a la construcción de un mundo más justo y habitable para todas las personas.

COMENCEMOS CON LOS CONCEPTOS

Citando el libro de Nuria Valera: Ha sido tarea del feminismo de las últimas décadas cuestionar, modificar y ampliar los saberes. Desde que las mujeres conquistaron el derecho a acceder a la educación masivamente y en todos los tramos hemos revolucionado el mundo en todos los campos como el de la economía, la política, la violencia, el arte, la música y muchos más.

Ahora tenemos la gran tarea de continuar con todos estos cambios, partiendo desde la infancia, de romper el esquema y comenzar nuevos métodos de crianza, pero también considero importante que como mujeres jóvenes y adultas eliminemos los mitos y prejuicios que nos rodean:

El primero, el padre de todos los prejuicios, es el que dice que la desigualdad entre hombres y mujeres es natural —no las diferencias biológicas, sino las desigualdades entre los derechos de unas y otros—, y prueba de ello —se añade— es que ha existido siempre. Así, cuando las mujeres desmintieron con sus vidas aquellas características que se les decía eran naturales a su ser, incluso se afirmaba que no era algo impuesto, sino que a las mujeres les gustaban —estar en casa, no opinar, ser dulces y complacientes, ser pasivas, no tener deseo sexual, no tener inteligencia, sólo sensibilidad...—, en vez de rectificar el error, ilustres señores explicaban que quien se había equivocado era la naturaleza. Igual que cuando se aseguraba como verdad que las mujeres teníamos instinto maternal. Cuando no una, sino miles de mujeres decidieron no tener hijos, no se cuestionó la mentira inventada y repetida, eran esas mujeres las que eran raras, eran excepciones, ¡miles de excepciones!   

Lo mismo ocurrió cuando las mujeres decidieron salir a estudiar, trabajar, votar por quienes las representarían en cargos públicos y en años más recientes, el poder ser elegida en lugares de poder público, en decidir a que persona o personas amar, a decidir sobre sus cuerpos, ideas y sentimientos.

Otro prejuicio que ha existido desde la edad media, considerado uno de los más viejo, consiste en halagar a la mujer remarcando diferencias, cualidades que sólo ella tiene. Un buen ejemplo es la típica frase «Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer». Frecuente homenaje, dudoso elogio que, según el escritor uruguayo Eduardo Galeano reduce a la mujer a la condición de respaldo de silla.

Podemos incluir entre los prejuicios el que se tiene vulgarmente sobre la diferencia entre los dos sexos y todo lo que depende de ella. Los prejuicios son fundamentales porque no forman parte de la lógica, ni de la ciencia, ni de la razón. Nadie con dos dedos de frente puede creer —y mucho menos defender— que ser biológicamente mujer, es decir, tener útero, senos y clítoris, traiga consigo la obligación de fregar platos y poner lavadoras. Como nadie en su sano juicio puede defender que la posibilidad de parir supone la imposibilidad de conducir o presidir un país. La teoría feminista indaga en las fuentes religiosas, filosóficas, científicas, históricas, antropológicas y en el llamado sentido común para desarticular las falsedades, prejuicios y contradicciones que legitiman la dominación sexual.                                              

Hemos pasado siglos luchando por recuperar lo que por derecho es NUESTRO Y NOS HA SIDO ARRANCADO. Nos han convencido de que nuestro único propósito es ser la “costilla del hombre”. Han establecido las reglas de un juego en el que nunca podremos ganar y esta vez ya no, no nos van a engañar.

Los tópicos y los estereotipos son dañinos. Algunos, mortales. Y por ello tenemos que romper los esquemas. Es momento de que todas defendamos nuestra lucha.

ACLARACIÓN                                                     
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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