Opinión

SI YO FUERA…

Sociedad permisiva y pasiva.

Por:

Diseño: Grupo AM

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Estimados lectores, hoy es medio día y después de sufrir el frente frio número 25 y otro tanto número de dichos sucesos meteorológicos por venir, según aseguran los expertos, el sol comienza a calentar el ambiente y mi ánimo también.  

Es por ello que hoy quiero comentar con ustedes temas menos fríos y pragmáticos que las electoreras actividades que en esta “temporada de caza” estamos aguantando. 

Hace algunos años en una plaza comercial aquí en la Bella Airosa, en algún evento infantil, no recuerdo exactamente el motivo, regalaban globos a los niños.  Como en cualquier lugar organizado, las edecanes solicitaban a los pequeños formarse para recoger el detalle.  Recuerdo perfectamente, como buen padre orgulloso, ver a mi hija enfilarse y tomar el lugar que le correspondía, al último de la fila.  Más personas con hijos comenzaron a llegar.  

Algunos organizadamente fueron tomando el lugar detrás de mi hija, era el lugar que les hubiere correspondido.  Desafortunadamente, otro tanto, sino es que la mayoría, empezaron a evitar formarse.  Comenzaron a saltarse los lugares y a meterse en el lugar donde su ignorancia, falta de educación o excitación por el regalo les impulsaba.  

-Son niños- pensé.  Pero honestamente, me empecé a molestar.  Por lo pronto, mi hija no avanzaba.  En ese instante levante la mirada y mire alrededor.  El impulso infantil de llegar primero, sin importar las reglas de convivencia humana, no era controlado por sus tutores.  Por el contrario, era motivado por muchos de ellos.  Mi hija desesperada se sale de la línea, se acerca a mí con ganas de llorar y me dice – Papa!! ¿Qué hago? ¿Me meto a la fila o espero a que avance? Nunca voy a llegar.   

No me quedo más que, ya sabes como se siente uno cuando lo rebasa la situación, intentar alzar la voz y pedirle a las edecanes la famosa frase popular usada situaciones encimosas - ¡Que se formen señorita!   La verdad, fue infructuoso mi esfuerzo.  


Ante mi ineficiencia para reclamar el tan preciado globo en medio  del tumulto y del desorden, mi hija, sin darme cuenta, ya había corrido hacia otra señorita que comenzaba a repartir más globos y alcanzó su tan deseado premio.


Lo narrado pudiera parecer un hecho muy normal, pero ese acontecimiento de mi hija y el globo, siempre hace preguntarme ¿Cómo debo de educar a mis hijos?  Debo de inculcar siempre el respeto a las reglas de convivencia, al civismo o por el contrario incitarla a no hacerlo para obtener lo que persigue. 

En el primero, estoy haciendo lo correcto.  Pero probablemente no la estoy haciendo lo suficientemente hábil para sobrevivir en el entorno actual.  En el segundo, me estaría pasando la educación, las reglas y el civismo por el “arco del triunfo” pero la estaría haciendo probablemente una sobreviviente del presente.  

Me resisto a pensar en el segundo y me esfuerzo todos los días para inculcar el primero.  Aclaro; esto no es para darme mis golpes de pecho y que mis queridos lectores piensen – Que bueno y educado es.  Para nada.  Es para que cada uno de nosotros imagine cuantas situaciones similares tenemos todos los días, ya sea conduciendo, en el supermercado, en trámites de oficinas gubernamentales, etc, etc. 

Y si se los preguntará, la respuesta inmediata de la mayoría sería igual a la mía, afortunadamente, al menos en el pensamiento, seguimos inclinándonos al respeto por la convivencia con reglas.  No sé, ni me corresponde juzgar, si lo llevamos a la práctica todos los días.

Hace ya algunos años, también, en esta sociedad Hidalguense en la que me desenvuelvo, he encontrado en incontables ocasiones y conversaciones, aquel comentario adulador sobre algún funcionario o político adinerado que llega a algún evento social.  

Ya sabes, en ese tono de presunción del que lo dice, intentando hacerte saber y como no queriendo, afirmando su orgullosa cercanía.  – ¡Hizo mucho dinero, salió de la nada y velo, es muy hábil!.    – ¿Hábil? me pregunto e inmediatamente pienso – Salió de la nada. Sí. Hizo dinero. Sí. ¿Es hábil?  Creo que a eso no se le debería de llamar hábil, se le llama de otra roedora forma, no creen?  

Sin embargo, cuando esos personajes llegan, la mayoría de las personas los saludamos con un caluroso abrazo y todo se queda en los comentarios aduladores o contrarios susurrados con el personaje de a un lado, pero de ahí no pasa.  Por cierto, pronto regresarán muchos “hábiles”.


Como sociedad hemos caído en el error de “ensalzar” demasiado el resultado sin importar los medios.  Admiramos al “hábil y exitoso” pero no reparamos en lo realizado para lograrlo.  Esto, desde luego, no es exclusivo de Hidalgo o de la época actual.  Es, ha sido y seguirá siendo y existiendo.  Pero no deberíamos de permitir que se arraigue.

Entiendo que la situación laboral y de oferta de empleo de nuestro querido Estado, compromete el criterio, puntos de vista y comentarios de muchos. Mientras que el principal proveedor de empleos directos e indirectos sea el “sistema”.  

Mientras que para ser empresario exitoso se tenga que vender directa o indirectamente al “sistema”.  Mientras que lo anterior siga sucediendo, estaremos impedidos para ser una sociedad independiente, mucho más punitiva ante lo “mal logrado” y menos orgullosa de la cercanía con los “hábiles”.    

Por eso, SI YO FUERA… y en este caso lo soy, un hidalguense preocupado y ocupado por el bienestar de los que aquí convivimos, procuraría privilegiar las reglas cívicas, el respeto a los demás y ser muy cuidadoso de no adular al “hábil” sin reparar en los medios que ha utilizado.  Que nos distingamos por ser una sociedad reconocedora de los esfuerzos y por consiguiente de los resultados exitosos bien logrados.

8am

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