Opinión

Saber decidir

ECONOMÍA PARA LA VIDA

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Por: José Luis Ramos Ortigoza

Nos tocó vivir en los siglos de las maravillas. Es verdad. Salvo el caso de los coches voladores, casi cada maravilla tecnológica imaginada en el siglo XX se hizo realidad en ese mismo siglo, o en este. Tenemos relojes como los de Dick Tracy, computadoras de mano como las de Odisea en el Espacio, ya hay vehículos autónomos recorriendo las calles sin nadie que los conduzca, imprimimos en 3D desde refacciones hasta órganos humanos, las videollamadas dejaron de ser elementos de las películas de ciencia ficción para convertirse en tecnología que usan las familias cuando están separados por la distancia, los hologramas permiten conferencias simultáneas en distintos lugares del mundo, y hay robots operando personas, con el médico en un continente, y el robot realizando una intervención quirúrgica en otro. Si. Vivimos en los siglos de las maravillas. 

Pero estas maravillas no llegaron a todas las áreas de la vida. No. Hay facetas de la existencia humana, donde estas maravillas se estancaron, y por el contrario, vivimos terribles retrocesos. Tal vez la faceta más dramática en este sentido sea la Economía. Doy tres datos. Primero. Poco más de la mitad de los mexicanos, vivien bajo el umbral de la pobreza. Si, 65 millones de mexicanos pobres, y cerca de 20 millones más, en riesgo de caer en pobreza. Segundo. 6 mexicanos, si, solo 6 personas, tienen más recursos, que los 65 millones màs pobres. Tercero. Los jóvenes, de las generaciones a las que llamamos Millenials, tienen prácticamente asegurado el fracaso económico en sus vidas. No contarán con una pensión que garantice una vejez digna, y solo adquieren una vivienda uno de cada diez, mientras que la generación que les precede, pudieron adquirir esa misma casa habitación, en siete de cada diez casos. No. En Economía no hay siglos de las maravillas. Por el contrario. Son siglos de pesadillas.

Cuando nos preguntamos por qué está sucediendo esto, solo tenemos una respuesta, y esta respuesta es aterradora. Es Ignorancia pura. 

Me explico. Nunca antes hubo tal desarrollo en medicina como en nuestros días. Pero en la tremenda ignorancia que nos caracteriza, hay legiones de personas que están en contra de la vacunación. Nunca antes estuvo disponible tanto conocimiento como hoy, pero pasamos nuestro tiempo viendo memes. Nunca fue tan fácil encontrar con quien compartir nuestras opiniones, y encontrar también con quienes enfrentarlas, pero desperdiciamos nuestro tiempo en las redes sociales. Es ignorancia pura. Y la ignorancia en temas económicos, es de proporciones inconmensurables. Ese es el motivo de esta columna, en la que desde el papel que me permite la experiencia de muchos años dando clases de Economía, pretendo poner mi granito de arena. Cada columna contendrá la explicación de una o varias problemáticas de nuestro entorno, y en algunos casos, cómo puede solucionarse. La columna de hoy, se trata de saber decidir.

Saber decidir es saber vivir. El lugar en el que nos encontramos en nuestras vidas, es producto, en mayor o menor medida, de las decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestro trayecto consciente. Ese es el inicio del pensamiento económico. La economía existe para ayudarnos a tomar decisiones correctas.  

Me explico: México  está lleno de obras sin concluir, cualquier persona de cualquier estado nos podría presumir un puñado de obras sin sentido, visibles y  cercanas, las ha criticado, las ha comentado con amigos y vecinos, han influído en su voto y en su opinión del gobierno que lo representa. Un puente que no resuelve nada, un hospital que nunca se terminó, un camino que no cumple su fin, pues nunca unió los lugares que debía unir. Esas obras son la parte visible de un andamiaje más grande y más profundo que permitió que eso sucediera. Un sistema que decide mal cotidianamente y del que millones de personas forman parte: el Gobierno Mexicano.

Pero cada pueblo en el mundo tiene el gobierno que merece, pues un gobierno no es otra cosa que un conjunto de representantes de su propio pueblo, con sus defectos y virtudes, pero, potenciados por el poder. México, y no solo su gobierno, es un país de malos decisores. Y el resultado de estas malas decisiones es nuestra economía mala, y nuestra mala economía.

Es lógico, pero difícil, entender que el punto en el que nos encontramos, la circunstancia que estamos viviendo, es más, el lugar y las circunstancias en las que estás leyendo estas líneas, son el resultado de las muchas decisiones que has tomado a lo largo de tu existencia. Si estás aún estudiando, decidiste qué estudiar, si ya concluiste una carrera, fue tu decisión concluirla. Si no lo hiciste, es muy probable que el no hacerlo haya sido parte de las decisiones que tomaste, o de las que tus padres tomaron por ti. Pero ni todas las decisiones que te trajeron hasta este día fueron decisiones correctas, ni todas tus decisiones han sido decisiones conscientes. Y no la han sido, porque nadie te enseñó a tomar decisiones, ni te ofreció las herramientas necesarias para comprenderlas y comprender su importancia y sus repercusiones. 

Más importante que los miles de kilómetros que separan a la tierra de la luna, y a la luna del sol, es aprender a decidir, y es algo a lo que poco o nada de atención se le ha dado en las aulas de este país, el país de las malas decisiones. De las malas decisiones personales. De las malas decisiones empresariales, y por supuesto y como podemos constatar diariamente, es el país de las malas decisiones gubernamentales. 

Decidir es un tema simple, si cuentas con los principios básicos para hacerlo. Para cualquier persona que sepa leer y escribir, hacerlo es fácil. Pero debió aprender 4 reglas básicas para hacerlo: conocer un alfabeto, entender la forma en que las palabras pueden acomodarse, separarlas en ideas, y agrupar las ideas en conjuntos de ellas de tal forma que seamos capaces de transmitir ideas más o menos complejas. 

El alfabeto de las decisiones está compuesto por solo dos elementos. Así como las palabras están compuestas de letras, las decisiones están compuestas de los costos y los beneficios. Estos dos elementos constituyen la mayor parte de cualquier decisión. Las decisiones solo son correctas cuando los beneficios superan a los costos. 

Pensemos en un conjunto de decisiones simples al que miles de mexicanas y mexicanos jóvenes se enfrentan cada fin de semana, una salida a divertirse. Salir del lugar del reventón acompañado de un desconocido; Costos posibles, en orden descendente, un rapto, un mal rato, por lo menos, un susto. Beneficios posibles, en orden descendente también, pasar un rato agradable y pues bueno, nada más. Evidentemente es una decisión simple. Los costos son altos, los beneficios, mínimos, por decir algo, de tal forma que sería una pésima decisión. Sin embargo miles de personas toman la alternativa porque no saben decidir, o peor aún, porque ni siquiera saben que están decidiendo. La historia puede continuar de muchas formas. Subirse o no a un coche con unas copas de más. Costos posibles, un accidente, la pérdida de la salud, la pérdida de la vida. Beneficios; prácticamente ninguno, y sin embargo se presentan cada semana 400 muertos en accidentes relacionados con el consumo de alcohol. Si, somos pésimos decidiendo. 

El mismo tema se presenta si hablamos de embarazos no deseados, los costos de una relación sexual sin protección van desde ser contagiado de una ETS o VIH hasta cortar con el plan de vida que los participantes tenían, para recibir a un nuevo ser. El beneficio, darle gusto al cuerpo. No suena como un buen trato. Sin embargo en 2019 habrá en México medio millón de embarazos no deseados en menores de 18 años, un millón de embarazos no deseados en total, 21,000 personas contraerán el VIH, y cerca de 250,000 tendrán que lidiar con una ETS. 

En general, las personas estamos amarradas a nuestra forma de ser. Tenemos la costumbre de pensar de la misma manera, y aún incluso, cuando nuestros pensamientos han demostrado por si mismos carecer de pies para caminar, los retomamos una y otra vez, esperando que nos lleven a algún lado. Así pasa con nuestras decisiones. Rara vez tomamos en cuenta los costos y los beneficios, nos encanta “sentir” las decisiones, en lugar de pensarlas, de tal forma que los complicados entuertos en los que nos creemos encontrar, en realidad son fruto de nuestra mala manera de decidir. 

Decidir correctamente tiene que ver solamente con 4 cosas escribí hace unos párrafos. ¿Cuáles son estas cosas? La primera es reconocer que estamos en algo que se llama “Disyuntiva” eso significa, en una elección, ya que podemos tomar uno u otro camino. En ese mismo primer paso, hay que identificar y comparar los costos y los beneficios de tomar alguna de las alternativas que se presentan, en el momento inmediato, pero también en el mediato, es decir, a mediano plazo. 

Tu segundo paso es comprender el “Timing” que es el uso inteligente del tiempo, del ritmo, y de las pausas. Hay que estar consciente de que decidimos todo el tiempo. Salir apresurado en un taxi, y tener que pagar más dinero por el viaje que hacerlo en bus, es la comparación de costos y beneficios, costo y beneficio de tiempo y costo y beneficio de dinero, pero además es importante decidirse rápido, o el tiempo invertido en decidir, se vuelve parte del costo a tomar en cuenta. Lo mismo pasa si no decidimos a tiempo que estudiar o con quien casarnos. El tiempo es uno de los recursos más valiosos, y es valioso, porque es uno de los más escasos. 

El tercer paso es comprender la renuncia. Toda decisión implica renunciar a algo. En la disyuntiva entre distintas alternativas, al tomar una opción, decidimos renunciar a las demás. Decidir es caro. Siempre dejamos de lado una alternativa. Tomar el bus significa renunciar al Taxi. Tomar el Taxi significa renunciar al bus. Estudiar Derecho, puede significar renunciar a estudiar negocios, lo mismo que casarse con x, significa no casarse con y. Si. Decidir es renunciar. Cuando doy esta clase, suelo preguntarle a mis alumnos si es posible tener dos relaciones amorosas con dos personas distintas. Como es de esperarse, suelen decirme que ¡por supuesto que es posible! Parece que si. Pero solo lo parece. Me explico: Una relación implica la inversión de recursos; tiempo, dinero, energía, esfuerzo y muchas cosas más, de tal forma, que embarcarse en dos relaciones, en realidad significa embarcarse en la aventura de  dos medias relaciones, lo que implica que no se ha tomado una decisión, y que en realidad, no se ha asumido la disyuntiva, y que por lo tanto, se tiene un pie en el taxi y otro pie en el bus, lo que se traduce en no poder avanzar. 

Finalmente, el último paso para saber decidir, tiene que ver con el tema de lidiar con lo que creemos que son nuestros sentimientos. Si. Tan claro. Decidir es un tema más de pensar que de sentir. Sin embargo, como seres emocionales, suele suceder que imponemos nuestros sentimientos, nuestras emociones y hasta nuestros prejuicios al momento de elegir entre las disyuntivas. Se decide con base a datos y a hechos, que son incontrovertibles. A veces, incluso, debe decidirse basándonos en suposiciones (La economía le llama a esas suposiciones “Modelos”) pero es poco común tomar una buena decisión basándonos en lo que sentimos. Si entiendes este punto, te darás cuenta de que cada vez que has escuchado a una persona “Yo siento que” estás a un paso de ver una pésima toma de decisiones. 

¿Cómo saber si hemos aprendido algo? Es simple. Evaluemos una decisión controversial en los últimos meses. La cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.
¿Fue una buena o una mala decisión? De acuerdo a lo platicado hoy contigo, los costos de cancelarlo rondan los 100,000,000,000 (Si, leíste bien, cien mil millones de pesos) para evitar supuestos actos de corrupción que rondaban los 20, mil millones. Si, tan claro, salió más caro el caldo que las albóndigas. En nuestro análisis del Timing, que es lo oportuno del momento en que se toman las decisiones, evidentemente es el asunto más lastimado. En el momento en el que se decidió, los inversionistas extranjeros que ponen su capital a trabajar en México, necesitaban ver un gobierno con visión empresarial, con respeto a las leyes, los acuerdos, los contratos y en general, con respeto a la Iniciativa privada que es el único y verdadero motor de la economía. 

De acuerdo al tercer principio de decidir, que es el que implica renunciar, pues se renunció a un proyecto moderno y funcional, para tener un aeropuerto de talla mundial y se renunció a inversión extranjera, a una imagen de un gobierno inteligente y que sabe decidir, a tener seguridad para la inversión extranjera y nacional.

Finalmente, en lo que respecta a lidiar con sentimientos y emociones, hay que pensar si la decisión pertenece a una estrategia a largo plazo, o si es un manotazo de gobierno, que busca a través de sentimientos y emociones, legitimar, lo que la razón no legitima. 

El reto, amiga lectora, amigo lector, es que analices bajo la lupa de estas cuatro herramientas, tus últimas y tus siguientes decisiones. Porque saber vivir es eso. Saber decidir. 

José Luis Ramos Ortigoza. 

José Luis es profesor de Economía de la Universidad Iberomexicana de Hidalgo, ha sido columnista y conductor de programas de Radio y ha participado en distintos programas de Televisión, es conferencista y consultor en temas económicos, administrativos y de Desarrollo humano. Lo encuentras en Facebook por su nombre.

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