Opinión

Todo por su nombre

Y ahora, qué hacer con Miguel Osorio

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Al definir su confianza en José Antonio Meade y postularlo como candidato, el presidente Enrique Peña mostró que hay amistades más sólidas que las encontradas en el camino de la política, aquellas que se cimientan en identidad de gustos, en condición económica, hasta en asuntos familiares.

Esto le quedó muy claro a Miguel Osorio el viernes anterior, cuando de manera disciplinada aceptó la decisión y a partir de terceras personas hablo también de lealtad a quien creía era su amigo.

¿Y ahora qué hacer con el político hidalguense? Esta parece ser la pregunta del millón entre los inquilino de Los Pinos y del vetusto edificio de Insurgentes.

De mantenerse en el cargo, aquella desconfianza que te tenían y lo llegó a considerar como el vecino incómodo, será motivo suficiente para que más de uno pidan su destitución si se toma en cuenta que a ese edificio llega la vida y obra de todos los mexicanos, principalmente los políticos.

El hecho que el PRI lance cohetones de triunfo porque ya ungió a su nuevo líder no necesariamente quiere decir que ya ganó la elección del 2018, sobre todo porque arrastra el desencanto de los priistas de hueso colorado, aquellos que están reclamando que su candidato sea un ciudadano que se pone la camiseta tricolor sólo prestada.

Ese desánimo social causado por la violencia en una guerra fratricida contra el narcotráfico, por el robo común que afecta el bolsillo de la gente sencilla, el incremento en la canasta básica justificado por el deslizamiento constante del precio de la gasolina, la corrupción y el amañado sistema burocrático del país, son algunas de las razones que difícilmente podrán ser superadas por las promesas de niño bien egresado del ITAM.

Son muchas las razones que tendrá el pueblo mexicano para no votar por el PRI, pero también hay quien podría salvar el triunfo, y ese, sería sin duda, quien tiene la información a la mano, quien conoce los arreglos públicos y privados de muchos como para alcanzar ese triunfo deseado.

Miguel Osorio, sabe disciplinarse siempre y cuando tenga a cambio una manzana más grande y jugosa que le permita seguir con su carrera política. Y allí, regresa la pregunta a donde colocarlo para que ya no genere escozor y en donde se aprovecharía su potencial de estratega electoral.

Junto a ello, Osorio ya cuenta con una estructura fincada en una telaraña de redes creadas al interior de unos 467 puestos de segundo nivel, donde podría operar sin riesgos su eventual candidatura, misma que podría echar a trabajar en favor de Meade.

Para quienes han seguido su carrera política desde que era un muchacho inexperto pero que por razones fortuitas llegó a ser presidente del PRI de Hidalgo, conocen que sabe hacerse el necesario.

En este momento, estamos por igual, nadie sabe qué hacer con él, pero sin compromiso quieren que salga a operar a las calles el triunfo de un desacreditado PRI. 

Nimiedades: Había caras muy alegres al momento de la definición con Meade, la de Carolina Viggiano fue de las mejores.

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