Opinión

Todo por su nombre

Osorio Chong el disciplinado

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Foto: Grupo AM

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Ayer en Hidalgo, en su propia casa, Miguel Ángel Osorio Chong dio una muestra de la disciplina que existen dentro de la política al estilo priistas: “tragar sapos y pedir más”, al levantarle el brazo a José Antonio Meade, aun cuando todos saben que él ganaba en las encuestas.

El ceño fruncido no desaparecía aun cuando sonreía, mientras el grito de sus correligionarios buscaba cobijar el infortunio de no haber sido elegido como candidato a la Presidencia de la República.

Su presencia, vino a matizar la imagen satanizada que fue creada con antelación, que hablaba de una posible traición a su máximo líder, Enrique Peña Nieto y que tendría como consecuencia un golpe de estado al interior del propio tricolor.

Estas conjeturas fueron creadas por un ejército de columnistas y periodistas que extrañamente ahora le encuentran todos los defectos del mundo, cuando en días pasados le perdonaban todo, incluso hasta el atentado a la libre expresión.

Ahora el grupo en el poder, dio muestras sobre la conducta que deben observar todos sus miembros, en donde no caben las indisciplinas y cuando se trata de levantar la mano en señal de triunfo, se debe hacer sin gesto.

Este acto, poco gratificante tanto para el ex secretario como para el propio precandidato ya dio vuelta a través de redes y medios de comunicación en donde se manda el mensaje muy claro: No hay indisciplina, a menos que el jefe lo pida.

Un país en donde la figura presidencial se ha demeritado a consecuencias de sus propios yerros, el aspirante Meade busca enderezar la bandera con este tipo de signos, que van desde el sometimiento hasta el sojuzgamiento de las libertades de expresión, de manifestación y hasta de creencia.

Para fundamentar lo anterior hay que ver la figura desdibujada de quien fue el segundo hombre más fuerte de México durante cinco años; las amenaza de Javier Lozano en contra de periodistas como la prevalencia de la intimidación como arma de razonamiento obligado.

Meade utilizando los discursos esquemáticos que se suceden uno a otro cada seis años, recurrió a la promesa más fácil y sencilla para los hidalguenses: acabar con la pobreza de manera determinante, tanto que la próxima generación ya no la conozca.

Entrando en mesura, bien sabemos que el periodo de un gobernante no será suficiente para acabar con este mal prodigado durante los últimos 86 años de gobiernos surgidos de la misma vena.

Lo que sería factible, sin duda, es atajar el hambre, ese mal que nos invade y se mete en las comunidades indígenas y no las deja hasta provocarles enfermedades incurables que terminan por doblegarlos.

Vemos como en Xochiatipan crece de forma alarmante el número de personas con pobreza alimentaria, es decir en donde no tienen para comer tres veces al día, aunque existan grandes caravanas de globos y luces que sólo prenden la ilusión de una vida mejor por unos cinco minutos.

Esta triste propuesta de poco o nada le servirá al candidato tricolor para allegarse votos, tal parece que vino a cumplir un compromiso mayor con su jefe el presidente: venir a Hidalgo para mostrar que prevalece el orden y la disciplina.

Nimiedades: Si son cuatro los secretarios que se van por aspirar un cargo de elección popular, entonces ¿la administración podría caminar? conste que es pregunta.   

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