Opinión

Todo por su nombre

¿Qué tanto le conviene a Hidalgo que gane Meade?

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Diseño: Grupo AM

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Históricamente, el dos por ciento de la votación nacional, que es lo que representa Hidalgo, inducido o voluntario ha pertenecido mayormente al Partido Revolucionario Institucional desde hace unas ocho décadas.


¿Y a cambio de qué? Sería la pregunta obligada cuando tratamos de entender una realidad lacerante que acumula dígitos de personas incapaces para brindarle de comer a su familia todos los días. En resumidas cuentas la respuesta sería que de nada.


Conste que Hidalgo históricamente ha brindado su aporte a la economía nacional en la medida de sus riquezas naturales.


Por ejemplo, durante 460 años de actividad minera, fueron sacadas de las entrañas de los minerales de Pachuca, Real del Monte, la Reforma y El Chico, 40 mil toneladas de plata y otras 231 toneladas de oro que fueron a parar a manos muy distintas de los hidalguenses.


Nos constituimos en el traspatio de esa riqueza, porque ni siquiera esos metales fueron gastados en nuestras ciudades o entre nuestra gente. Las diligencias fuertemente custodiadas fueron llevadas hasta la Ciudad de México, donde construían y generaban riqueza.


Aquí, de forma inequitativa nos quedamos con los agujeros en la tierra y en los pulmones de los mineros que morían irremediablemente a consecuencia de la tuberculosis.


Los tiempos de la jauja minera terminaron con el agotamiento de las vetas y vimos cuando Manuel Willars Andrade llegó con unos portafolios llenos de títulos de propiedad para subastar decenas de propiedades a precio de risa.


Algunos ni siquiera pagaron por las casas de Maestranza o del Parque Hidalgo, todo era cosa de saber mover la cola ante el enviado de la Federación para liquidar los bienes de la Nación.


Posteriormente, caída la generación de empleo en la minería, los hidalguenses comenzaron a migrar no sólo de Pachuca, sino de las zonas rurales a otras entidades. Unos 250 mil se fueron a los Estados Unidos y otro tanto a entidades vecinas, lo cual provocó un freno económico que quiso despertar con las promesas gubernamentales de los priistas.


Locos se volvieron cuando Jesús Murillo contrató a Manuel Ángel Núñez para crear el proyecto de un aeropuerto internacional, porque se habló de generar una ciudad nueva en 55 mil hectáreas que daría empleo a los hidalguenses.


Fueron muchos los años y los millones de pesos gastados en ilusiones que un dictamen aeronáutico vino a echar por tierra 18 años después.
Luego llegó otra ilusión con una refinería que permitiría generar unos cinco mil empleos directos, proyecto que quedó en eso, en una interminable barda y otra deuda que pagar.


El mismo candidato Peña Nieto vino y firmó que estos dos proyectos serían realidad. Nada fue posible.


Ahora viene José Antonio Meade, un postulado que dice no ser priista pero es el candidato de los tricolores y que aquí en Hidalgo tiene la animadversión de una clase política que vio cómo su paisano Osorio Chong cayó, como también el rechazo social por la alianza con Olvera Ruiz, el ex gobernante que todavía tiene muchas cuentas pendientes que aclarar.


Y que tanta disposición tendría Meade de resolver la problemática local, que tanto podría meter las manos en una entidad prácticamente vedada.
Entonces, Hidalgo podría tener una mayor atención de un candidato opositor, del partido que sea, que de sus propios correligionarios del gobernante en turno, puesto que ya vimos que los priistas no le apuestan al desarrollo de Hidalgo.


Tuvimos a funcionarios de primer nivel nacional y la pobreza se incrementó, entonces, es el momento que las veladoras las prenda la clase política a otro santo, claro, en caso que realmente busquen ayudar a Hidalgo.


Nimiedades: Cual será la necedad de imponer candidatos que irritan a la gente. Esos actos de soberbia generalmente se pagan caro.

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