Opinión

Un país fuera de control

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Por: Andrés Chávez Pumarejo

Un atentado a gran escala contra el jefe de policía de una de las ciudades más grandes del mundo; un cártel amenaza de muerte al Gobernador del segundo estado más grande del país; en un centro de rehabilitación de Guanajuato asesinan a mansalva a más de 20 personas.  Si se mantiene la tendencia, este será el sexenio más violento y sangriento de nuestra historia moderna.

Una pandemia que no se deja domar.  Desde hace un mes sumamos diariamente más de 5 mil casos nuevos, con lo que nos hemos convertido en el octavo país con más contagios y el quinto con más muertes.

Una economía en terapia intensiva por la covid-19 y decisiones gubernamentales como la cancelación del nuevo aeropuerto y de la planta de Constellation Brands. Si este año nos va bien, nuestra economía se contraerá menos de 10 por ciento, una caída que no se vio ni al inicio de la Revolución Mexicana.

En vez de quedarse a atender estos asuntos, el presidente de la República fue a Washington para celebrar, sin la presencia de Canadá, la firma del T-MEC, y para agradecer el apoyo del presidente de Estados Unidos, un hombre que ha insultado hasta el cansancio a nuestro país, y que para buscar la reelección va a lanzar una de las campañas más clasistas y racistas de la historia, atacando a los mexicanos.

Y en vez de escuchar a sus críticos, que presentaron argumentos políticos, económicos y hasta sociales válidos para que no se reuniera con Trump, el presidente los tacha de traidores.

Desde el punto de vista de la gobernabilidad, cada vez es más difícil entender al presidente y sus constantes ataques a los empresarios, a la autoridad electoral, a los organismos autónomos, a los medios, y en general a quienes no piensan como él.  Estos ataques solamente profundizan nuestras divisiones, y hacen que resolver agravios pasados sea cada vez más difícil.

Lo que parece que el presidente busca, más que detener el caos, es profundizarlo.  Mientras más nos polarizamos en opiniones y actitudes, menos podemos ponernos de acuerdo sobre el futuro que queremos, y mucho menos podemos actuar en forma coordinada para enfrentar nuestros desafíos actuales, que son los mayores que hemos tenido en 100 años.

La mayoría de mis publicaciones en redes sociales, así como estas columnas, siempre son objeto de descalificaciones porque supongo que para quienes solo saben descalificar, yo también soy un emisario del pasado y un beneficiario del neoliberalismo (también recibo buenos comentarios, que siempre agradezco, porque me motivan para seguir adelante).

A los que no les gustan mis publicaciones, quiero decirles que no pensamos en forma tan distinta y quiero pedirles que me sigan leyendo.

Como ustedes, también estoy cansado de los abusos, de la corrupción, y de los contubernios.  Como ustedes, creo que nuestro país merece un mejor futuro.  Y cómo ustedes, pienso que los cambios que necesitamos no van a venir de la política tradicional.

Estamos en una nueva época y muchas cosas están cambiando literalmente ante nuestros ojos.  Necesitamos reaccionar y proteger las cosas que realmente son importantes, como nuestra salud, nuestras formas de subsistencia y lo más importante, nuestras familias.  Esas tres cosas, que son esenciales para la vida, nos identifican.  Lo demás, es secundario. 

Eso no quiere decir que vayamos a estar de acuerdo en todo; de lo que se trata es que podamos hablar, porque las soluciones comunes que necesitamos para salir de la grave situación en la que estamos, no van a venir de una sola persona, sino de la construcción de ideas colectivas, que reflejen el espíritu abierto y plural de nuestra sociedad.

Digo esto para que quienes todo lo destruyen, todo lo descalifican, y todo lo etiquetan, nos escuchen, en vez de aplastarnos con un pasado que es indignante, pero que debemos superar, sin olvidar, para salir adelante.

El país está fuera de control y los ciudadanos, en vez de trabajar unidos por la causa que nos une, que es México, estamos enfrascados en una pelea que el presidente de la República y su gobierno ven, divertidos y a lo lejos, sabiendo que cada insulto, cada descalificación, cada agresión entre nosotros, los fortalece.

Se que este mensaje solo va a despertar la ira de los que siempre están enojados.  Pero que no se les olvide que todos vamos en este barco, y aunque a veces la negación de la realidad sea más poderosa que la realidad misma, nadie va a escapar de las consecuencias del naufragio si seguimos como vamos.  Y eso incluye al presidente y a sus seguidores.

Quienes quieran escuchar, están a tiempo de recapacitar, y sumarse a un proyecto de unidad nacional que millones de ciudadanos preocupados, muy pronto, empezaremos a construir con argumentos, con razones, y con amor por México. 

Quienes quieran seguir ignorando la circunstancia que vivimos, están en su derecho de seguir destrozando, con sus enfurecidos palos de ciego, el gran país que tienen a su alrededor, y que nos ha tomado más de 200 años construir.

Al final será la historia, como siempre, quien determine quien tuvo la razón.

ACLARACIÓN                               
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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