Es el mejor momento de la historia para pedir prestado

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Las tasas de interés son más bajas de lo que fueron cuando Franklin D. Roosevelt o Napoleón o Enrique VIII o Gengis Kan o Carlomagno o Julio César o A

Este es el mejor momento para pedir dinero de la historia.
Así es: las tasas de interés son más bajas hoy de lo que fueron cuando Franklin D. Roosevelt o Napoleón o Enrique VIII o Gengis Kan o Carlomagno o Julio César o Alejandro Magno o incluso Hammurabi estaban por aquí. O, si le quiere poner un año, más bajas que en cualquier momento desde que los antiguos sumerios hicieron los primeros préstamos, pagables en plata o grano, allá en 3000 AC.
Eso, al menos, es lo que encontró Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra cuando indagó en el registro histórico. Es cierto que las tasas casi llegaron hasta cero durante la Gran Depresión, pero han bajado hasta ahí hoy. De hecho, las tasas de interés son casi cero en los Estados Unidos, Reino Unido, la eurozona, y, por los últimos 16 años, Japón. Esas son economías que, en términos nominales, constituyen más de la mitad de la economía global. Este es el mejor momento para pedir dinero de la historia.
¿Qué ha sucedido ahora que no ha sucedido en ningún otro momento desde antes de Moisés? Bueno, no solamente tenemos una economía envejecida que no necesita tanta inversión como antes, sino también una economía global que apenas tuvo una crisis global. Ponga eso junto, y obtendrá tasas de interés cero. Piénselo así. Como cualquier otra cosa, el precio de prestar dinero debería depender del suministro y la demanda del dinero que está listo para ser prestado. Pero en los últimos 15 años, ese suministro ha aumentado conforme los países asiáticos han comenzado a ahorrar más, y la demanda ha bajado conforme los países occidentales han comenzado a invertir menos ahora que sus fuerzas de trabajo están envejeciendo y encogiéndose. El resultado ha sido que las tasas de interés han seguido bajando de sus ya bajos niveles.
Pero esa no es la historia completa. Resulta que el precio de pedir dinero es en su mayoría como el precio de cualquier otra cosa. Eso es porque no es sólo una demanda por pedir dinero, sino también una demanda por dinero per se. Cuando la gente se asusta, digamos, cuando una crisis inmobiliaria casi tira todo el sistema financiero no se quiere pedir dinero o prestar dinero o hacer nada más con él. Sólo quieren acumular dinero. El problema, sin embargo, es que si nadie está gastando, entonces la economía se encogerá -lo que sólo hará que la gente quiera poner su dinero en lugares superseguros, como bonos del gobierno, en vez de tomar cualquier tipo de riesgo. Las tasas de interés, en otras palabras, caerán aún más.
Ahora, las crisis financieras no son nuevas, pero sí lo son las globales. El único otro momento en que eso ha ocurrido fue en los años 30. Cuando todos alrededor del mundo tienen aversión al riesgo, usted no puede siquiera exportar sus problemas ya que no hay nadie a quién exportarle. Las tasas de interés caen a cero, y se estancan. Se necesitó el programa de estímulo conocido como Segunda Guerra Mundial -el cual nadie quiere repetir- para salir de esta trampa económica de los años 30, pero no hay nada para hacer eso ahora. Las tasas de interés, después de todo, ya estaban en una trayectoria cuesta abajo antes de que la crisis inmobiliaria se volviera una crisis financiera, y, del otro lado del Atlántico, una crisis del euro. Y esas tendencias, como los Baby Boomers (personas que nacieron en algunos países anglosajones entre 1946 y 1965; N. de la T.) llegando a sus años dorados, solamente se están acelerando. Así que tal vez pase un rato antes de que las tasas de interés sean más que cero -de hecho, si Suecia es una guía, las tasas bajan a territorio negativo antes de subir de nuevo.
Resulta que Polonio estaba equivocado. Usted debería ser un prestatario ahora mismo.

Traducción: Jéssica de la Portilla Montaño.