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Ser pobre, vivir en barrios populares y tener identidad no aceptada aumenta posibilidades de juvenicidios

En su conferencia “Juvenicidio, violencias estructurales y resistencias juveniles”, el sociólogo José Manuel Valenzuela Arce advirtió que urge redefinir el proyecto de nación y las estrategias para combatir la violencia contra lo jóvenes.

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Ser pobre, vivir en barrios populares y tener identidad no aceptada aumenta posibilidades de juvenicidios
El sociólogo José Manuel Valenzuela Arce, en la conferencia Juvenicidio, violencias estructurales y resistencias juveniles. Dulce Muñoz Barajas.

León, Guanajuato.- La escasez laboral o el desempleo, ser pobre, vivir en los barrios populares y tener una identidad no aceptada, aumentan las posibilidades de que los jóvenes sean asesinados en México y en otros países de América Latina. 

Durante la conferencia “Juvenicidio, violencias estructurales y resistencias juveniles”, el sociólogo por el Colegio de México, José Manuel Valenzuela Arce, advirtió que urge redefinir el proyecto de nación y las estrategias para combatir la violencia que atenta contra la vida de los jóvenes mexicanos. 

“El tema del juvenicidio lo que busca es dar constancia de que estamos viviendo un proceso de precarización de la vida de los jóvenes y que las posibilidades de ser asesinados se incrementan en la medida de que tienen alguna situación como ser pobre, ser obrero o estar desempleado. 

“Así como las identidades desacreditadas como ser mujer, ser indígena, ser transexual, homosexual”, afirmó durante su participación en la VI Bienal Internacional Territorios en Movimiento, organizada por la Universidad de Guanajuato (UG). 

El autor de libros como Caminos del éxodo humano, El sistema es antinosotros, Precariedades, exclusiones y emergencias, explicó que el concepto de “juvenicidio” lo desarrolló a partir de constatar un registro de muerte de muchos jóvenes, sobre todo a partir de la declaración de una supuesta guerra contra el crimen organizado en 2006 por parte del expresidente Felipe Calderón. 

 “Vimos que 192 % crecieron los homicidios, pero principalmente tenían que ver con jóvenes y al momento de registrar esto vinculado a los feminicidios, lo que tenemos es una forma de precarización de la vida de los jóvenes.

“Lo que hubo no fue una guerra contra el narco, fue un sitio a los espacios de libertad, de la sociedad civil y a nuestros espacios de libertad, nos fuimos acostumbrando a cateos domiciliarios, retenes policiales y militares, cobro de piso y de cuotas, a personas descuartizadas, cabezas rodantes. A toda esta cuestión de horror que hemos vivido a partir de esa estrategia”, manifestó.

Señaló que todo esto son procesos de precarización de la vida que han tenido la mayor repercusión en los jóvenes y es necesario generar escenarios de vida frente a estas zonas de muerte en las cuales se extravían las posibilidades de millones de jóvenes en Latinoamérica”. 

Enfatizó que los niveles de ingresos y la pobreza siguen teniendo una condición de crimen, que también deben de hacerse visibles para interpretar el feminicidio y juvenicidio. 

“Sigue habiendo demasiada muerte en nuestros países y todavía no se desarticulan los entramados de la violencia y la muerte y en el fondo todo eso está vinculado a la precarización de la vida”, concluyó. 

AM

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Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Reportera con 10 años de experiencia. Cobertura principalmente de las fuentes de salud y educación; experiencia en otros temas como política, activismo social, comunidad LGBTI, asociaciones animalistas, cultura y reportes urbanos. Reportera en AM y Al Día desde mayo del 2017.

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