La muerte de un científico, con una máquina asistida a control remoto y con inteligencia artificial

El científico de Irán, Mohsen Fakhrizadeh, fue asesinado por un robot creado por miembros de Israel, quienes tenían años planeando el ataque en su contra.

Por: The New York Times

Un manifestante sostiene una imagen del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh durante una manifestación frente al Parlamento en Teherán el sábado 28 de noviembre de 2020, un día después de la muerte de Fakhrizadeh. (Arash Khamooshi/The New York Times)

Un manifestante sostiene una imagen del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh durante una manifestación frente al Parlamento en Teherán el sábado 28 de noviembre de 2020, un día después de la muerte de Fakhrizadeh. (Arash Khamooshi/The New York Times)

El científico nuclear más importante de Irán se despertó una hora antes del amanecer, como casi siempre hacía, para estudiar filosofía islámica antes de comenzar su día.

Esa tarde, él y su esposa dejarían su casa vacacional en el mar Caspio y conducirían hasta su casa de campo en Absard, una ciudad bucólica al este de Teherán, donde planeaban pasar el fin de semana.

Los servicios de inteligencia de Irán le habían advertido de un posible complot de asesinato, pero el científico, Mohsen Fakhrizadeh, los había ignorado.

Convencido de que Fakhrizadeh lideraba la estrategia de Irán para construir una bomba nuclear, Israel llevaba al menos 14 años queriendo asesinarlo. Pero había habido tantas amenazas y complots que el científico ya no les prestaba mucha atención.

A pesar de su posición destacada en el entorno militar de Irán, Fakhrizadeh quería tener una vida normal.

Así que, haciendo caso omiso de las advertencias de su equipo de seguridad, a menudo conducía su propio automóvil hasta Absard en lugar de pedirle a sus guardaespaldas que lo llevaran en un vehículo blindado. Era una violación grave del protocolo de seguridad, pero Fakhrizadeh siempre insistía.

Una foto facilitada por la Oficina de la Presidencia iraní del presidente de Irán, Hassan Rouhani, segunda desde la izquierda, en una exposición en Teherán sobre el programa nuclear del país. Los agentes israelíes habían querido matar al principal científico nuclear de Irán durante años. Luego se les ocurrió una manera de hacerlo sin agentes presentes. (Office of the Iranian Presidency via The New York Times) 

Así que poco después del mediodía del viernes 27 de noviembre, Fakhrizadeh se sentó detrás del volante de su sedán Nissan Teana negro, su esposa entró al asiento de copiloto a su lado, y salieron a la carretera.

Llevaban tiempo planeando ataque contra Mohsen Fakhrizadeh, científico de Irán

Desde 2004, cuando el gobierno israelí le ordenó a su agencia de inteligencia extranjera, el Mosad, que impidiera que Irán obtuviera armas nucleares, el servicio había estado realizando una campaña de sabotaje y ataques cibernéticos contra las instalaciones de enriquecimiento de combustible nuclear de Irán. También estaba neutralizando de forma metódica a los expertos sospechosos de liderar el programa de armas nucleares de Irán.

Pero el hombre que según Israel dirigía el programa, era esquivo.

En 2009, un escuadrón estaba esperando a Fakhrizadeh en una locación donde planeaba asesinarlo en Teherán, pero la operación fue cancelada en el último momento. El Mosad sospechó que el plan estaba comprometido, y que Irán les había tendido una emboscada.

Esta vez iban a probar algo nuevo.

Los agentes iraníes que trabajaban para el Mosad habían estacionado una camioneta “pick-up” Nissan Zamyad azul al costado de la carretera que conectaba Absard con la autopista principal. Escondida debajo de lonas y señuelos en forma de material de construcción en la zona posterior de carga de la camioneta había una ametralladora de larga distancia con munición de calibre 7,62.

Los informes de noticias de Irán esa tarde fueron confusos, contradictorios y en su mayoría erróneos. Un reporte aseguró que un equipo de asesinos había esperado junto a la carretera a que Fakhrizadeh pasara en su auto. Otro reporte dijo que los residentes habían escuchado una gran explosión seguida de intensos disparos de ametralladora.

Una de las explicaciones más inverosímiles surgió días después.

Varias organizaciones de noticias iraníes reportaron que el culpable había sido un robot asesino y que toda la operación se había realizado a control remoto. Esta información contradecía directamente los supuestos testimonios de testigos presenciales que relataban un tiroteo entre escuadrones de asesinos y guardaespaldas, así como los informes de que algunos de los asesinos habían sido arrestados o asesinados.

Thomas Withington, un analista de guerra electrónica, le dijo a la BBC que la teoría del robot asesino debía tomarse “con largas pinzas” y que, al parecer, la descripción que había hecho Irán no era más que una colección de “llamativas palabras de moda”.

Excepto que en esta oportunidad sí hubo un robot asesino real.

Los preparativos para el asesinato habían comenzado tras una serie de reuniones a finales de 2019 y principios de 2020 entre autoridades israelíes, encabezadas por el director del Mosad Yossi Cohen, y funcionarios estadounidenses de alto rango, como el expresidente Donald Trump, el secretario de Estado Mike Pompeo y la directora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) Gina Haspel.

Monumentos conmemorativos en el Aeropuerto Internacional de Bagdad, el 9 de enero de 2020, donde el mayor general Qassim Suleimani, el comandante militar iraní, fue asesinado en un ataque con aviones no tripulados estadounidenses con la ayuda de la inteligencia israelí. En noviembre de 2020, agentes israelíes asesinaron al científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh con una ametralladora de francotirador computarizada de 7,62 mm capaz de disparar 600 rondas por minuto, equipada con inteligencia artificial, ojos de múltiples cámaras y operada por satélite, que fue introducida de contrabando en Irán. pieza por pieza y reensamblada. (Sergey Ponomarev/The New York Times)

Israel había detenido la campaña de sabotaje y asesinato en 2012 cuando Estados Unidos comenzó las negociaciones con Irán que condujeron al acuerdo nuclear de 2015. Pero ahora que Trump había derogado ese acuerdo, los israelíes querían reanudar la campaña.

A finales de febrero Cohen les presentó a los estadounidenses una lista de posibles operativos, entre ellos el asesinato de Fakhrizadeh. En Washington, los funcionarios estadounidenses informados sobre el plan de asesinato lo apoyaron, según un funcionario que estuvo presente.

A medida que fue llegando la inteligencia, la dificultad del desafío se hizo más clara: Irán había aprendido algunas lecciones tras el asesinato del mayor general Qasem Soleimani. La más importante fue que sus altos funcionarios podrían ser atacados. Conscientes de que Fakhrizadeh encabezaba la lista de los más buscados en Israel, los funcionarios iraníes habían incrementado su seguridad.

Sus equipos de seguridad pertenecían al cuerpo élite fuertemente armado y bien entrenado Ansar-ul-Mahdi de la Guardia Revolucionaria de Irán, que se comunicaba a través de canales cifrados. Acompañaban los movimientos de Fakhrizadeh en caravanas de cuatro a siete vehículos, y cambiaban las rutas y los horarios para frustrar posibles ataques. Y el auto que conducía el propio Fakhrizadeh se rotaba entre cuatro o cinco disponibles.

Robot diseñado para el asesinato de Mohsen Fakhrizadeh

Israel había utilizado diferentes métodos en los asesinatos anteriores. El primer científico nuclear de la lista fue envenenado en 2007. El segundo, en 2010, fue asesinado por una bomba colocada en una motocicleta y detonada de forma remota, pero la planificación había sido compleja y un sospechoso iraní fue capturado. Tras confesar, fue ejecutado.

Luego de esa debacle, el Mosad cambió la estrategia a asesinatos más simples, en persona. En cada uno de los siguientes cuatro asesinatos entre 2010 y 2012, sicarios en motocicletas se acercaron sigilosamente al automóvil del objetivo en el tráfico de Teherán y le dispararon a través de la ventana o colocaron una bomba adhesiva a la puerta del automóvil y huyeron a toda velocidad.

El convoy armado de Fakhrizadeh, alerta ante ese tipo de ataques, imposibilitó el método de la motocicleta.

Pero un robot asesino cambió profundamente los cálculos del Mosad.

Desde hace mucho tiempo, la organización tiene la regla de que no hay operativo sin rescate, lo que significa que es fundamental tener un plan infalible para extraer a los agentes de manera segura.

Sin embargo, una enorme ametralladora computarizada y sin probar presentaba una serie de nuevos problemas.

El primero era cómo instalar el arma en el lugar necesario.

En conjunto, la ametralladora, el robot, sus componentes y sus accesorios pesaban cerca de una tonelada. Por lo tanto, el equipo se dividió en las partes más pequeñas posibles y se introdujo de contrabando en el país pieza por pieza, por diversas vías, rutas y horarios, y luego fue ensamblada nuevamente en secreto en Irán.

ARCHIVO - Monumentos conmemorativos en el Aeropuerto Internacional de Bagdad, el 9 de enero de 2020, donde el mayor general Qassim Suleimani, el comandante militar iraní, fue asesinado en un ataque con aviones no tripulados estadounidenses con la ayuda de la inteligencia israelí. En noviembre de 2020, agentes israelíes asesinaron al científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh con una ametralladora de francotirador computarizada de 7,62 mm capaz de disparar 600 rondas por minuto, equipada con inteligencia artificial, ojos de múltiples cámaras y operada por satélite, que fue introducida de contrabando en Irán. pieza por pieza y reensamblada.(Sergey Ponomarev/The New York Times)

El robot fue diseñado para caber en la zona posterior de carga de una camioneta “pick-up” Zamyad, un modelo común en Irán. Se instalaron cámaras en la camioneta para darle a la sala de mando una imagen completa no solo del objetivo y su equipo de seguridad, sino también de los alrededores. Finalmente, el camión fue cargado con explosivos para que pudiera volarse en pedazos tras el asesinato y así destruir cualquier posible evidencia.

Había otras complicaciones al disparar el arma. Una ametralladora montada en una camioneta, incluso estacionada, iba a temblar tras el impacto de cada disparo.

Además, aunque la computadora se comunicaba con la sala de control por satélite y enviaba datos a la velocidad de la luz, habría un ligero retraso; lo que el operador veía en la pantalla habría pasado hace un momento, y ajustar el objetivo para compensar el desfase tomaría otro momento, todo esto mientras el automóvil de Fakhrizadeh seguía en movimiento.

El tiempo que tardaban las imágenes de la cámara en llegar al francotirador y la respuesta del francotirador en llegar a la ametralladora, sin incluir el tiempo de reacción humano, se estimó en 1,6 segundos.

La inteligencia artificial estaba programada para compensar el retraso, el temblor del impacto y la velocidad del automóvil.

Otro desafío era determinar en tiempo real que el conductor del auto era Fakhrizadeh y no uno de sus hijos, su esposa o un guardaespaldas.

La solución fue aparcar un falso auto averiado en una intersección de la carretera principal donde los vehículos que se dirigían a Absard tenían que hacer un cambio de sentido. Ese vehículo tenía otra cámara.

Cuando el convoy salió de la ciudad de Rostamkala en la costa del Caspio, el primer automóvil transportaba a un equipo de seguridad. Detrás venía el Nissan negro sin blindaje conducido por Fakhrizadeh, con su esposa, Sadigheh Ghasemi, a su lado. Dos autos de seguridad adicionales le seguían.

Ese día, el equipo de seguridad le había advertido a Fakhrizadeh de una amenaza en su contra y le había pedido que no viajara, según su hijo Hamed Fakhrizadeh y varios funcionarios iraníes.

ARCHIVO - Monumentos conmemorativos en el Aeropuerto Internacional de Bagdad, el 9 de enero de 2020, donde el mayor general Qassim Suleimani, el comandante militar iraní, fue asesinado en un ataque con aviones no tripulados estadounidenses con la ayuda de la inteligencia israelí. En noviembre de 2020, agentes israelíes asesinaron al científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh con una ametralladora de francotirador computarizada de 7,62 mm capaz de disparar 600 rondas por minuto, equipada con inteligencia artificial, ojos de múltiples cámaras y operada por satélite, que fue introducida de contrabando en Irán. pieza por pieza y reensamblada.(Sergey Ponomarev/The New York Times)

Irán ya había sido sacudida por una serie de ataques de alto perfil en los últimos meses que, además de asesinar líderes y dañar instalaciones nucleares, habían dejado en claro que Israel tenía una red eficiente de colaboradores dentro de Irán.

No obstante, Fakhrizadeh se negó a viajar en un vehículo blindado e insistió en conducir uno de sus propios vehículos.

Con ráfaga de balas, terminaron con la vida de Mohsen Fakhrizadeh, científico de Irán

Poco antes de las 3:30 p. m., la caravana llegó al cambio de sentido en Firuzkouh Road. El auto de Fakhrizadeh frenó hasta casi detenerse, por lo que los operadores pudieron identificarlo, así como a su esposa sentada a su lado.

El convoy cruzó a la derecha en Imam Khomeini Boulevard, y el primer auto de la caravana se adelantó a la casa para inspeccionarla antes de que llegara Fakhrizadeh. Eso dejó el automóvil de Fakhrizadeh completamente expuesto.

El convoy redujo la velocidad por un badén que estaba justo frente al Zamyad estacionado. La ametralladora disparó una ráfaga de balas que alcanzó la parte delantera del automóvil bajo el parabrisas. No está claro si estos disparos hirieron a Fakhrizadeh, pero el automóvil derrapó y se detuvo por completo.

El tirador ajustó la mira y disparó otra ráfaga, la cual golpeó el parabrisas al menos tres veces y a Fakhrizadeh al menos una vez en el hombro. El científico salió del auto y se agachó detrás de la puerta abierta frontal.

Según Fars News de Irán, otras tres balas le atravesaron la columna vertebral. Fakhrizadeh se desplomó en la carretera.

Ghasemi corrió hacia su esposo.

Me quieren matar, debes irte”, le dijo, según sus hijos.

Ghasemi le dijo a la televisión estatal iraní que se sentó en el suelo y sostuvo la cabeza de su esposo en su regazo.

Hamed Fakhrizadeh se encontraba en la casa familiar en Absard cuando recibió una llamada urgente de su madre. Llegó en cuestión de minutos a lo que describió como un escenario de “guerra total”. El humo y la niebla le obstaculizaban la vista, y podía oler la sangre.

Esto no fue un simple ataque terrorista en el que alguien vino, disparó un arma y salió corriendo, dijo tiempo después en la televisión estatal. Su asesinato fue mucho más complicado de lo que creemos y sabemos. Mi padre era un desconocido para el pueblo iraní, pero era bien conocido por aquellos que son enemigos del desarrollo de Irán.

Los agentes israelíes llevaban años queriendo asesinar al científico nuclear más importante de Irán. Finalmente, se les ocurrió una manera de hacerlo sin agentes presentes.

CAZ

En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?