Santuario marino, entre la conservación con mujeres y su lucha contra la desigualdad de género

Mujeres pocas veces son llamadas a participar en el cuidado del medio ambiente, a pesar de que cuando se involucran hay mejores resultados, como el santuario marino que conservan en Filipinas. 

Por: The New York Times

Cuando las mujeres lideran la conservación, los indicadores de éxito a menudo aumentan, sin embargo, son excluidas de forma rutinaria. ¿Podría un grupo de líderes locales en Filipinas proporcionar un modelo? (Sarah Trent vía Then New York Times)

Cuando las mujeres lideran la conservación, los indicadores de éxito a menudo aumentan, sin embargo, son excluidas de forma rutinaria. ¿Podría un grupo de líderes locales en Filipinas proporcionar un modelo? (Sarah Trent vía Then New York Times)

Cuando el pescador apuntó su arpón y le disparó a través del agua oscura, Evelyn Malicay se mantuvo firme en su kayak y tomó una piedra para defender. Esta era su casa, el santuario que había ayudado a crear y que sintió el deber de proteger.

El arpón falló. Los esfuerzos de Malicay por atrapar a otro cazador furtivo nocturno rindieron frutos. "Lo que no saben", dijo, recordando aquella noche de hace varios años en la que llamó a la policía para denunciar al hombre, "es que siempre estoy de guardia".

Malicay, de 53 años, una madre filipina menuda y vibrante que hace años perdió su puesto en el concejo del pueblo por su apoyo al Santuario Marino de Maite, ha detenido desde entonces a vecinos y familiares que pescaban dentro de él, reclutado a decenas de miembros de la comunidad para que la apoyen y ganado numerosos premios por su defensa de la conservación marina.

En una imagen proporcionada por Sarah Trent, peces capturados en la isla de Siquijor, en el corazón del Triángulo de Coral, rico en especies, en el centro-sur de Filipinas. Cuando las mujeres lideran la conservación, los indicadores de éxito a menudo aumentan, sin embargo, son excluidas de forma rutinaria. ¿Podría un grupo de líderes locales en Filipinas proporcionar un modelo? (Sarah Trent vía Then New York Times)

El santuario, a unos pasos de su casa, es una de las más exitosas áreas marinas protegidas de las 22 que hay en la isla de Siquijor, en el centro-sur de Filipinas, en el corazón del Triángulo de Coral, rico en especies. Esta zona de exclusión de la pesca comparte una ventaja poco común con otros proyectos de conservación de éxito inusual en todo el mundo: está a cargo de mujeres.

A nivel mundial, los compromisos de conservación han estado marcados por el fracaso. El año pasado, justo cuando el Foro Económico Mundial identificó la aceleración de la pérdida de biodiversidad como una de las amenazas más importantes para la economía mundial —que puede ocasionar “el colapso de los sistemas alimentarios y sanitarios” y “la afectación de cadenas de suministro completas”, según su Informe Anual de Riesgos—, las Naciones Unidas emitieron un resumen negativo de los avances hacia los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica para 2020, acordados hace una década por casi todas las naciones.

“La humanidad está en una encrucijada”, se lee en el informe de la ONU. Más de 190 naciones no cumplieron ningún objetivo.

Mientras esos informes se publicaban, Robyn James, asesora de género e igualdad de The Nature Conservancy que reside en Australia, concluía su propia revisión, derivada del análisis de cientos de estudios de todo el mundo para considerar si la participación de las mujeres en la conservación y la gestión de recursos naturales aumenta el impacto de esos proyectos.

El sector medioambiental ha tardado más en abordar la desigualdad de género que otros sectores, como el del desarrollo y el empresarial, según escribió James en Oryx, The International Journal of Conservation. El estudio, en el que participaron seis autores, demostró que en países como Nepal, Camerún, Australia o Canadá las mujeres están excluidas de las funciones de conservación y gestión de los recursos naturales. Pero en las zonas y las organizaciones donde las mujeres tienen una participación importante, los resultados medioambientales mejoran.

Los estudios de casos que examinaron muestran que cuando las mujeres lideran la conservación, los indicadores de éxito como la solidaridad, el cumplimiento de las normas y la regeneración de los bosques y la pesca suelen aumentar, aun cuando estas mujeres se enfrentan a cuestionamientos, discriminación e incluso amenazas de violencia.

Al principio, en el Santuario Marino de Maite, creado en 2009 para evitar la explotación de los hábitats de los arrecifes de coral y las algas marinas que se encuentran dentro de sus límites, Malicay utilizó su posición como miembro electo del concejo de la aldea para mantener un estricto cumplimiento en el santuario, sabiendo que al hacerlo ayudaba a preservar la seguridad alimentaria y financiera para las generaciones futuras.

Pero, según Reaan Catitig, que coordina el apoyo técnico de la Fundación de Conservación y Educación Costera a los santuarios marinos de Siquijor, el santuario no contaba aún con un amplio apoyo. Dijo que los hombres tenían miedo de renunciar a sus zonas de pesca y se enfadaron al verse obligados a ir fuera de sus límites.

Muchos miembros de la comunidad del pueblo “se convirtieron en sus enemigos”, afirmó Catitig, y Malicay no volvió a ser elegida para el concejo. Malicay dijo que siempre que sale a patrullar lleva una piedra.

En Australia, James dijo también haber sido víctima de discriminación a lo largo de su carrera, que comenzó como guardabosques en una región remota de ese país. Recordó que solía ser la única mujer que marcaba a los canguros y vigilaba a los cocodrilos. De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza, en 2019 solo un 7,5 por ciento de los guardabosques a nivel mundial eran mujeres.

“Experimenté todo tipo de acoso sexual, exclusión y gente que pensaba que no podía hacerlo”, contó James. Más adelante en su carrera, la desanimaron a la hora de solicitar puestos de liderazgo debido a los riesgos de trabajar en lugares remotos o a las complicaciones logísticas que suponía ser madre.

Las experiencias de ambas mujeres coinciden con un creciente cuerpo de investigación que demuestra todas las formas en que las mujeres en la conservación se ven limitadas por las normas culturales y los estereotipos de género, que varían según el lugar, pero que existen en todas partes en distintas formas.

"Las mujeres ven el futuro" asegura activista de la conservación del medio ambiente

En 2019, por ejemplo, los investigadores de la conservación en Colorado documentaron pruebas que demuestran que en Estados Unidos a las mujeres en la conservación se les suele excluir de la toma de decisiones, se les pasa por alto a la hora de las contrataciones, se les relega a tareas administrativas o se asume que son inadecuadas para el puesto o no están calificadas.

En una comunidad de las Islas Salomón con la que James ha trabajado, las mujeres que se dedican al trabajo de campo también corren el riesgo de sufrir violencia física. Relató que una fuerte líder conservacionista fue acusada de brujería, acusación que ha provocado la agresión y el asesinato de muchas de mujeres y hombres en las Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea, de acuerdo con las noticias regionales.

Siempre que se desafía al poder, eso puede conllevar un riesgo, explicó James. “Es arriesgado para estas mujeres, pero tenemos que seguir apoyándolas”.

En una imagen proporcionada por la organización benéfica, Robyn James, asesora de género y equidad de Nature Conservancy con sede en Australia, habla en un taller en los Estados Federados de Micronesia. Cuando las mujeres lideran la conservación, los indicadores de éxito a menudo aumentan, sin embargo, son excluidas de forma rutinaria. ¿Podría un grupo de líderes locales en Filipinas proporcionar un modelo? (Tim Calver / TNC. A través de Then New York Times)

Comentó que, en parte, su trabajo se justifica con el simple argumento del derecho humano a la igualdad de género. Pero también hay un argumento de conservación: en los lugares más biodiversos del planeta, los hombres y las mujeres experimentan e interactúan con la naturaleza de forma muy diferente. Por ejemplo, en muchas comunidades costeras, los hombres van al mar a pescar y las mujeres recogen mariscos en la orilla. En consecuencia, las mujeres tienen necesidades diferentes en materia de conservación, y ven diferentes oportunidades de soluciones.

En Siquijor, como en la mayor parte de Filipinas, los isleños dependen en gran medida del océano para obtener ingresos y alimentos. Pero estos días la pesca de los isleños es cada vez menor. Oceana, una organización sin fines de lucro dedicada a la conservación de los océanos, informa que en toda Filipinas hay sobreexplotación en el 75 por ciento de las zonas de pesca y los peces de los arrecifes han disminuido hasta un 90 por ciento.

A medida que las poblaciones de peces han ido disminuyendo como resultado tanto de la sobrepesca como del cambio climático, las investigaciones de la cercana Universidad Silliman muestran que los pescadores se están esforzando más y recurren a métodos cada vez más destructivos e ilegales: redes de pesca de tres capas, envenenamiento con cloro, dinamita.

La resultante espiral de muerte del ecosistema es de libro de texto, comentó Aileen Maypa, una bióloga que pasó años trabajando para restablecer los arrecifes de Siquijor y las ilsas vecinas. “Si no haces nada, solo queda la hambruna”, afirmó.

Maypa señaló que la participación de las mujeres ha transformado en varias ocasiones los resultados en la región.

Los hombres “ven el ahora”, mencionó. “Las mujeres miran al futuro”.

Filipinas alberga más de 1200 zonas marinas protegidas, pero la mayoría de los científicos marinos creen que pocas alcanzan objetivos de conservación significativos.

En Siquijor, las evaluaciones locales más recientes, finalizadas en 2019, muestran que al menos la mitad de los 22 santuarios de la isla cumplen los criterios de gestión "excelente". De ellos, dos están casi por completo a cargo de mujeres.

En el extremo norte de la isla, en el Santuario Marino de Binoongan, rodeado de manglares, los líderes conservacionistas locales dicen que 16 mujeres hicieron lo que los hombres no pudieron o no quisieron hacer: se ofrecieron a gestionar el santuario en colaboración con el concejo del pueblo después de que la organización pesquera del pueblo, dominada por los hombres, se negó a hacerlo.

Muchos dicen que sin sus esfuerzos el santuario habría seguido en declive permanente. En cambio, los informes muestran que ahora cuenta con la mayor biomasa de peces de todos los santuarios de Siquijor, y en 2019 la alianza de gestores de recursos costeros de la isla declaró esta área la mejor zona marina protegida de la isla y la que cuenta con más apoyo de la comunidad.

Al otro lado de la isla, el Santuario Marino de Maite fue declarado el más emprendedor y generador de medios de subsistencia. Bajo la dirección de Malicay, unas 35 mujeres (algunas de ellas mayores de 80 años) y 15 hombres se encargan de mantener las boyas de delimitación, retirar la basura y las estrellas de mar invasoras y recaudar las cuotas de los turistas que practican el buceo profundo y de superficie. También se turnan para atender un negocio de cocina y panadería, que les ofrece un pequeño pero significativo ingreso a los miembros activos y les ayuda a mantener a sus familias con un complemento o alternativa a la pesca.

Cada noche, al menos una persona hace guardia para detectar a los pescadores furtivos.

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CAZ

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