Ana Laura Hernández ayuda a las mujeres a ser más seguras

Ana Laura Hernández, una Licenciada en Desarrollo Humano, la cuál encontró su verdadera vocación como estilista, cosmetóloga e imagóloga, para ayudar a la mujer a ser más segura a través de su imagen.

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Por: Marisol García

Ana Laura Hernández, empresaria y dueña de las estéticas Oleynik. Foto: Marisol García

Ana Laura Hernández, empresaria y dueña de las estéticas Oleynik. Foto: Marisol García

Celaya, Guanajuato.- No rendirse, trabajar arduamente, ser fiel a sus principios y congruente en su ser y quehacer, son algunos de los componentes que han marcado la vida personal y profesional de la empresaria celayense Ana Laura Hernández. 

De formación como Licenciada en Desarrollo Humano, Ana Laura encontró su verdadera vocación como estilista, cosmetóloga e imagóloga, donde el poder ayudar a la mujer para que consiga seguridad en sí misma a través de su imagen, ha sido su principal motor. 

Y ese mismo interés de trabajar en pro de la mujer y su desarrollo, la ha llevado a encabezar la Asociación Mexicana de Mujeres Jefas de Empresas (AMMJE), representación Celaya, con sede en Guanajuato.

Hace doce años, ingresó como socia, tras varios años como miembro y un receso en el que la asociación no tuvo presencia en el municipio, ahora la celayense vuelve como socia fundadora a conformar la organización, y desde noviembre trabaja por el fortalecimiento económico de las jefas de empresas, además de apoyar a emprendedoras y artesanas.

Ana Laura reconoce que no ha sido fácil, pero logró reunir los mejores perfiles para conformar la asociación y juntas buscar oportunidades de desarrollo.

Hay mujeres bien capaces y con toda la experiencia pero no lo creen, las detiene el miedo y la inseguridad, solitas obstaculizamos nuestros talentos por seguir los roles a los que creemos fuimos llamadas”, comparte.

La presidenta de AMMJE explica que la clave es dar el lugar correcto a cada rol y ordenar prioridades, para poder llevar el rol de mamá, esposa, hija y al mismo tiempo ser empresaria, proveedora y desarrolladora de economía.

Presidenta de la Asociación Mexicana de Mujeres Jefas de Empresas (AMMJE) Foto: Marisol García

Ana Laura ahora lo tiene claro, sus prioridades son sus hijos y ella, en ese orden, pero a lo largo de su vida también pasó por diversas etapas y confiesa, que en ocasiones tuvo que trabajar a escondidas de su marido, o sufrió el no saber cómo cuidar a sus hijos mientras laboraba, pero aprendió a ubicar cada rol en el lugar apropiado.

Hay que darse cuenta de quién eres para saber qué puedes dar (…) y tomar decisiones firmes”, sentencia, y explica que la mujer sabe lo que quiere y es multifacética, “no le tienes que decir qué quiere o a dónde va, solo es ordenarle todas las cosas que les encantan hacer”.

Encabezar AMMJE es un gran reto, lo reconoce, pero se siente capaz de hacerlo ya que cuenta con las herramientas para ello, pues a lo largo de su trayectoria ha trabajado con mujeres y conoce sus necesidades, también ha laborado en el área de vinculación empresarial en el servicio público, y como empresaria ha empezado desde cero, viviendo todo el proceso en la conformación de sus estéticas Oleynik.

Comenzó como vendedora por catálogo para diversas empresas y durante los 6 años que realizó esa labor, llegó a niveles muy altos y reunió gran cantidad de reconocimientos a nivel nacional por su trabajo y liderazgo.

Posteriormente como cosmetóloga fue invitada a impartir talleres en el Instituto de la Mujer, ahí nace su interés de estar mejor preparada, estudia para estilista y abre su primera estética.

Me empiezo a dar cuenta de que a las mujeres no nos interesa maquillarnos, no es el punto, el interés es que nos acepten como somos, entonces empiezo a estudiar más y es cuando encuentro lo de imagología, que es crear una imagen física en las personas y empiezo a darme cuenta de muchas necesidades en la gente”, señala.

Ana Laura es una mujer creyente, sus principios y valores van de la mano de su fe.

Para mí Dios es mi mejor jefazo, lo que él me diga eso es la verdad, entonces eso me ha ayudado mucho a tener una sola línea de vida y no andar cambiando de ánimos, como me guía una sola regla eso me ha ayudado a tener fundamentos muy firmes”.

Por lo que basa la educación de sus tres hijos en la congruencia a esos principios y lo demuestra con el ejemplo, además les ha enseñado a luchar por lo que se quiere y no venderse a nadie.

Uno de los sucesos más difíciles que le ha tocado vivir fue el fallecimiento de su esposo hace tres años, pero de ese proceso aprendió la mayor lección: tener autonomía.

Cuando muere mi esposo, el no tener a quien echarle la culpa de mis errores; no poder decir: ‘no hice esto porque mi esposo dijo que no’, ‘llegué tarde porque mi esposo me entretuvo’; fue lo más duro. Yo iba a ser responsable de todo y lograr esa autonomía fue de lo más padrísimo y le agradezco mucho a Dios que me haya tenido confianza en que no iba a desviarme. Ese suceso me enseñó tanto y es lo que hizo darle un vuelco a mi vida”, asegura.

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