Mundo nuevo, ideas viejas

Poca gente ha dado más en el clavo describiendo las limitaciones de AMLO que Ricardo Anaya, cuando le dijo en un debate presidencial que su problema no es su edad sino que sus ideas son viejas. Lo son.

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Por: Jorge Suárez-Vélez

Poca gente ha dado más en el clavo describiendo las limitaciones de AMLO que Ricardo Anaya, cuando le dijo en un debate presidencial que su problema no es su edad sino que sus ideas son viejas. Lo son.

En un espectacular evento organizado recientemente por el Tec de Monterrey, hablaron algunas de las mentes que mejor entienden hacia dónde va el mundo. Varias cosas quedaron claras. Primero, que vivíamos una disrupción sin precedente aun antes de una pandemia que la acelerará. A riesgo de hacer una síntesis injusta de conferencias brillantes, vivimos por un lado una revolución tecnológica en la que inteligencia artificial, el 5G y la capacidad de computadoras cuánticas para analizar cantidades estratosféricas de datos cambiarán cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo nos entretenemos y cómo nos relacionamos. Gracias a esas capacidades tomó 48 horas desarrollar la vacuna de Moderna una vez que pudieron ver la secuencia genética del virus. Además, ocurre en paralelo una revolución biotecnológica que será aún más disruptiva y que cambiará el potencial y futuro del ser humano.

En las próximas décadas, el reto más urgente será descarbonizar la generación de energía. La demanda por energía crecerá exponencialmente. Apremia generarla sin dañar más al planeta.

Yuval Harari y Thomas Friedman hablaron, entre otras cosas, sobre el gran reto de gobernantes que deberían esforzarse por alinear a sus países con el profundo cambio, buscando que el mayor número de sus ciudadanos se integren con éxito a la economía que viene y que tengan alternativas quienes hacen trabajos que se volverán obsoletos.

AMLO no entiende que esto nada tiene que ver con conservadores, liberales, izquierda o derecha. Estamos en una carrera contra reloj en la que países de ingreso medio como México buscamos insertarnos en actividades y sectores que absorberán la mayoría de recursos disponibles para invertir, y que buscarán rentabilizar los cambios.

A principios de 2006 (primera vez que AMLO quiso ser Presidente), Amazon, por ejemplo, valía "sólo" 20 mil millones de dólares. Hoy vale alrededor de 1.5 millones de millones, 75 veces más. Eso es 35% más que el PIB nominal de México. En el mismo periodo, el valor de Exxon, la mayor petrolera estadounidense, pasó de 376 a 264 mil millones de dólares, 30% menos; siendo una petrolera rentable y muy bien administrada. En 2006, Exxon era 19 veces Amazon, hoy Amazon es 6 veces Exxon.

Integrar a la nueva economía a más mexicanos hoy marginados de ésta sería carísimo. Pero, sin duda, costaría menos que los millones de millones de pesos que, literalmente, tiraremos los próximos años cubriendo pérdidas de Pemex y CFE, más los que dilapidaremos en una refinería que en 1980 hubiera sido mala idea y que hoy es un escándalo, en un aeropuerto que nadie usará y en un tren absurdo que -si algún día se termina- será un abismo de pérdidas crecientes (hay que avisarle al Ejército).

Los recursos son, por definición, escasos. La obligación del gobierno de asignarlos con eficiencia es hoy estratégicamente crítica, de lograrlo dependerán generaciones de mexicanos. Es mal momento para pelearse con empresas privadas. Hay que atraerlas y ofrecerles condiciones para que inviertan y sumen sus recursos a los del gobierno. Es momento de construir un Estado de derecho que garantice derechos de propiedad y contratos que se respeten. Si queremos un México próspero, necesitamos invertir lo más posible educando a nuestros jóvenes para que tengan herramientas y destrezas que los hagan atractivos en el nuevo mercado laboral, para darles acceso a empleos bien remunerados y a carreras dignas. Es inmoral que este gobierno condene a sus clientelas a la pobreza perenne, al sólo repartirles suficiente dinero para subsistir, fomentando dependencia.

Viene un mundo fascinante. De nosotros depende participar o verlo desde lejos. Urge sentarnos en la mesa donde se tomarán las grandes decisiones que definirán el futuro del mundo. Si no lo hacemos, no nos quedará más que ser la botana.

@jorgesuarezv

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