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Roban hasta a los muertos por miseria en Venezuela

Algunos nichos y féretros de un cementerio en Maracaibo han sido profanados por ladrones para sacar artículos de decoración y hasta los dientes de oro de los muertos.

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Por: AP

El cementerio El Cuadrado, en Maracaibo, fue invadido por ladrones para profanar nichos y féretros. Foto: AP

El cementerio El Cuadrado, en Maracaibo, fue invadido por ladrones para profanar nichos y féretros. Foto: AP

Maracaibo, Venezuela.- Ni los muertos están a salvo en Maracaibo, una sofocante y castigada ciudad de Venezuela.

Ladrones profanan algunos nichos y féretros en el cementerio de El Cuadrado desde finales del año pasado, robando decoraciones a artículos de los cadáveres mientras el país se sume en un nuevo nivel de privación.

José Antonio Ferrer, el encargado del camposanto donde están sepultados un destacado doctor, un rector universitario y otras figuras locales, relató que hasta se han llevado los dientes de oro de los muertos.

Ferrer, el encargado del cementerio de El Cuadrado, heredó el trabajo tras la muerte de su padre, quien ya lo había tomado del suyo. El camposanto se fundó hace casi dos siglos.

Según Ferrer, los entierros solían celebrarse hasta bien entrada la tarde, pero ahora se ha reforzado la seguridad y solo se realizan hasta mediodía para disuadir a los ladrones de tumbas.

Crisis venezolana

Gran parte de Venezuela se encuentra en un estado de deterioro y abandono provocado por la escasez de algunas de las cosas que más necesita la gente: dinero en efectivo, comida, agua, medicamentos, electricidad, gasolina.

Algunos de los casos de miseria más graves se repiten a diario en las calles de Maracaibo, la segunda ciudad de Venezuela que en su día fue el corazón de la floreciente industria petrolera nacional. Fue aquí en marzo donde los residentes, aparentemente guiados por la desesperación de los cortes de electricidad en todo el país, saquearon y destruyeron cientos de edificios y negocios.

Las autoridades culparon a los delincuentes de la escalada, que tuvo una magnitud única en el país y solo aceleró la caída de la ciudad.

La vida en Maracaibo

A medida que el enfrentamiento político se prolonga, también lo hace la vida en Maracaibo.

Como en otras ciudades, los cansados conductores duermen sobre sus autos mientras esperan la llegada del escaso combustible en largas filas en las gasolineras.

Algunos revuelven en la basura, buscan comida o se apresuran a llenar cubos cuando el camión del agua para en su vecindario. Un pescador logra una captura. Un vendedor en un mercado carga con una pieza de carne que tendrá que vender pronto ya que, sin refrigeración, los alimentos perecederos se estropean rápidamente en las asfixiantes temperaturas de Maracaibo.

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