Opinión

Pollo ¡a la fuerza!

Con las medidas que tomó el Gobierno, el pasado lunes, al ordenar que ninguna empresa pueda reducir sueldos o despedir al personal.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Con las medidas que tomó el Gobierno, el pasado lunes, al ordenar que ninguna empresa pueda reducir sueldos o despedir al personal, lo único que muestra es una profunda separación de la realidad. 

En nuestra época los marxistas llamaban  “alienación” del pueblo cuando el proletariado no tenía conciencia de su realidad. Ahora lo podemos decir: el Presidente y su Administración están alienados. No tienen la más remota idea de lo que viven las empresas. 

Lo primero que no saben es que éstas no son los empresarios sino un conjunto de partes indispensables: accionistas, colaboradores, proveedores y mercado. 

Si por la pandemia no pueden trabajar, ¿de dónde saldrán los salarios? La imaginación perdida de Marcelo Ebrard supone que en todos los negocios hay un cofre con un tesoro o cuentas de bancos rebosantes de dinero.

Perdón, nunca en muchos años he publicado exabruptos con palabras de doble sentido pero todo cambia y siempre llega el tiempo.  El Gobierno quiere que comamos pollo ¡a huevo! 

Da órdenes como las de Hitler a sus ejércitos cuando estaba perdido todo.

Invadan, ataquen, y si no lo hacen, mueran porque ese es el castigo para los pueblos que se rinden”.

Eso le dice la Federación a las empresas. Sabemos que ronda la locura en los pasillos de Palacio.

Es probable que sea el encierro ya de dos semanas el que nos hace ver algunas cosas con mayor claridad y otras con las que podemos perder el equilibrio.

Imagino que algo grande tiene que pasar para que el país se movilice en contra de la arbitrariedad porque las órdenes de los generales ya no pueden ser obedecidas. 

En Guanajuato los mismos sindicatos reconocen la imposibilidad de sostener sueldos y plantillas laborales con empresas cerradas como las automotrices o las de calzado; tampoco es imaginable pagar salarios completos en restaurantes y hoteles vacíos. 

¿Cómo harán los dueños de las tiendas de las plazas comerciales para sostener toda su nómina si estarán cerradas por tiempo indefinido? La medida es criminal. 

Hay soluciones y una de las más coherentes es la de Santiago Levy, el economista con más experiencia y mejor preparado para enfrentar lo que viene.

Sugiere: hay que pedirle prestado al futuro para evitar la demolición de la economía. Pagaríamos con trabajo y sacrificio como lo hicieron los europeos con los estragos de la Segunda Guerra Mundial.  

Da rabia saber que la debacle puede evitarse con una sola firma, la del Presidente de México, quien apunta a una seria alienación, ya reconocida en sus propias filas. 

Una firma liberaría el crédito interno por dos billones de pesos o más (dos millones de millones) con la compra masiva de bonos a bancos y a grandes empresas. Las aerolíneas no quebrarían, ni los hoteles y tampoco los restaurantes.

En tiempos de recesión, que tiende a depresión, el dinero debe fluir del Gobierno y los bancos centrales a las empresas y no al revés como sucedió hoy, cuando tuvimos que pagar impuestos sin ninguna prórroga, sin la menor consideración. Ojo, como en ningún país del mundo.

Pagamos con base en una economía en recesión del año pasado y pagaremos en los meses que vienen con una depresión. Es una locura. 

No hay excusa. Países con menos recursos que nosotros como Colombia están enviando dinero a los bancos, las empresas y las familias. 

Lo que hace Andrés Manuel López Obrador es lanzar una bomba de neutrones a la economía: lo saben sus economistas. Esas bombas mataban a los hombres pero dejaban intactos los edificios. 

La orden de comer pollo ¡a huevo! no se puede cumplir. Nuestras empresas están enfrentando la tormenta con serenidad, solidaridad y la visión de prevalecer y sobrevivir a la adversidad. Estamos dando la batalla por la vida, en todos sentidos, en cambio, Morena está decretando su muerte.

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