¿Qué haría Ernesto Zedillo hoy?(Segunda Parte)

El primer mensaje de un hombre experimentado, de un doctor en ciencias económicas, sería uno que restableciera la confianza en los empresarios mexicanos y extranjeros.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El primer mensaje de un hombre experimentado, de un doctor en ciencias económicas, sería uno que restableciera la confianza en los empresarios mexicanos y extranjeros. El primer ingrediente para animar a la inversión privada y respetar el valor del emprendimiento.

El país no puede avanzar sin la locomotora de la inversión, sin la seguridad del cumplimiento de la ley y la apertura del mercado interno a la participación de los particulares en la generación de todo lo que puedan, no sólo la energía eléctrica y combustibles.
Acto seguido, cancelaría la construcción de una refinería más en Dos Bocas, cuando en las seis que ya tenemos se pierden miles de millones de pesos al mes.

Igual detendría la construcción del llamado Tren Maya que no nos llevaría a ningún lado, sólo a la pérdida de 150 mil millones de pesos en su inversión y a unos 5 mil millones anuales para su operación.

De inmediato pararía el aeropuerto camionero de Santa Lucía para rescatar la inversión y el futuro aeronáutico del país en Texcoco. El sentimiento de cordura volvería a los mercados internacionales.

Los programas asistenciales de becas y dádivas al por mayor cambiarían de dirección. Ernesto Zedillo logró los mejores resultados en aliviar la pobreza a través de ayudas económicas enfocadas a las madres. A ellas se les apoyaba mensualmente con el compromiso de que sus hijos no dejaran la escuela.

El proyecto empezó poco a poco hasta extenderse en programas como Progresa. El reto es convertir las ayudas asistenciales en inversión que eleve la educación y la productividad de las familias.

Con dádivas, a tontas y a locas, lo único que se logra es la dependencia permanente de amplios sectores de la población. Dinero, en la mayoría de los casos tirado a la basura, algo que costó mucho trabajo pagar a los contribuyentes.

De inmediato subiría el salario del Presidente, no porque Zedillo fuera un hombre de ambiciones personales, sino porque es la única forma de pagar bien a gente competente.

Si el límite superior de los ingresos de los funcionarios públicos está deprimido por un sueldo bajo del Presidente, entonces suceden dos cosas: florece la corrupción porque el ingreso no les ajusta o la operación del Gobierno se llena de personas sin la competencia para desempeñar el cargo.

Los capaces, los competentes y honestos buscan hoy mudarse a la iniciativa privada porque ahí no desperdician su talento, su tiempo y su vida. No son muchos los funcionarios de quienes depende la operación eficaz y eficiente del Gobierno.

En su conjunto, la administración de López Obrador ya costó más de un billón de pesos (un millón de millones) al país por la falta de crecimiento, la incertidumbre y el desperdicio.

En el sistema de salud comienzan a perderse vidas por la ineptitud en las compras y distribución de medicinas, con el cambio brusco y torpe del Seguro Popular al INSABI.

Con Zedillo lograríamos mantener el grado de inversión en los bonos mexicanos. Tan sólo ese ahorro en intereses puede ser de 5 o 10 mil millones de dólares al año, mucho más de lo que se le paga a todos los secretarios y subsecretarios de la administración federal.

Lo siguiente sería el rediseño del sistema de pensiones que pronto ahorcará las finanzas públicas y, peor aún, generará ingobernabilidad y un profundo malestar social como hoy sucede en Argentina.

Eso haría quien alguna vez sacó del agujero a México y le dio los fundamentos macroeconómicos de la estabilidad en los últimos 25 años. Todo con la apertura económica al mundo bajo principios liberales. Cómo extrañamos al mejor expresidente que tuvimos en nuestra generación.
 

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