Opinión

Si se desploma la demanda…

Con los destinos turísticos parados, el desempleo pega duro a Quintana Roo, Guerrero, Jalisco, Nayarit y Guanajuato. Qué decir de la CDMX.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Con los destinos turísticos parados, el desempleo pega duro a Quintana Roo, Guerrero, Jalisco, Nayarit y Guanajuato. Qué decir de la CDMX. Con el comercio a medias y las fábricas sin pedidos, la demanda disminuye. Por desgracia, comienza el desempleo.

Pongamos el ejemplo de San Miguel de Allende. Apenas ayer reportaba una ocupación de entre el 5 y el 15% de las habitaciones disponibles. Debajo del punto de equilibrio de cualquier hotel. Con los restaurantes cerrados y los bares sin gente, San Miguel de Allende, nuestro principal destino turístico, está colapsado.

Las empresas comienzan el doloroso camino del despido y los empleados sufrirán meses de angustia porque no hay dónde encontrar trabajo en su ciudad. Algunos emigrarán, otros permanecerán en la subsistencia mientras pasa la pandemia.

En términos económicos, explicado sin mayor complicación: se desplomó la demanda. Luego se desploma el empleo y, si no se hace algo urgente, se desplomará la paz social. Eso es lo que no comprende el Gobierno federal en su negativa de enviar un salvavidas a las empresas de servicios.

En León los empresarios del calzado viven la crisis más grande de su historia. Sin pedidos y con la angustia de una industria que trabaja codo con codo, tienen pavor de que la epidemia llegue pronto. La incertidumbre y la cancelación de pedidos los obliga a pedir auxilio al gobernador Diego Sinhue Rodríguez.

Quieren un decreto de emergencia que les permita cerrar temporalmente sus fábricas. Pagarían 1.5 veces el salario mínimo a sus colaboradores mientras dura la emergencia sanitaria. Salvarían empresas y vidas.

Al Gobierno no le gusta la idea porque sería una medida inédita en la historia de Guanajuato y limitaría el consumo de miles de familias que tienen ingresos de hasta 4 salarios mínimos en promedio.

Los zapateros piden, además, que durante la cuarentena el salario llegue íntegro a sus colaboradores, sin cargas de IMSS, Infonavit, Fonacot y otros adeudos que disminuyen la capacidad de compra de sus empleados. El decreto tiene que llevarse al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Un trago político amargo para Diego.

En una reunión de los dirigentes, agremiados a la Cámara del Calzado, donde pidieron el decreto, un empresario dijo:

Si no aceptan el decreto no tendré más alternativa que dejar de pagar a mis proveedores y dejar de pagar impuestos, primero pagaré a mis empleados y al final, cuando ya no tenga dinero, cerraré la fábrica”.

Para el estado es complicado apoyar a una sola industria con subsidios directos al salario. Pero igual de complejo es no hacerlo.

La solución depende de un diagnóstico preciso de la demanda real de calzado contra los meses anteriores, cuando apenas se recuperaba la caída del año pasado. El 2020 no comenzó mal pero se gangrenó a partir de la pandemia.

Un funcionario público de primer nivel comenta que el Estado tiene limitados sus recursos en comparación de la federación. Imposible apoyar a todos los sectores al mismo tiempo.

Cierto, lo que sí puede hacer es dedicar todo el presupuesto a dos fines: salud y empleo. Nada de carreteras, de puentes, proyectos de infraestructura y otras inversiones que pueden esperar.

Si el Gobierno tiene 15 mil millones para obras, deberá diferirlas e invertir en la salud (que por cierto somos el mejor estado en su administración) y en programas de empleo. La cresta de la pandemia está cerca, no la compliquemos con precariedad económica en las familias de Guanajuato. (Continuará)

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