Opinión

Toda la artillería (Urgen a Guanajuato 10 mil millones)

El tiempo apura, la guerra amenaza con desestabilizar al terruño en todos los frentes de batalla.

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Por: Enrique Gómez Orozco

  El enemigo avanza

El tiempo apura, la guerra amenaza con desestabilizar al terruño en todos los frentes de batalla. El sector turismo, las fábricas, los empleados informales y temporales viven el desamparo más grande de su historia. Todo está en el aire y el sufrimiento puede ser indecible si no actuamos ya.

El Gobierno federal está bloqueado, sin un plan expansivo para contener la depresión económica que se avecina. Lo vemos perdido en la ideología sin un plan concreto.

Guanajuato debe y puede actuar sin que pasen horas o días de planeación. Hay que sacar la bazuca ya y todas las armas para combatir en dos frentes: la salud y el empleo.

Por fortuna las cuentas del Estado están sanas y hay capacidad de maniobra si se reúnen 10 mil millones de pesos para invertirlos (ojo, invertirlos) en empleo temporal y suministros para la salud. Aunque parezca mucho dinero es apenas el uno por ciento de lo que producimos en 2019. Un centavo de cada peso no es nada.

Los países desarrollados dedican el 10 por ciento de su producto nacional para contrarrestar el horror de la guerra contra la pandemia. Los 10 mil millones o hasta 15 mil se pueden sacar del presupuesto no comprometido y de créditos bancarios.

  El empleo

Las obras públicas como edificaciones, pavimentación o puentes, que llevan un 90 por ciento de materiales, maquinaria e insumos como cemento y varilla, deben cambiarse a trabajos intensivos de mano de obra. Un 90 por ciento en nómina de personal y un 10 por ciento en insumos. El ejemplo es sencillo: mejor un empedrado que un pavimento, mejor pintar y limpiar que edificar.

Hasta agosto del año pasado, el Gobierno de Guanajuato contemplaba obras por 3 mil 500 millones de pesos. Lleva algo iniciado pero la mayor parte todavía no arrancha. Hay que transformarlo.

Otras licitaciones deben esperar. Si antes era dudosa la utilidad de cambiar todas las placas de los vehículos con un costo de 450 millones, hoy tiene menos sentido, porque al final las pagarán los ciudadanos. Mejor cobrar el refrendo y usar ese dinero para empleo o salud.

Hay entidades municipales como SAPAL que cuenta con 2 mil millones en bancos y cuentas por cobrar de mil 500 millones. Debe usar buena parte de sus reservas para prestarlas o aportarlas a la emergencia.

Podría contratar a 10 mil o 20 mil desempleados de la industria local para hacer trabajos de limpieza, pintura, saneamiento de ríos o lo que implique mano de obra intensiva. Tener dinero en el banco cuando la gente no tiene para comer sería un crimen de lesa humanidad.

Hay dinero en las arcas municipales y ciudades como León pueden extender sus líneas de crédito con los bancos para obtener más recursos. El Congreso debe autorizar a los ayuntamientos a pedir todo el dinero posible. Tal vez se puedan conseguir unos mil o 2 mil millones de pesos mas.

Finalmente, el mismo Congreso debe autorizar en forma urgente. Hoy, hoy, hoy −como dijera Vicente Fox−, el máximo endeudamiento para el Estado. Se pueden pedir 10 mil millones, ya.

El destino es único: salvar los 3 o 4 meses en los que no habrá trabajo por el encierro. Con audacia y visión podrían reunirse esos 10 o 15 mil millones que serían suficientes para dar empleo a 500 mil desempleados. Así de grande el cañón.

Pagarían salarios de 1,500 pesos a la semana, sin ningún descuento (forzando el brazo a Hacienda), y salvar de la hambruna a dos millones de guanajuatenses. Además de rescatar las cadenas de consumo que deben quedar de pie después de la pandemia.

Hay estados como Nuevo León, que deben hasta 70 mil millones de pesos y no se apuran, en Guanajuato debemos 3 mil millones y a diciembre había 10 mil millones en bancos. Sabemos que Diego es audaz pero necesita todo el apoyo de los diputados, los funcionarios públicos y los ciudadanos. Ya no podemos decir por qué no, sino como sí. 

  La Salud

En salud están definidas las estrategias ganadoras. Alemania: examinar, examinar y volver a examinar a los ciudadanos para distinguir quiénes son portadores del virus y quiénes no.

Si hay que hacer un millón de pruebas, hagámoslas ya. En Corea el triunfo también fue ese, además ubicaron a cada enfermo en su casa y lo vigilaban con su propio celular. ¿Quién no tiene celular hoy en día en las ciudades?

Por fortuna Guanajuato tiene mejor infraestructura que otros estados, pero no es suficiente. Nueva York, que es la capital del mundo, no puede con tanto enfermo, imaginemos lo que pasará aquí. 

Hay que ubicar puntos de examen fuera de los hospitales, en lugares aislados con atención de autoservicio (drive through) y ser campeones en número de pruebas. Aquí no tenemos que quedar bien con nadie. Entre más detectemos pronto, mucho mejor. Lo peor es tratar de esconder la epidemia debajo de un tapete político. 

Luego hay que ser proactivos. No esperar a que la gente llegue con fiebre, tos o malestar. Hay que examinar, primero al azar por zonas e identificar dónde está el peligro y luego por edades, para salvaguardar a nuestros ancianos y no tan ancianos. Lo sabe la Secretaría de Salud, pero no hemos visto una actitud de verdadera urgencia. 

Tenemos que trabajar día y noche, sin cesar. Recordemos, es una guerra aunque sea silenciosa e invisible. Tenemos que apoyar a todo el personal médico, ellos son los héroes. Tenemos que darles todas las herramientas posibles para que no sean víctimas de su invaluable trabajo. 

  El cuarto de guerra

La tercera parte es poner un cuarto de guerra. Así como Inglaterra ubicaba a los enemigos nazis desde centros donde se ubicaban con radar los ataques por zona, aquí debe designarse un sitio para coordinar todos los esfuerzos. No sólo es tener el dinero sino poder administrarlo con rapidez y eficacia. 

Diego Sinhue puede ser el líder que necesitamos, debe serlo. Con entusiasmo, determinación y una profunda fe en nosotros mismos, ganaremos esta guerra.

Con un plan Marshall, Plan Guanajuato, Plan Mayor o cómo lo quieran llamar, daremos el ejemplo a otros estados y al país, de un pueblo unido y diligente. Imposible fallar. (Continuará) 

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