17 para el 2022

Tan pronto Joe Biden tomó posesión dio un golpe de timón al suscribir 17 decretos para cancelar las desoladoras políticas dictadas por Donald Trump.

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Por: Francisco Martín Moreno

Tan pronto Joe Biden tomó posesión dio un golpe de timón al suscribir 17 decretos para cancelar las desoladoras políticas dictadas por Donald Trump. Los estadounidenses se deshicieron de un presidente colérico, grotesco, despreciable, bravucón, mendaz, misógino, tirano y racista, deseoso de instalar una dictadura fascista, cuando una turba de bárbaros invadieron el asiento del Poder Legislativo de la democracia más antigua del mundo. Los mexicanos contamos con dos preciosas oportunidades para terminar anticipadamente con la 4T que volvió a convertir a México en el gobierno de un solo hombre. Debemos rescatar a México el 6 de junio, y para lograrlo, en primer lugar, tenemos que arrebatarle a Morena, en las urnas, el control de la Cámara de Diputados, es decir, el Presupuesto Federal de Egresos, sin olvidar 15 gubernaturas y cientos de alcaldías. Se impone la reconstrucción de México, tal y como Biden se lo ha propuesto en Estados Unidos.

A modo de una bitácora política, si los 40 millones que no votaron en el 2018, sumáramos a los 20 que sufragaron en contra, más los decepcionados de haberlo hecho a favor de AMLO, recuperaríamos la Cámara de Diputados y a tan solo 4 meses de distancia, podríamos cancelar el tren maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas, obras suicidas que, desde luego pueden esperar indefinidamente y que permitirían destinar 500 mil millones de pesos a la compra de vacunas, al equipamiento de hospitales y al financiamiento de las pequeñas y medianas empresas. Además de lo anterior, se suspendería la compra de voluntades electorales por 600 mil millones de pesos, disfrazada de ayudas asistenciales, para nutrir con recursos económicos a las entidades federativas y, con ello, impedir la fractura del pacto federal, o sea, la desintegración del país.

Acto seguido, en el 2022, la energía electoral debería concentrarse por abrumadora mayoría, en la revocación del mandato de López Obrador. En esta coyuntura, el nuevo presidente tendría que ejecutar aún cuando parezca el sueño de un novelista, muchos más de 17 puntos para empezar el proceso de reconstrucción de México.

Se reiniciarían los trabajos del NAICM, la obra de ingeniería más importante de la historia de México, se nombraría un fiscal autónomo para crear un auténtico Estado de Derecho, se cancelarían los chantajes al poder judicial, se repararía la carísima marca México en el mundo, se derogaría la mayor cantidad de reformas constitucionales y legales promulgadas por AMLO para facilitar el arribo de miles y miles de millones de divisas destinadas a la creación empleos. Volveríamos a las rondas petroleras para atacar la crisis financiera de Pemex y de CFE, mediante el nombramiento de directores capacitados. Se impondría el fracking que le reportó autosuficiencia petrolera a EU, mientras el norte de México se convertiría en una potencia gasera en razón de la explotación del gas shale. Se impulsarían proyectos multinacionales de energía limpia, la eólica o la solar, las baratas, las naturales, para desplomar las tarifas de consumo de energía eléctrica y cancelar los daños ecológicos.

Se reinstalaría el Consejo de Promoción Turística y de Pro México, para poder recibir millones y más millones de turistas y de divisas. Se suscribirían acuerdos de transferencia de tecnología con potencias policiacas para controlar al crimen organizado, disminuir los homicidios dolosos y el pánico nacional.

Se reabrirían las estancias infantiles, los refugios para mujeres golpeadas, los comedores comunitarios; expulsaríamos a los "doctores cubanos", meros agentes comunistas. Se repondría la autonomía de los organismos autónomos. Se fortalecía la democracia.

Apoyaríamos al Grupo de Lima, en contra de las dictaduras comunistas. Las compras del gobierno se harían por licitación y no por asignaciones directas. Se desintegraría la Guardia Nacional para capacitar a la Policía Federal, a la estatal y hasta la municipal. Se repondría la reforma educativa con arreglo al mérito y no a las presiones sindicales. Se tranquilizaría a los mercados y a las casas calificadoras. El nuevo presidente emitiría el doble de decretos de Biden, pero soñar se vale.

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