Contra nadie 

El gobierno de AMLO se encamina hacia otra decepción mayúscula, con enormes costos para México: por desgracia, frente a él y Morena no hay nada ni nadie. Y esa no es culpa suya, sino de estos dos partidos, PAN y PRI, absolutamente incapaces de ser otros.

sábado, 14 de mayo de 2022 · 00:00

Cuando, en julio de 2018, López Obrador se alzó con un triunfo histórico a la Presidencia, buena parte de sus 30 millones de votos se debió al hartazgo que más de la mitad de la población -ese asombroso 53 por ciento- sentía hacia los partidos que hasta entonces se habían repartido el poder por casi un siglo. En las postrimerías del siglo XX, el PRI se había convertido en la encarnación del autoritarismo y, en su vuelta en 2012, no hizo sino exacerbar su inaudita corrupción, en tanto que el PAN, que durante años había encarnado una oposición responsable, apenas tardó en decepcionar en el 2000 y luego, en el 2006, sumió al país en una atroz ola de violencia debido a su irresponsable "guerra contra el narco".

Tras dos intentos fallidos, AMLO al fin supo capitalizar ese abrumador descontento: los dos partidos, bien caracterizados como mafia en el poder, habían acribillado las esperanzas de cambio depositadas en ellos y habían sumido a México en una de las etapas más oscuras de su historia. Frente a un saldo en donde se sumaban la banalidad de Fox y la venalidad de Peña Nieto con la cruenta tozudez militarista de Calderón, lo increíble hubiera sido que cualquiera de ellos hubiera retenido el poder. Los mayores responsables de la victoria de López Obrador fueron ellos mismos: tres gobiernos desastrosos en los que perdieron la oportunidad de cimbrar al sistema, conformándose con defender sus propios, mezquinos intereses.

La más dura lección de su paso por la Presidencia es que, pese a sus derrotas, PRI y PAN jamás fueron -ni han sido- capaces de reconocer sus trágicos errores y menos aún de renovarse. Tras su debacle en el 2000, el PRI no emprendió el menor ajuste de cuentas, se atrincheró para bloquear todas las iniciativas de Fox y se agazapó para recuperar el poder tras los desastres de su enemigo histórico; después, en el 2012, recuperó sus peores artimañas y se limitó a esquilmar a la hacienda pública en una auténtica política de Estado. El caso del PAN es todavía más vergonzoso: tras la torpeza e ineficacia de Fox, tuvo otra oportunidad de trastocar la inmensa desigualdad del país y, en vez de ello, por un desplante maniqueo de Calderón, nos sumió en la más sanguinaria barbarie.

Tras su humillante derrota en 2018, la actitud de ambos partidos ha sido lamentable: incapaces de reconocer sus costosísimos yerros, de hacer un examen de conciencia, de pedir perdón por la corrupción y por los muertos, PRI y PAN prefirieron unirse -con el insignificante añadido de los restos de la izquierda agazapados en el PRD- con la única finalidad de bloquear los proyectos de López Obrador. Desde entonces, sus triunfos se han limitado a frenar las cuestionadas reformas constitucionales del Presidente y obtener algo de poder territorial en la Ciudad de México: fuera de eso, ni una sola propuesta de conjunto, ni un solo plan alternativo de nación, ni una sola figura de peso entre sus filas capaz de contrastar el monopolio de la agenda que instaura el Presidente cada mañana.

Desde su victoria, AMLO ha traicionado la mayor parte de sus promesas -en primera instancia, con una militarización extrema- y tampoco se ha preocupado por sacudir al sistema en áreas tan urgentes como la justicia, concentrado en proyectos caprichosos y en alimentar a diario el rencor contra quienes llama, a diestra y siniestra, conservadores. Frente a ello, la alianza opositora -Movimiento Ciudadano se empeña en jugar aparte- no posee una narrativa capaz de contrastar la sibilina retórica del Presidente. Como si no fueran corresponsables del desastre que vivimos, confían en que los desatinos de su adversario los devuelvan al poder y a la soez defensa de sus privilegios, sin comprender que buena parte de esos treinta millones que no los votaron continúan detestándolos, y con razón.

El gobierno de AMLO se encamina hacia otra decepción mayúscula, con enormes costos para México: por desgracia, frente a él y Morena no hay nada ni nadie. Y esa no es culpa suya, sino de estos dos partidos, PAN y PRI, absolutamente incapaces de ser otros.

@jvolpi

 

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