Tsunami (crisis en el sector salud)

El gremio de prestadores de servicios de salud está cada día más atento y participativo, pues ha sido ignorado, lastimado y vilipendiado y cada día será más frecuente que se exhiba públicamente a las figuras que se perciben a sí mismos como colosos, tótems impasibles e invulnerables como son las "autoridades" sanitarias.

viernes, 20 de mayo de 2022 · 00:00

La palabra Tsunami, de origen japonés, se refiere a un desplazamiento de monumentales masas de agua, originado por eventos extraordinarios como son erupciones volcánicas, terremotos, impactos de meteoritos, detonaciones submarinas, deslizamientos de terreno, glaciares desprendidos, entre otros. Cuando se presentan y afectan sitios con asentamientos humanos, son causantes de destrucción y muerte.

Si bien sus mecanismos generadores son de carácter imprevisible, hay algunos signos o atisbos de premonición que pueden dar cierto margen de maniobra (muy pequeño en la mayoría de los casos) pero que pueden actuar como salvaguarda de la mayor cantidad de vidas posible, basados en la monitorización continua y la emisión de alertas.

Pues bien, podemos utilizar este concepto como una alegoría a la realidad de los servicios de salud, en donde una hecatombe, la pandemia por COVID-19, generó una serie de eventos, movimientos y circunstancias extraordinarias que ahora se manifiestan con el poder cataclísmico de un maremoto o tsunami, en donde gran parte de las olas destructoras tienen el sello del desabasto.

Con la humildad de rigor que corresponde, en esta columna se hicieron comentarios con respecto a la afectación de cadenas de suministro, interrupción de los mecanismos de abastecimiento, desorden y colapso de multitud de sectores en el sistema sanitario, desafíos con respecto a la "reapertura" o "des-reconversión" de unidades hospitalarias para la atención a padecimientos en espera durante la pandemia por SARS-CoV-2 y el reto que esto implicaba por la sobrecarga asistencial "post-pandemia" y lo mismo se expresó en multitud de medios y espacios. Estas alertas, estas señales y estos mensajes, no tuvieron a bien llegar a aquellos que se ostentan como garantes de la prestación de servicios asistenciales en salud y si llegaron, es notorio que no existió la capacidad de atenderlos, interiorizarlos y actuar en consecuencia.

Hoy en día, a nivel local, regional y nacional, son comunes el malestar, impotencia, desazón, enojo y retaliación incluso de los prestadores de servicios de salud, ante una realidad que a todas luces es amenazante: la incapacidad de realizar de manera cabal las labores asistenciales en salud, por la falta de materiales, insumos, tecnología y recursos humanos, que redunda en una pésima prestación de servicios, con el consiguiente aumento de morbilidad y muerte. De la misma manera, existe esa sensación de abandono y desesperanza por la impasividad de las autoridades sanitarias en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de la salud y por la ausencia total de un camino, línea, política o idea siquiera de a dónde vamos cómo nación en lo referente a salud poblacional.

Si bien la pandemia por COVID-19 dejó poco margen de maniobra y la magnitud de sus consecuencias es todavía desconocida, es innegable que hubo tiempo y oportunidad para que se planearan y diseñaran mecanismos de contención y respuesta por parte de aquellos que se dicen expertos y que lideran las instituciones de salud. Sin embargo, la atención fue puesta en la resolución de problemas cretinos, participando en polémicas estériles, en generar directrices ilógicas y a veces locuaces, en diseñar procesos redundantes e improductivos y en mantener, como dicen por ahí, "el puesto".

El gremio de prestadores de servicios de salud está cada día más atento y participativo, pues ha sido ignorado, lastimado y vilipendiado y cada día será más frecuente que se exhiba públicamente a las figuras que se perciben a sí mismos como colosos, tótems impasibles e invulnerables como son las "autoridades" sanitarias, y se exponga su falta de capacidad, su impericia, imprudencia y negligencia, carencia de ética e incluso malevolencia y los muestren como lo que realmente son: pequeños, patéticos y lastimeros. Colegas: es tiempo de estar alertas, de ser participativos como trabajadores de la salud, aportando lo que es necesario y reclamando lo que es justo.

Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor de especialidad y promotor de la donación altruista de sangre