México ante la inminente recesión mundial

El Diccionario de la Lengua Española nos dice que la palabra recesión es la acción y el efecto de retirarse o retroceder y, en el tema económico, significa una "depresión" de las actividades económicas en general "que tiende a ser pasajera".

sábado, 25 de junio de 2022 · 00:00

A los hechos de violencia e inseguridad en nuestro país, los problemas por el agua, la energía eléctrica y el gas, se agrega la amenaza por la inminente recesión económica internacional para 2023.

El Diccionario de la Lengua Española nos dice que la palabra recesión es la acción y el efecto de retirarse o retroceder y, en el tema económico, significa una "depresión" de las actividades económicas en general "que tiende a ser pasajera".

Sin embargo, la Gran Depresión mundial de 1929 se prolongó hasta finales de los años 30, y son clásicas las fotos, en Estados Unidos, de largas filas de personas no esperando un empleo sino para recibir comida.

Lo que dejó de experiencia aquella crisis mundial es que algunas naciones supieron aprovechar para generar insumos y alimentos, mientras que otras se quedaron pasmadas y sufrieron más.

Por ejemplo, el incremento en los precios del petróleo a nivel internacional ha generado ganancias a México que han servido para que se distribuya en las entidades, pero debe servir para seguir subsidiando los combustibles.

Si no se estuvieran subsidiando el diésel, el gas y las gasolinas, en este momento nuestra expectativa de inflación no sería del 7.7%, sino que es mejor no pensar en qué proporción mayor, sería más grave.

Se ha visto que la transportación de productos en nuestro mundo globalizado es de vital importancia, la pandemia de coronavirus nos lo demostró con los miles de embarques varados en puertos y aeropuertos de todo el orbe.

Cuando incrementan los precios de los combustibles, en cadena todo sube y el afectado de principio a fin es el consumidor, el ciudadano a quien se le indexan los costos en general.

En México, no salimos de una noticia de violencia cuando entramos a otra y lo mejor no es acostumbrarse sino reflexionar de qué manera se podrá salir de esta crisis, que se junta con otras como en Nuevo León por la escasez de agua o en otros estados por fallas en la energía eléctrica, como en el sureste.

En Monterrey (y sus zonas conurbadas) se ha tenido una afectación en el 40% de la población, una porque las presas bajaron su nivel por la falta de lluvia, dos por la falla de un gran ducto que conecta con la presa El Cuchillo, y tres, por una falta de previsión principalmente de los gobiernos.

La realidad supera a la ficción, porque vemos personas peleando por el surtido del agua, manifestaciones públicas, paros laborales escalonados, negocios y hoteles cerrados porque no hay agua para brindarles a los clientes.

Todo eso se ha acumulado al clima, con el incremento en las temperaturas visibles en muchas zonas de la República, como incluso en León, según lo investigó y publicó el periódico AM.

En Yucatán, que fue el principal afectado por una falla "humana" en el suministro de electricidad, afectó al 60% de la población y un poco a otras dos entidades más.

Quienes hemos estado en Mérida, por ejemplo, o quienes ahí viven, saben que la falta de electricidad es la muerte por el calor, cuando no puedes prender el aire acondicionado o de perdis un ventilador.

Esa situación solo permitió recordar que en otros años se han tenido problemas similares por la falta de gas para la generación de la energía, lo cual provoca luego suspensión en el suministro de agua potable, y vemos que todo es una cadenita.

Cuando veamos a nuestro vecino cortar sus barbas, hay que poner las nuestras a remojar. Todo lo que ocurra en el mundo, México debe de tomarlo como ejemplo para prevenir y paliar en todo lo posible.

Cuando veamos incidentes, de todo tipo, en otras entidades, Guanajuato y León debemos de registrarlo y de inmediato establecer estrategias para prever que no nos pase lo mismo, e incluso adelantarnos a tener una solución preparada.

Debemos crear una agenda en temas cruciales y neurálgicos y son: seguridad pública, agua, energía eléctrica, alimentos, transporte y distribución. Una frase trillada pero vigente es: más vale prevenir que lamentar.

 

 

 

 

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