Perspectiva

La huida de Alito

Alejandro Moreno, alias Alito, de Campeche fue grabado por Layda Sansores o algún espía gubernamental, en sus conversaciones impúdicas donde habla como un traficante de influencias y lavado de dinero.
jueves, 7 de julio de 2022 · 06:01

El sexenio de Enrique Peña Nieto fue un muestrario de gobernadores corruptos, de todos los colores. El caso más escandaloso fue el de Javier Duarte de Veracruz. Según reportes de la época el señor desvió, por lo menos, unos 3 mil millones de pesos del erario. 

Casas en Houston, mansiones en la CDMX, ranchos equinos de cientos de hectáreas y dinero, mucho dinero lavado. 

Peña Nieto tomó cartas en el asunto hasta que los escándalos no pudieron ocultarse. Lo mismo pasó con César Duarte, de Chihuahua, quien presuntamente dispuso del erario para comprar enormes cantidades de tierra. Fue extraditado desde Estados Unidos y será juzgado después de comprobarse la desviación de fondos públicos para las campañas del PRI. 

Roberto Borge es otra joya de la corona de corruptelas peñistas. El Gobernador de Quintana Roo compró tierras patrimonio del estado a nombre de sus familiares por un valor meramente simbólico. Al tipo se le botó la canica creyendo que nadie lo iba a notar o que su amigo, el presidente Peña lo protegería. Hoy cumple sentencia. 

Manuel Velasco, de Chiapas y  quien es cercano al presidente López Obrador, desvió dinero para campañas electorales a través de David León, operador político que repartía sobres con dinero y lo videograba como arma política que luego fue usada contra el Presidente.   

Jaime Rodríguez, el Bronco, quien ganó la elección de Nuevo León como candidato independiente con la promesa de combatir la corrupción, está en la cárcel acusado de desviar recursos para su fallida campaña presidencial. 

Alejandro Moreno, alias Alito, de Campeche fue grabado por Layda Sansores o algún espía gubernamental, en sus conversaciones impúdicas donde habla como un traficante de influencias y lavado de dinero. El presidente del PRI quedó al descubierto después de que sus propiedades fueran expuestas luego de un cateo. Su forma de vida no corresponde a sus declaraciones y por tanto debería ser llevado a juicio de inmediato. 

Cada martes, Layda lo hace pomada en un proceso que más parece de tortura que una denuncia ante el ministerio público; un show que presumen tendrá 60 horas de conversaciones grabadas. A la Gobernadora de Campeche, que proviene de una familia priísta, le conviene hacerlo trizas antes de cumplir con la ley. 

Los priístas no saben cómo quitárselo de encima antes de que termine de sepultar al ex partidazo. Los ex presidentes del partido le piden que se vaya, los gobernadores que quedan del PRI exigen su renuncia. Deberían pedir que lo llevaran a la cárcel después de  su ostentoso enriquecimiento inexplicable. 

Lo extraño es que el espíritu justiciero del gobierno no llegue al jefe de la ex mafia en el poder. Peña Nieto se la pasa bomba en España con un halo protector más fuerte que el de los coches de Fórmula Uno. 

Si los influyentes y combativos priístas no arreglan pronto la salida de Alito, tendrían que echarlo por la fuerza. Tres o cuatro grabaciones más y quedará en los puros huesos. Imposible que alguna institución política internacional tome en cuenta sus llantos de presunta víctima de persecución. Su credibilidad está bajo cero, lo más probable es que huya. No tiene otra alternativa. Fue a Suiza a denunciar el ataque a sus derechos humanos. Esa patraña no se la creerán los eurodiputados, el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, ni siquiera sus aliados en el PRI lo pueden ayudar, está caput. No hay forma de hacerlo. 

Prometió regresar la semana que viene. Veremos.